Un cometa caído del Sol

¿Qué esta pasando?

10 días desde la caída.

4:28 PM, Lunes 20, agosto del 2192

Cameron no paraba de dar vueltas por el salón, Myaló lo observó en silencio, sentado en el sofá con una pierna encima de la otra, con esa cara de cachorrito inocente siendo regañado por su dueño.

¿Cómo era eso de que él nunca se fue? Cameron lo buscó por todos lados e incluso lo reportó desaparecido, se sentia al punto de volverse loco. Cameron volteó su mirada al rucio, quien estaba confundido por la reacción de él.

—Myaló, dime la verdad, ¿dónde estabas? —Gruñó Cameron, pero Myaló ladeó la cabeza al lado.

—Ya lo dije, me quedé aquí...

—¿¡Entonces por qué no aparecías cuando te llamaba!? —Gritó Cameron, poniendo las manos en los hombros de Myaló y sacudiendolo, como si tratara de hacerlo recordar el fin de semana más largo en toda su vida. —¡Te busqué por todos lados! ¡ya pensaba en tomar un barco y buscarte en el mar! ¿¡y tú vienes y me dices que siempre estuviste aquí!?

El silencio fue lo único que había en el salón después del desahogo de Cameron, Myaló tragó saliva nervioso antes de clavar su mirada al suelo.

—Es verdad... pero me la pase durmiendo...

—¿En donde? —Ese tono cortante de Cameron podía poner de nervios a cualquiera, pero Myaló no lo había escuchado nunca hacía él.

—... En tu cama, es cómoda... —Cameron frunció el ceño ante esa respuesta, sin decir nada, él fue a su dormitorio a ver si estaba desordenado; no estaba cómo él lo había dejado en la mañana, estaba arrugado y el desorden de sabanas era como si alguien hubiera dormido allí de verdad.

Cameron volvió con la cabeza dando vueltas, desplomandose en el sofa al lado de Myaló, quien se acercó con cuidado.

—... Se siente raro, —Cameron soltó una risa seca, frotándose las sienes con sus manos mientras miraba la televisión apagada en la pared.— no estabas y me volví loco, no soy alguien que pierde el control así...

—¿Te acostumbraste a mi?... —Inseguro, Myaló apoyó su mano en el antebrazo de Cameron, quien solo se limitó a observar la mano.

—Me preocupé, tú aún no recuerdas nada, eres un pollito perdido, ¿cómo no me voy a preocupar? —El rucio soltó una pequeña risita a su comparación.— De todos modos... ¿nadie vino?

—¿A qué te refieres?

—No se, como un hombre de pelo azul con ojos grises... —Murmuró Cameron, con un suspiro, él sacó su billetera del bolsillo de su abrigo, sacando la foto de Myaló que él había guardado.— Me encontré con un hombre así el sábado, me preguntó si yo te conocia, ¿no te suena?

Myaló se quedó en blanco, Cameron podía ver como los engranajes del rucio trabajaban para excavar en las memorias tan borrosas. Después de un rato, él vió como los ojos de Myaló brillaron aún más.

—... ¿Zényos? —El rucio cuchicheó, Cameron arqueó una ceja.

—¿Lo conoces?

—No se, pero parece ser alguien que podría llamarse Zényos. —Myaló se encogió entre hombros, pero Cameron se quedo perplejo, mirando sin ver al suelo. El rucio sacudió su mano frente a su cara, haciendo que él reaccione después de un rato.

—Perdón... —Cameron susurró, soltando un suspiro y sus hombros cayeron.— Pero... ¿cómo puedes saber su nombre si no lo recuerdas?

—Quizás él era un hombre importante... —Cameron entrecerró los ojos antes de asentir, Myaló de mantuvo callado. Sin aviso, él abrazó débilmente al rucio, enterrando su cara en su hombro e inhaló el aroma de vainilla y el olor único del chico.

El silencio volvió a reinar el salón nuevamente, esta vez tan calido como el abrazo, lo único que se podía escuchar en ese momento era el sonido leve de las olas en la costa.

—Senti que me volvía loco cuando no estabas...

—Nunca me fui...

—Pero nunca te ví, —Respondió Cameron, soltando otro suspiro más largo, apretando su abrazo y esta vez, apoyó su barbilla en el pelo de Myaló. —No se que había pasado, era como si no hubiera podido pensar bien...

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El pelinegro estaba mirando el exterior desde el templo, la luz eterna entraba sin permiso por las enormes ventanas de vidrio, él estaba jugando con su largo cabello mientras observaba, esperando a alguien.

—Lo encontre, señor, —Con una reverencia anunció el peliazul, entrando a la lujosa habitación después de tocar suavemente la puerta.— un humano lo conoce, están en Canadá, en la Playa Wasaga para ser exacto.

El pelinegro apartó la vista de la ventana pulida y se dió media vuelta, poniendo su atención en el peliazul.

—Zényos,

—Digame señor.

—¿Hablaste con Myaló?

—No señor, hable con el humano, al parecer él es quién esta cuidando de Myaló, parece buena gente.

El pelinegro entrecerró los ojos antes de asentir, fue a una de las mesas de cristal iónico y tomó una gema de color ámbar, la luz bailaba en las profundidades de esta y parecía contener miles de secretos en su núcleo.

—Te quedarás con ésto para volver a la Tierra, con esto no afectará tu partida al planeta, cuando encuentres a Myaló y te reconozca, partela por la mitad y dale una parte a él. —Explicó el pelinegro, Zényos se encogió incómodo en su lugar antes de tomar la gema con extremo cuidado.

—Myaló no me debe recordar...

—Lo se, pero conociéndolo, él sera muy incrédulo con esto; por eso tendrás que hacerte su amigo, gánate la confianza de ese humano también si lo necesitas. —El peliazul asintió a la orden, guardando la gema ámbar en su bolsillo y dirigiéndose a las grandes puertas del templo.

Todo se volvió borroso nuevamente.

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Myaló se despertó agitado después de eso, él estaba en el sillón aún, con la cabeza apoyada cómodamente en el hombro de Cameron, quien ahora estaba escribiendo algo en su libreta. Myaló sacudió un poco a Cameron, haciendo que este lo mire.




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