Un cometa caído del Sol

Un encuentro raro

14 días desde la caída.

8:20 AM, Viernes 24, agosto del 2192

—No le abras a nadie. —Myaló asintió ante la advertencia de Cameron.

—Lo sé...

—No te escondas cuando yo llegue. —El rucio frunció el ceño ante esa otra advertencia y soltó un bufido, dándole una gran mordida a su pan con huevo.

—Dije que no me escondía... —Dijo Myaló mientras masticaba, a pesar de lo que habían hablado ese día, Cameron quería creer que Myaló se había escondido, era la explicación más lógica que él podía pensar.

—Pero igual, por si acaso, —Con eso, Cameron tomo sus llaves del auto, Myaló dejo de comer su pan cuando Cameron abrió la puerta para salir.

—... ¿De verdad tienes que ir? —Myaló murmuró, Cameron paro en seco ante el tono.

—Es mi trabajo, no puedo faltar–

—¿Podemos ir al mar después? —Cameron alzó las cejas ante las palabras del rucio, quien tenía su atención pegada a él, pero finalmente Cameron asintió, sus labios curvandose hacía arriba en una sonrisa gentil.

—Claro, —Él se acercó a Myaló y le revolvió el pelo, haciendo que el rucio suelte una pequeña risita.— no veo por que no.

Con eso, Cameron volvió a alejarse y caminó hacia la puerta nuevamente, cerrando suavemente detrás de él. El Sol parecía brillar más de lo habitual en la hora de la madrugada, ya había vuelto a lo que era "normal", como si la desaparición de Myaló hubiera afectado de alguna manera al Sol.

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El día paso sin pena ni gloria para Cameron, era caótico pero nada que no se podía manejar, hubieron muchas peleas por parte de los alumnos, cada día parecían estar más irritables, tanto que hoy Cameron perdió la paciencia y le gritó a los alumnos con una rabia nada común en él. Cada hora agonizante que pasaba en la escuela, Cameron podía sentir su cerebro arder, como si solo estar en el mundo exterior le hiciera doler la cabeza y nublara su mente.

Cuando finalmente eran las 3:25 PM, Cameron salió al instante del colegio con el cuerpo tan rígido como el de las máquinas de la ciudad. Caminó hacía su auto con la mirada fija al suelo, su mano agarraba su maletín con más fuerza de la necesaria.

—¡Disculpe señor! —Un hombre dijo al chocar sin querer contra Cameron, cuando este iba a maldecir, vio la apariencia del hombre; peliazul con ojos raros.

—¿Zényos? —Cameron jadeó cuando vió al chico, el peliazul abrió los ojos de par en par al escucharlo.

—¿Cómo tú–

—Eso no es importante, tenemos que hablar. —Con eso, su mano libre agarró el hombro del chico con más fuerza de la necesaria y lo arrastró cerca de su auto, para su sorpresa, el peliazul no luchó.

Cuando llegaron al auto, Cameron miró a ambos lados para asegurarse de que nadie los escuchara en el oscuro estacionamiento.

—¿Qué quieres de Myaló? —Fue lo primero que él gruñó, el peliazul simplemente sonrió, su sonrisa no llegaba a sus ojos mientras él se apoyaba contra el auto de Cameron.

—Es mi amigo, somos casi como hermanos, él no me recuerda, ¿verdad?

—Cuando le conte de ti, parecía reconocerte. —Ante esas palabras, él contrario abrió los ojos de par en par y esta vez, sonrió de verdad.

—Eso es un alivio, me ahorrare el tiempo de hacernos amigos...

—¿Y quién dijo que te dejaría verlo? —Cameron espetó, el peliazul levantó una ceja.— Quiero decir... aún no te conozco, no puedo dejarte verlo si no se quién eres, ¿entiendes?

—Entiendo... —El peliazul soltó un suspiro antes de extender su mano.— Me llamo Zényos, amigo de Myaló antes de su caída.

Cameron tensó la mandíbula antes de finalmente estrechar la mano.— Soy Cameron Miller... —él chasqueó la lengua antes de inclinarse un poco hacía el peliazul, analizando meticulosamente cada rasgo del contrario, viendo si él podía reconocer si él era de algún otro planeta que no fuera la Tierra.— ¿de donde eres?

—No puedo decírtelo, por tu propio bien,

—Eso no responde a mi pregunta ¡maldita sea! —Zényos rechinó los dientes antes de forzarse a sonreír ante ese pequeño arrebato.

—Créeme; mientras menos sepamos del otro, mejor. —El peliazul sacó del bolsillo su celular, parecía ser una reliquia, cerca de los años 2000.— Mi número es este, háblame cuando llegues a tu cabaña, háblale a Myaló sobre mi, ¿esta bien?

Cameron dudó un poco antes de sacar su propio celular y guardar el número que aparecía.— Como sea. —Ambos hombres se quedaron callado por un largo momento que parecía pesarles en los hombros, el estacionamiento parecía hacerse más oscuro con cada segundo que pasaba.

—¿Cómo está Myaló? ¿no quedó herido después de la caída?

—No, él esta bien... —Cameron se calló después de un momento antes de preguntar algo que lleva en su mente hace tiempo.— ¿Por qué él cayó al mar? ¿y por que él perdió toda la memoria?

Zényos miró a ambos lados nuevamente, asegurándose que nadie los estaba escuchando antes de responder.

—Por un accidente y en la caída, se borraron los recuerdos.

—Pero el golpe parece debería haber causado un traumatismo cerebral o algo, pero cuando lo encontre, él estaba sano... —Zényos se quedó en silencio antes de suspirar y empezar a alejarse.

—Nunca dije que el golpe contra el mar podía ser la causa, —el peliazul volteó un poco la cabeza antes de posar sus ojos plateados en Cameron nuevamente.— como ya te dije; mientras menos sepamos del otro, mejor. Solo tienes que darme a Myaló y todo volverá a la normalidad, le puedo devolver sus recuerdos incluso.

—No te daré a Myaló, aún no se si quiera si eres honesto o estás hablando estupideces.

—Da igual si me crees o no, no cambiará el hecho de que yo sea amigo de Myaló. —Zényos empezó a caminar a la salida del estacionamiento, dejando a Cameron con una opresión en el pecho junto a los autos sin vida.

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El viaje a su cabaña fue silencioso, lo único que se podía escuchar era el motor del auto y alguna que otra bocina en las calles de tierra, él ya se había acostumbrado al aroma único de Myaló, por lo que el aromatizante de vainilla que colgaba en el espejo lo había botado, ahora sin el rucio, olia a playa por las ventanas bajadas.




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