23 días desde la caída.
6:12 PM, Domingo 2, septiembre del 2192
Casi había pasado un mes desde la caída de Myaló, quien ya estaba bastante cómodo viviendo con Cameron e incluso empezó a ayudar en la casa. Sin embargo, Cameron había estado notando cambios en su mundo; sentía como un tirón hacia el rucio, como el canto de una sirena.
Cameron se estaba arrepintiendo de mencionarle a Myaló sobre Zényos: Myaló no paraba de insistir, y a pesar de esto, Cameron seguía retrasando el encuentro, no porque no confiara en Myaló, era porque Zényos le daba mala espina, y la idea de que ese peliazul le haga algo a su rucio le ponía los pelos de punta.
A pesar del retraso, Myaló siguió conviviendo al lado de Cameron, ya aprendió hablar como una persona de su edad (Cameron cree que Myaló está en sus 20), sin embargo, no paraba de hacer preguntas sobre Zényos, cosa que ponía a Cameron de los nervios.
—Cameron... ¿cuando puedo-
—Cuando yo tenga libre. —Dijo Cameron rápidamente, sin dejar a Myaló terminar, ambos estaban mirando la televisión en el salón, era una película que había visto cientos de veces, pero se sentía como si fuera la primera vez con Myaló.
—Hoy tenías libre... —Cameron maldijo bajo su aliento ante la respuesta del rubio, aunque él quería negarlo, era domingo.
Cameron miró su celular en la mesa de café, aunque él no quería, él no podía negarle a Myaló el derecho de saber quién es, incluso si eso significaba hablar con una persona para nada confiable. Por lo que, con un suspiro agotado, Cameron tomó su celular y buscó el número de Zényos.
"Soy Cameron, cuando podemos vernos?" Fue todo lo que él escribió, cuando le presionó enviar, notó como el peliazul contestó de inmediato.
"Puede ser ahora? cuanto antes, mejor :)" Cameron dirigió su atención al rubio, quien estaba disfrutando la película con ojos brillantes.
—Myaló... ¿qué te parece si vemos a Zényos ahora? —El rucio se volteó inmediatamente hacia Cameron, con una sonrisa que hizo que la expresión de Cameron se suavice.
—¡Sí! ¡sí quiero! —Myaló chilló, a lo que Cameron no pudo evitar sonreír con él y finalmente, le respondió a Zényos.
"Él dijo que sí, juntémonos en la cafetería de los Parker, esa cerca de la playa, no llegues tarde." Con eso, Cameron se levantó del sofá, estirándose perezosamente antes de mirar a Myaló.
—Venga Myaló, nos vamos. —Ante esas palabras, Myaló se levantó de inmediato y se alisó la ropa, que era de Cameron.
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Por suerte, la cafetería estaba solitaria, solo él y Myaló estaban allí. Myaló estaba comiendo un pan dulce, Cameron se pidió un café negro. La cafetería era poco concurrida a esa hora, la gente y turistas preferían estar en la playa o directamente disfrutando de atracciones, por lo que a parte del dúo, la compañía era nula.
No pasó mucho cuando Zényos llegó, cuando sonó la campanilla de la puerta cristalizada, Myaló abrió los ojos de par en par al verlo.
—Soñé contigo... —Fue lo primero que el rucio dijo, a lo que ambos hombres levantaron las cejas, pero antes que Cameron diga algo, el peliazul rió y se acercó al rubio.
—¿En serio? que lindo. —Con eso, Zényos se sentó al lado de Myaló, Cameron entrecerró los ojos y se quedó al lado contrario del rucio, reposando su mano en el hombro de Myaló, con su cuerpo rígido.
Zényos miró a Cameron por un momento antes de hacer una sonrisa seca.
—Quiero hablar con Myaló... a solas. —Cameron abrió los ojos de par en par, apretando el agarre en el hombro del rubio.
—Ni loco lo dejo solo contigo, aún no se que quieres de él. —Replicó Cameron, Myaló desvió sus ojos hacía Cameron antes de soltar un suspiro, jugueteando con sus dedos.
—... Estaré bien, —El rubio murmuró, con una sonrisa tratando de calmar a Cameron.— él parece buena gente.
Cameron no tuvo más opción que soltar el hombro de Myaló, con una mirada de advertencia hacia el peliazul, él salió de la cafetería, el tintineo de la campanilla le puso la piel de gallina.
Afuera, Cameron no paraba de dar vueltas en el pavimento, él estaba asomándose por la puerta cristalizada para ver si había peligro, pero ambos estaban hablando sobre algo que Cameron no podía escuchar.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Zényos pareció pasarle una especie de piedra a Myaló antes de levantarse y salir. Cuando Cameron entró, estaba su rucio mirando la piedra, parecía ser un ámbar precioso partido por la mitad y su color era similar a los ojos de Myaló.
—... ¿Qué es eso? —Myaló se encogió entre hombros antes de darle una mordida a su pan dulce. Cameron con cuidado agarró la piedra en sus manos.
—Él me dijo que nunca la perdiera... —Ante esto, Cameron rechinó los dientes y apretó su agarre en la piedra, la cual parecía que su brillo estaba palpitando.
—... ¿No te dijo que era?
—No... —Murmuró el rucio, Cameron jugueteó la piedra por unos momentos antes de guardarse la piedra en el bolsillo. Myaló solo lo miró antes de sonreír, dándole una última mordida a su pan.
—Vámonos a nuestra casa, quiero dormir. —A Cameron se le quedó la respiración en la garganta por esas palabras, pero asintió y tomo la mano del rucio, la cual parecía ser más cálida que de costumbre y pidió la cuenta.