Un cometa caído del Sol

Solo una pregunta, ¿por qué?

24 días desde la caída.

3:25 PM, Lunes 3, septiembre del 2192.

Esa piedra no salía de la cabeza de Cameron.

Incluso con los niños cada vez más insoportables, el encuentro con Zényos seguía plasmado en su mente agotada. Cameron no paraba de analizar esa piedra que le dio a Myaló, la buscó durante toda la mañana e incluso preguntó en todas las páginas de geología, pero ninguna parecía reconocerla, la palpitación de la piedra había parado ahora que estaba lejos del rucio y con cada segundo, parecía perder su brillo.

En vez de volver a su cabaña con Myaló, Cameron prendió su auto y condució hacia la playa, la piedra aún estaba fuertemente apretada en su mano con un agarre torpe. Cuando llegó y apagó el motor, salió de su auto con un portazo, caminando hacia la orilla.

El brillo de la piedra parecía haberse extinguido completamente de esta, como si algún poder sobrenatural que hubiera tenido se hubiera ido. Ahora parecía un simple cuarzo partido por la mitad. Encogiéndose entre hombros, Cameron le dio un apretón a la piedra antes de tirarla al mar, dio cinco grandes saltos antes de sumergirse.

Él la vio rebotar y finalmente sumergirse, sus ojos cayeron hacia sus manos, viendo como algunos picadillos de la piedra quedaron en su mano, él se sacudió las manos y volvió a su auto, dispuesto a olvidarse de esa cosa.

En el camino de regreso a la cabaña, un beep de su celular cortó la música de la radio, era una llamada de uno de sus compañeros, el profesor de lenguaje, un hombre unos años más joven que él.

—Dime. —Gruñó Cameron al contestar el celular, su mano aún estaba sujetando el volante, él escuchó algo similar a sirenas de policía por la llamada.

—Cameron, ¡¿dónde estás?! ¡te necesitan aquí! —Cameron soltó un suspiro antes de apagar la radio del auto.

—¿Qué pasó?

—¿Te acuerdas de esa super misteriosa droga?... encontraron a uno de los niños con esta.—Cameron aplastó el freno del auto al escuchar esas palabras y prendió su celular, fijándose dos veces que de verdad era el profesor de lenguaje y no una llamada de broma, cuando vio que era verdadera, Cameron se estacionó en la esquina del pavimento.

—Espera... ¿qué? —Fue lo único que Cameron murmuró, esta vez, puso la llamada en altavoz.

—¡No me hagas repetirlo! ¡ven aquí rápido! el jefe quiere hablar con todos.—Cameron tragó saliva antes de volver a pisar el acelerador y conducir hacia la escuela nuevamente. Condujo como loco, saltándose todos los semáforos y casi chocando con una esquina de la prisa, ni siquiera dejó al profesor explicar porque Cameron colgó apenas la línea se quedó callada.

Cuando volvió a la escuela, vio a una ambulancia vacía pero aún con la sirena sonando a todo volumen en la entrada principal, había policias y muchos niños con sus celulares grabando lo que pasaba, Cameron tragó nervioso antes de pasar, casi corriendo a su salón.

Al llegar, vió a unos oficiales interrogar a unos padres y uno de sus niños estaba con los psicólogos de la escuela, era el niño más tranquilo de su curso; un pequeño que se llamaba Arthur.

Sin aviso, el profesor de lenguaje apareció al lado de Cameron, más calmado de lo que se le escuchó en la llamada.

—Sí... Arthur fue, encontraron más de dos kilos de esa cosa en su mochila...

—¿Más de dos kilos? ¿y por qué? —El profesor solo se encogió entre hombros, Cameron se acercó a la policía para saber que estaba pasando, era imposible que ese niño hubiera hecho algo así.

—El profesor de lenguaje vio a Arthur vender un sobre de esta droga a otro niño, cuando le revisaron la mochila, encontraron como unos dos kilos y nos llamaron. —Fue toda la explicación del policía, algo que no calmó a Cameron en absoluto.

La tarde paso insoportablemente lenta, Cameron se quedó sentado en una banca esperando a que empiece la reunión de docentes, ni siquiera vio lo que pasó después, solo se quedó mirando su celular.

Cuando empezó la reunión, fue la típica que ponía de los nervios a Cameron.

—¿Qué porquería es esta? ¡Es lo mismo que nos hacen repasar cada año! —Cameron espetó, incluso el director se quedó en silencio.— A ver, es sencillo: si las medidas de seguridad actuales no funcionan, hay que hacer nuevas, esta escuela no es un tráfico de drogas.

Hubo un silencio escalofriante en la sala, la profesora de ciencias, quien estaba al lado de él, le tiró discretamente la manga de su camisa para que se calle.

—No es tan sencillo como eso, Cameron-

—La seguridad es lo primero, ¿acaso te pagan por ser imprudente?

—... Cameron, cálmate...—Dijo la profesora de ciencias, pero Cameron solo la miró de reojo.

—No me voy a calmar, no quiero estar todas las semanas en estas reuniones porque algún chico se le ocurrio hacer dinero vendiendo drogas en la escuela, ¡mínimo una revisión de mochilas sorpresa! ¡o cámaras! ¿¡qué se yo!?

—¡Cameron! ¡cállate y siéntate! ¡eres peor que un niño de primer año! —Respondió el director, todos se quedaron callados como niños viendo pelear a sus padres.

—¡Es porque me preocupan aunque no lo parezca! ¡por eso quiero que hagan algo!

—Tiene que ser a fin de año los cambios en el reglamento escolar, ahora sientate o te vas de la reunión. —Cameron se quedó en silencio ante esas palabras, pero soltó una risa seca antes de cerrar su silla.

—Me voy, pero de la escuela,—Los demás docentes se quedaron callados, algo que hizo perder los estribos a Cameron.

—Renuncio. —Con eso, Cameron salió dando un portazo a la puerta de la sala, dejando a todos paralizados en la reunión, habían visto a Cameron enojado, pero nunca de esa forma.

Cameron caminó hacia su auto, estacionado donde siempre, la policía ya se había ido con el Sol, era de noche pero sin ninguna estrella visible.

—Joder... ¿qué mierda hice? —Fue todo lo que él murmuró después de salir de la escuela, lo había dicho sin pensar, y aunque el pudiera volver a rogar por perdón, ya nada sería lo mismo. Por lo que, en vez de confiado ahora dudoso, empezó a caminar hacia el estacionamiento.




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