25 días desde la caída.
7:00 AM, Martes 4, septiembre del 2192.
A pesar de lo que había pasado, Cameron durmió mejor que nunca, es la primera vez en mucho tiempo que él había dormido durante toda la noche. Myaló aún estaba durmiendo a su lado, quien estaba atrapado por el abrazo aún firme de Cameron.
El rucio era como la almohada perfecta; inmóvil, silencioso, vista linda, pelo suave y no molesto en la cara, básicamente un peluche andante. Su pelo rubio parecía ser tan esponjoso que es la primera vez que Cameron se dejó llevar por la sensación.
De repente, un sonido continuo penetró el tranquilo silencio de la mañana, provenía de su abrigo: su alarma, el beep era insoportable, por lo que con un movimiento brusco, él se levantó y silenció el celular antes de que se repitiera en bucle el ruido, el movimiento hizo que el rucio murmurara algo antes de soltar un largo bostezo y abrir esos hipnotizantes ojos ámbar que nunca fallaban de llamar la atención de Cameron.
—... Hola. —Fue todo lo que Myaló murmuró, sin embargo, Cameron volvió a la cama y le tapó los ojos con su mano, volviéndolo a hacerlo acostarse a su lado, como en posición de cuchara.
—Cállate y duérmete, es muy temprano... —A pesar de la orden, Myaló se dio vuelta para ver a Cameron nuevamente, su pelo se revolvió por toda la almohada.
—Según tu celular es hora de que vayas a trabajar. —Cameron soltó un suspiro molesto ante esas palabras, aunque no lo mencionó.
—... Tengo libre, eso es todo.
—¿Pero no es en sábado?
—Tengo libre cuando me lo dicen, ahora duerme. —Con eso, Cameron volvió a envolver sus brazos alrededor de Myaló, apoyando su barbilla arriba de la cabeza del rucio, quien se quedó rígido antes de relajarse, soltando un sonido similar a un ronroneo antes de cerrar los ojos.
El dormitorio quedó en un silencio armonioso nuevamente, a pesar de eso, ninguno de los dos se durmió, ambos se quedaron con los ojos cerrados, disfrutando de la paz del momento.
Cameron no sabe cuanto tiempo estuvieron así, pero llegó un momento en que el Sol estuvo en su punto más alto en el cielo, ahí fue cuando Cameron decidió incorporarse en la cama. Myaló levantó la mirada cuando sintió el movimiento.
—Tenemos que levantarnos... —Con eso, Cameron se levantó de la cama, tomó su celular y miró la hora.—... ¿las tres de la tarde?
Myaló lo observó en silencio antes de incorporarse también con movimientos torpes. Era muy tarde para cocinar, por lo que ambos almorzarían como cerca de las 4:30 PM.
—... Myaló, ¿qué te parece si vamos a comer afuera?— Él notó como los ojos del rucio brillaron y rápidamente se paró.
—¡Me gustaría! —Cameron asintió y agarró su toalla.
—Entonces me iré a bañar primero y después tú también, y vamos, sé donde vamos a ir.
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Era un restaurante con vista a la playa, de especialidades de Canadá, estaba lleno adentro, ruidoso pero no molesto. Había un ambiente rústico que era poco común en esos años.
Cameron eligió una mesa para dos al lado de la ventana, la cual era grande y las olas eran la vista principal, Myaló estaba pegado en la ventana, observando con total atención a la playa que estaba frente a él. Cameron solo tomó la carta y empezó a ver.
—Myaló, ¿te gustaría probar el poutine? —el rucio finalmente le puso atención a Cameron, ladeó la cabeza a un lado y de inmediato se le hizo agua la boca ante la imagen del platillo, esa fue señal suficiente para Cameron pedir.
—Sabes, ese es mi plato favorito, no hago en la casa porque no se si te gustaría... —Dijo Cameron de la nada, Myaló se quedó en silencio por unos momentos antes de hablar.
—... ¿Por qué llegaste tarde ayer? —Preguntó el rucio, Cameron solo se rascó la nuca incómodo.
—Por trabajo. —Fue todo lo que Cameron contestó, pero ante la mirada tan penetrante de Myaló, por lo que añadió.— ... Y porque deje mi trabajo.
Parecía que todo el restaurante se quedó en silencio ante esas palabras, ya que Cameron podía jurar que podía escuchar su propia respiración.
—Significa... ¿significa que no me dejaras solo ahora? —Una sonrisa grande se formó en los labios del rucio, Cameron parpadeó lentamente ante esa pregunta.
—¿Supongo que sí?
—¡Que bueno! ¡es aburrido estar solo en la cabaña! —Cameron levantó una ceja, pero no pudo evitar sonreír con él.
—Pero tú te la pasas durmiendo...
—¡Es diferente si tú estás! —Myaló hizo un puchero que no pudo evitar soltar una pequeña risita de Cameron.
La comida no tardó en llegar, eran dos platos abundantes de poutine, Myaló parecía haberse estado muriendo de hambre por la manera tan rápida de comer, incluso manchó un poco su camiseta (camiseta de Cameron). Cameron comió despacio, no podía evitar mirar a ratos a su rucio, el como el Sol le llegaba a la cara, sus manos que parecían tan delicadas pero ágiles, su pelo que parecía brillar por la luz, sus ojos brillantes mientras comía.
Cuando se dio cuenta, Myaló ya había terminado su plato, chupándose los dedos contento, con rastros de gravy en las comisuras de sus labios. Ahí fue cuando Cameron empezó a comer más rápido.
—... ¿Vamos a la playa? —Dijo el rucio de la nada, Cameron levantó nuevamente sus ojos del plato.
—¿Otra vez? fuimos hace solo tres días...
—¿Por favor? es lindo estar allí... —Por el tono suplicante, Cameron soltó un suspiro exasperado.
—Bien, pero no por mucho tiempo, quiero descansar. —Myaló asintió vigorosamente antes de empezar a lamer el tenedor con el que comió, a lo que como señal, Cameron empezó a comer más rápido.
No pasó mucho tiempo y Cameron fue casi arrastrado a la playa después del almuerzo, Myaló parecía conocerse ya el camino de memoria. El ánimo de Cameron se elevó al ver la sonrisa del rucio. La playa no estaba muy llena, probablemente porque en esa hora están los niños aún en el colegio.