Un contrato inconveniente

CAPÍTULO 5: Cláusulas adicionales y mentiras cada vez más sofisticadas

El contrato volvió a aparecer un jueves por la noche.
Sobre la mesa del comedor de Adriana.
Junto a dos tazas de café y una sensación incómoda de déjà vu emocional.

—Esto ya es ridículo —dijo Adriana, cruzándose de brazos.
—Lo fue desde el principio —respondió Mauricio—. Solo que ahora es… peligroso.

Habían sobrevivido al evento social.
Pero no a lo que vino después.
Pensamientos inoportunos.
Comparaciones innecesarias.
Silencios que no estaban en el acuerdo original.

—Tenemos que blindarlo —dijo Adriana.
—¿El contrato o el corazón?
—Ambos.

Mauricio tomó el papel.
Leyó.
Suspiró.

—Necesitamos anexos.

Adriana sonrió con ironía.
—Por supuesto que sí.

Sacaron otra hoja.

ANEXO I

Modificaciones al Contrato de Relación Temporal

CláusULA 8 – Lenguaje corporal
Queda prohibido el contacto físico innecesario, prolongado o excesivamente cómodo.
(Definición de “excesivamente cómodo” queda a criterio de Adriana López.)

—Eso es arbitrario —comentó Mauricio.
—Es preventivo.

CláUSULA 9 – Miradas
Se limitarán las miradas prolongadas que puedan interpretarse como intimidad emocional.
—¿Cuánto es prolongado? —preguntó él.
—Más de tres segundos.

Mauricio levantó la vista.
La miró.
Contó mentalmente.
Sonrió.

—Infracción inmediata.

Adriana apartó la mirada.

ClÁUSULA 10 – Redes sociales
Queda prohibida la publicación de fotografías que puedan generar comentarios del tipo “qué linda pareja” o “se ven enamorados”.

—Eso reduce mucho nuestras opciones —dijo Mauricio.
—Exactamente.

ClÁUSULA 11 – Celos
No se permitirán actitudes posesivas, interrogatorios encubiertos ni cambios de humor injustificados.

—¿Y si son justificados?
—Eso sería peor.

ClÁUSULA 12 – Conversaciones nocturnas
Prohibidas las charlas profundas después de las 10:00 p. m.

—¿Por qué? —preguntó Mauricio.
—Porque a esa hora la gente dice la verdad.

Él la miró en silencio.
Demasiado tiempo.

—De acuerdo —dijo finalmente.

Adriana se removió en su asiento.

ClÁUSULA 13 – Pensamientos recurrentes
Cualquiera de las partes que se descubra pensando en la otra sin motivo contractual deberá distraerse inmediatamente.

—¿Cómo? —preguntó Mauricio.
—Actividad física. Leer. Llamar a un amigo.
—¿Funciona?
—No lo sé. Nunca lo he intentado.

Terminaron de leer.

El contrato ahora parecía más largo.
Y mucho menos efectivo.

—¿Te das cuenta? —dijo Mauricio—. Estamos creando reglas para algo que ya está ocurriendo.
—No está ocurriendo nada —respondió Adriana demasiado rápido.

Silencio.

—¿Firmamos? —preguntó él.

Ella dudó.
Una fracción de segundo.
Suficiente para admitir lo evidente.

Firmó.

Mauricio hizo lo mismo.

—Listo —dijo él—. Todo bajo control.

Adriana levantó su taza.

—A la racionalidad.
—Y a las malas decisiones bien documentadas —añadió él.

Chocaron las tazas.

Ninguno mencionó que ya habían incumplido al menos cuatro cláusulas nuevas.
Ni que el contrato, lejos de protegerlos, estaba empezando a unirlos.

Y eso…
no tenía anexo posible.




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