Un corazón con la fuerza de mil

Capítulo único.

Era otra fría y oscura madrugada en el majestuoso castillo del gran reino de Guerrero el día en que nació la princesa, el reloj marco las doce de la media noche cuando la reina dio su último pujo y el grito del primer aliento del bebe llego a los oídos de su padre.

El rey John entro a toda prisa a la habitación donde la reina ya sostenía a su hija en sus brazos, era tan hermosa y pequeñita, tenía el cabello negro como la oscuridad de la noche y era brillante como las estrellas que aparecieron de pronto, su piel estaba arrugada, pero era muy suave, tan blanca que se dejaba ver rosa por su sangre en sus tiernas mejillas, y sus ojos eran tan profundos, a pesar de ser de un gris muy claro, absorbían toda la atención de cualquiera a su alrededor.

La reina Merlina extendió sus labios en una sonrisa que llego a sus ojos, cuando su esposo el rey acerco su mano al rostro de su hija y esta le abrazo el dedo índice con su pequeña manita, una lagrima resbalo por su ojo, ella era perfecta.

Después de tantos años intentando tener hijos, por fin lo habían conseguido, y en tiempos de guerra había crecido dentro del vientre de su madre, ella era su milagro, estaba sana y salva y era maravillosa.

-Su nombre será Mía – dijo su padre besando su manita – porque no importa cuánto crezca, ni a donde vaya, siempre nos va a pertenecer, a ti y a mí.

La reina asintió conforme y conmovida por su esposo, la bebe bostezo y los tres se unieron en un gran abrazo.

Ocho días después del nacimiento de la pequeña, llego un mensajero con buenos presagios, una carta en la que se daba la noticia del fin de la guerra que tanto los atormento durante los nueve meses de embrazo de la reina, ¡Qué maravilla!

Inmediatamente se mandaron abrir las ventanas y las puertas del castillo que habían sido cerradas por seguridad, y la sorpresa que se llevaron fue aún más que grata, era la primera vez en más de nueve meses que el sol adornaba el cielo y de qué manera estaba brillando, y los árboles, pastos y demás vegetación había vuelto a la vida y florecía con fuerza.

Animados los reyes decidieron hacer un festejo oficial de la llegada de la princesa, a toda prisa se hicieron los preparativos y para la mañana del día siguiente todo estuvo listo.  

Conforme dictaba la tradición, el rey asomó temprano en el balcón del castillo y alzó con orgullo a la princesa para presentarla a Dios y a su reino, entonces en el cielo sobre sus cabezas brillo con fuerza un colorido y hermoso arcoíris. El pueblo entero grito en alegría y así se dio inicio oficial al festejo en su honor.

A la gran fiesta fueron también invitados aquellos que habían participado en la guerra, muchos de ellos llegaron hasta el gran salón con presentes para la princesa y los reyes, en muestra de paz.

Pero fue el regalo de la Reina Tefania el que dejo boquiabiertos a los reyes, la hermana de la reina Merlina, una mujer de una belleza incomparable que era ciega de nacimiento y poseía secretamente el don especial de mirar a través de tu corazón. Guiada por la voz de su hermana se acercó a la pequeña Mía para tomarla en brazos y no pudo evitar decir las siguientes palabras en voz alta cuando su corazón le hablo.

-Mía no es como cualquier otra princesa, ni como cualquier otra niña – hablo la reina pasando su mano con suavidad sobre el cuerpo de la pequeña - además de ser estoy segura, asombrosamente hermosa, es la dueña del corazón más puro y fuerte que pueda existir en el mundo – el asombro de todos dio lugar ante sus palabras y sus padres sonrieron orgullosos por el elogio.

Pero no era solo un elogio, y las únicas personas en la sala que sabían lo que significaban con exactitud aquellas las palabras de la reina Tefania a parte de ella misma, eran para su mala fortuna Yezabeth y Jorge, dos ex reyes que habían caído vencidos en la guerra y ahora estaban obligados a servir a este reino.

Para asegurarse de que sus palabras fueran comprendidas la reina Tefania devolvió al bebe a los brazos de su madre y después de besar su mejilla, susurro con asombro en el oído de su hermana – El corazón de Mía tiene la fuerza de mil corazones y con ellos poderes especiales, me ha devuelto la vista por diez segundos.

La reina abrió su boca con asombro, pero no pronuncio palabra alguna a su esposo el rey o cualquier otra persona sobre el asunto, porque sabía el peligro que podía suponer para su hija si alguien más se enteraba.

Desafortunadamente Yezabeth poseía un oído tan agudo que solo le basto acercarse unos pocos pasos a la silla de la reina para poder escuchar aquella confesión. Así pues, tomo de la mano a su esposo y salió a prisa hacia su refugio secreto, porque sabía perfectamente como tomaría venganza y recuperaría el poder que había perdido.

Aquella noche, la reina Merlina conto a su esposo el rey lo sucedido entre la princesa Mía y su hermana la reina Tefania y entre los dos tomaron las medidas necesarias para cuidar con celo a la princesa Mía y protegerla de todo peligro.  

El tiempo paso y en los siguientes meses de vida la princesa Mía era capaz de sanar a quien tocara de todo tipo de amarguras, dolores y tristezas, aunque fuera temporalmente. Y aunque su madre se negaba a creer que fuera a causa suya, la vegetación del castillo jamás se había visto tan hermosa, y el cielo nunca había brillado tanto, de día con un majestuoso sol y de noche con una imponente luna.



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En el texto hay: cuento, amor, magia

Editado: 10.04.2018

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