Claire sonreía triunfal mientras terminaba el último baile antes del segundo vals.
Logró que Charles cumpliera la promesa de bailar con sus mejores amigas y se había reencontrado con el hombre que la salvó en el parque; la noche no podía marchar mejor. Solo restaba poder compartir un instante a solas con el duque, y qué mejor momento que el baile que le concedió.
Se sentía un poco acalorada, por lo que su compañero fue por bebidas luego de dejarla en compañía de Mary y Sophie Staton, ya que la siguiente pieza no se la había reservado a nadie y a ella no le incomodaba charlar con el caballero. Parecía sensato, era atractivo e inteligente, así que aceptó encantada cuando le ofreció un aperitivo.
—Lord Wigmore es un gran partido y no ha apartado su atención de ti, querida —mencionó Sophie con sinceridad al referirse al joven conde—. ¿Qué te parece, Claire? ¿Sería posible que consideraras una oferta de su parte?
Ella sonrió cómplice, dando a entender que existía aquella posibilidad.
—En realidad, es un buen acompañante —confirmó—. Por cierto, ¿han visto a Charles? —frunció el ceño, buscándolo con la mirada.
—Acaba de dirigirse hacia los jardines —respondió Mary, y Claire maldijo en sus adentros porque podía apostar que fue a reunirse con aquella mujer.
—Ya veo…
Suspiró y repuso su semblante cuando lord Wigmore regresó con su bebida. Sin embargo, no pudo siquiera tomar la copa que le ofreció porque en ese momento apareció el duque de Lancaster para reclamar su baile.
—Lamento interrumpir, pero lady Claire me ha prometido un baile y se la robaré por unos instantes, Wigmore.
Claire se quedó sorprendida y el joven conde apenas pudo hablar.
—P-p-por supuesto, excelencia —fue lo único que pudo emitir, realizando una reverencia torpe de despedida.
—Milady —Lancaster le ofreció su mano, y esta dudó en responderle—, si su preocupación se debe a que sea un vals, puede quedarse tranquila; tanto la anfitriona como las damas más respetables de Londres han concedido que me acompañe.
Ella miró hacia el rincón donde las damas más influyentes de Almack's observaban con atención todo lo que ocurría en la fiesta. Su mirada se encontró con la de la vizcondesa de Castlereah, quien inclinó su cabeza y afirmó lo que el duque decía. Y si una de las señoras más influyentes del club y de todo Londres lo consentía, ella no podía rechazar la invitación de su excelencia. Tomó su mano y la guio a la pista.
El duque inclinó la cabeza y ella respondió con una elegante reverencia. Entonces la ayudó a incorporarse y colocó la mano en su cintura. Los primeros acordes iniciaron y pronto se deslizaron impecablemente por la pista de baile.
—Nos encontramos de nuevo, lady Claire.
Claire estudió con atención la mirada de Lancaster.
Era de un raro matiz: una mezcla entre la oliva y la miel. El pelo alborotado que lució en el parque se trasformó en un impecable peinado hecho hacia atrás y se había rasurado. La levita azul oscuro, junto con las calzas negras hasta la rodilla, lo habían convertido en un hombre de sencilla elegancia, distinto al caballero que la salvó en el parque.
No parecían la misma persona, pero el magnetismo que sintió cuando tomó su mano hizo que comprendiera que se trataba del mismo hombre. Nunca, nadie, le había hecho sentir lo que experimentó con su proximidad.
—Me había preguntado bastante a quién debía agradecerle que me haya salvado la vida —dijo—. Se marchó y no tuvo la gentileza de presentarse, excelencia.
Lancaster sonrió divertido.
—¿Quiere decir que ni por un solo segundo imaginó que sería un duque? —increpó mordaz, ruborizando a Claire.
—¡No! No fue lo que quise decir —sintió arder sus mejillas de pronto.
—No la culpo, milady. ¿Cómo podría usted adivinar que tras mi fachada de salvaje existe un hombre que de vez en cuando puede lucir decente?
Claire, conmocionada por la acertada apreciación del duque en relación a su opinión, por primera vez en su vida no supo qué decir y se mordió la lengua, dejándose llevar por su experto acompañante por toda la pista. Mientras, este sonrió complacido y no apartó el escrutinio de su rostro.
De súbito, el salón se quedó en silencio y a ella le pareció que todas las miradas estaban puestas sobre ellos. Después de todo, era la primera aparición del duque en un baile de la temporada, y estaba segura de no haberlo visto bailar con nadie más. Que danzara solo con ella, y precisamente un vals, daría de qué hablar por días a las cotillas más consumadas de Londres.
Consciente del espectáculo que estaban dando, Lancaster habló:
—Lamento someterla a tal escrutinio, milady —se disculpó él, ya que Claire se sentía abrumada como para siquiera emitir palabra—. Bailar esta pieza, precisamente con el hombre más aburrido de Inglaterra, debe resultar bastante curioso para los demás invitados, principalmente para usted.
—No lo había reconocido —creyó conveniente aclarar los tantos—. En el parque, no lo reconocí, excelencia. —Su rostro se tiñó de un suave carmesí al disculparse, y bajó un poco la mirada.
Él se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. Sin embargo, al parecer, estaba decidido a sacarla de su zona de confort de una u otra manera.
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Editado: 23.07.2026