Un corazón para el duque de Lancaster

CAPITULO 13

Claire vio con el pecho oprimido cómo el duque salía del despacho de su hermano y se marchaba como alma que lleva el diablo sin siquiera despedirse de ella. Quiso ir a buscarlo, pero la mirada cargada de reproche que su madre le prodigaba; la obligó a mantenerse en su sitio.

—Sube a tu alcoba, Claire —ordenó su madre, y ella la vio confusa—. Luego hablaremos seriamente sobre el asunto.

—Pero, madre, me gustaría preguntarle a Charles cuál fue el resultado de la entrevista.

—Hija, solo hazle caso a tu madre. Por favor, ve a tu alcoba.

Ella se resignó a acatar la orden, pero se mantuvo inquieta en el dormitorio, dando vueltas hasta casi gastar la madera del piso.

Al día siguiente, la duquesa viuda de Devon y ella bebieron el té en el saloncito. Por supuesto, su madre aprovechó para hablar sobre las intenciones de Lancaster.

—Querida, ayer mencionaste que el duque de Lancaster te gusta —inició—. ¿Cómo es eso posible? Si solo han tenido dos encuentros, como te has cansado de hacerme creer, no puedes afirmar que te agrade tanto como para aceptar ser su esposa.

—Charles no aceptó, ¿cierto?

—No lo sé. Aún no me ha dado los detalles de la entrevista —mintió—. El punto es que no puedes solo aferrarte a una opción; existen muchos caballeros de buen porte y posición como para que te cierres solo a la idea de casarte con ese hombre.

—Madre, ¿por qué no le agrada su excelencia? —increpó—. Desde que demostró su interés en mí, usted no se ha cansado de mostrar reticencia hacia su persona y no comprendo. Nunca ha tenido objeción con otros caballeros, ¿por qué las tiene con él?

—Porque no es un hombre para una niña como tú, Claire. —El tono de la duquesa viuda insinuaba que no confiaba en él—. Entiéndelo, tú eres alegre, vivaz, divertida, ocurrente, y él… él es alguien totalmente opuesto a ti. ¿Qué sería de tu vida si decides pasar el resto de tus días con un hombre como él?

—¿Usted lo conoce para afirmar que es de esa manera, madre? —preguntó dolida—. ¿O será como las demás personas que solo se dejará llevar por las habladurías?

—Sabes que no soy de esa manera. Pero eres mi hija, por supuesto procuraré el mejor de los futuros para ti, y, en mi opinión, Lancaster no es el candidato ideal para esposo, querida. Por favor, Claire, escúchame, yo solo quiero lo mejor para ti.

—Lo siento, pero esta vez no puedo estar de acuerdo con usted. —Se puso de pie—. He quedado con Cecilie para dar un paseo. Debe estar por llegar, no quiero hacerla esperar. —se apresuró en excusarse.

—¡Aguarda, niña! —exclamó cuando Claire estuvo por salir de la salita—. ¿Te has enamorado del duque?

Claire se mordió el labio inferior y suspiró.

—Sí, madre. Por lo tanto, no me casaré con otra persona que no sea su excelencia. Si me disculpa. —Dio la vuelta y se marchó, dejando a su madre con el corazón en la boca porque la situación era más delicada de lo que pensaban.

Charles debía actuar pronto o sería demasiado tarde para rescatar a su hija de la ira de Arthur Wellesley.

Amalia corrió a la alcoba de lady Claire, después de regresar de la calle, y le entregó una misiva que un niño le pidió le hicieran llegar. Estaba segura de que era del duque.

Ella, ansiosa, rompió el sello y comenzó a leer la nota que, efectivamente, era de su excelencia. Él le pedía que se reunieran esa misma noche en Lancaster House y que enviaría a su cochero para que estuviera segura y resguardada de posibles rumores.

Emitió un hondo suspiro y dobló la misiva para luego guardarla con las otras notas.

—Amalia, necesito salir esta noche. —Se volvió hacía su doncella y la miró con decisión—. Cuando todos se retiren a descansar, nos iremos.

—¿De nuevo, milady? —protestó temerosa la criada—. ¿No teme que nos descubran? Estoy segura de que su madre me echará a la calle si sabe que la estoy ayudando a escabullirse por las noches.

—No ocurrirá nada.

—¿Verá al duque? —Claire afirmó con la cabeza—. Prométame que cuando se case me llevará con usted, milady.

—Por supuesto, Amalia. Y ya deja de preocuparte, su excelencia enviará a su cochero por nosotras. Solo necesita tratar un asunto urgente conmigo.

—En la cocina escuché a la señora Jackeline —comentó, haciendo alusión a la dama de compañía de la duquesa viuda— cuando le decía a Gregory que era muy improbable, por no decir imposible, que su hermano permita que usted se case con el duque de Lancaster, y Gregory estuvo de acuerdo con ella.

—¿Qué dijo él?

Aquello le pareció extraño. ¿Por qué la dama de compañía de su madre y el mayordomo depararían algo así?

—Gregory dijo exactamente lo siguiente: Compadezco a lady Claire, pero lo mejor sería que se olvide del asunto, porque el duque jamás dejaría que precisamente ese hombre la depose.

—¿Eso dijo? —volvió a preguntar intrigada, y Amalia afirmó—. Es extraño porque no recuerdo que nuestra familia tuviera alguna diferencia o guardara rencor en contra de los Lancaster.

—¿Desea que averigüe sobre el asunto, milady?




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