Un corazón que sigue el rastro de sangre

La vida sigue

Lloraba tanto que pno podía ni si quiera hablar con claridad. A

—Cálmate hija, aunque le hace bien al alma desahogar las penas y frustraciones, más le hace dialogarlo.

Sentía su mano tibia sobre mi hombro y su voz suave y tranquila me interpelaba. El padre Sevastian era mi único paño de lágrimas en este momento.

Por más que trataba de contarle lo sucedido, las lágrimas caían como cascada. Me daba vergüenza estar así, no era algo normal en mí. El detonante de esto, es lo que he tratado de contarle al sacerdote.

Después de mucho tratar me calmé. Entonces procedí en contarle al padre mi situación:

—Desde hace mucho he tratado de averiguar cuál es mi vocación, de descubrir a qué Dios me llama. Sin embargo, he ignorado el hecho de que mi inclinación sea más a la vida consagrada. De hecho, mi padre tuvo una experiencia donde le revelaron que Dios me quiero como religiosa. Hice nuevamente un discernimiento, alejándome se las cosas que podrían estorbalo, pero algo atravesó mi corazón y ardía como un baño de magma. Es cierto que una voz susurraba en mi interior y se producía un choque de situaciones intensas. Acabo de salir de una experiencia religiosa, era día de elección y después de tanto orar, ante la pregunta ¿Quieres entrar hacer la experiencia con nosotras? Quedé mucha. Vi mi vida pasar ante mí, sentí una angustia, miedo, soledad... Dije que por ahora no me sentía preparada, salí de la sala y sin darme cuenta estaba fuera del convento, llegué a la parroquia y entrando me fui en llanto. ¿Por qué es tan difícil decirle que sí a Dios? ¿Dónde estaba esa voz en mi momento más decisivo? ¿Por qué me resisto tanto? ¿Será el miedo a no tener a alguien a mi lado? ¿Qué es lo que me ata, padre?

Seguía solloza, las lágrimas recorrían mi rostro y el pañuelo que me había facilitado el padre ya no podía contener más humedad de ellas. Mi cabeza estaba al punto de estallar, además estaba inclinada hacia el frente, aunque sentada me encontraba, mi cabeza casi choca mis piernas. Mi panorama era el suelo, mis pensamientos un garabato, mi rostro una obra de lamento, mi corazón latía por obligación...

—Hija, Dios es tan misterioso que no podemos descifrar su actuar ante nosotros. Somos la única especie con la que Dios habla desde el interior; un privigelio y una gracia. Él no querrá nunca nuestra infelicidad ni mucho menos la tristeza del corazón, por eso, se auxilia de otros para que llegue su mensaje de amor, de consuelo, de paz y alegría. En eso consiste la felicidad, en encontrar el designio de Dios en nuestras vidas. Y recuerda que en la vida uno cae y el deber de nosotros es levantarnos y continuar, la vida cristiana también sigue está clave. Si no sabes bien cuál es el plan de Dios para ti, que eso no te entristezca, solo déjale la puerta abierta al Espíritu Santo para que te ayude a encontrar el camino hacia la felicidad. Y no necesariamente se encuentra en la vida consagrada, no es el único camino de salvación. A veces caemos en ese error; la fe es tan amplia como el alcance del sol. ¡Hija, alégrate! Porque tienes dudas, muchos no sé cuestionan y viven una suplicio de vida porque no supieron interrogarse qué Dios quería con ellos. Sigue tu vida con normalidad, pero abierta al llamado que sea que Dios te haga; solo dale oportunidad de que Dios actúe en ti y a través de ti. Queda en paz, hija, Dios te ama tal como eres, solo no te olvides de él.

Después de que el sacerdote terminará de hablar, lo miré a los ojos, lo abracé y les di las gracias. Luego, salí y me dirigí directo a mi casa.

Cuando estaba en el teleférico, me llegó un mensaje: "Ya estoy en el Nuevo Mundo, me he instalado, todo está hermoso, siento que hay muchas cosas aquí, pero a la vez siento un vacío, me falta algo esencial, tú. Tú eres el todo que llena mi nada, siento que perdí todo sin tener ni siquiera algo de ti; sufro tu lejanía, sufro tu silencio, sufro con agonía la melodía un día más sin la presencia de tu melodía".

Sí, era Milkar. Sus palabras me sanaban el corazón. Era tan romántico su forma de expresarse que se me hizo inevitable sonrojarme. Expresaba un amor que aún no le ha correspondido, dos veces lo he rebotado: espacio, tiempo, comprensión y discernimiento fueron las escusa que sirvieron de respuesta ante su declaración. Hasta yo podría cansarme de todo esto.

Llegué a casa y me dije que sería diferente. Es hora de ver el mundo con sus reflejos incluidos. Al día siguiente tenía clases, me sentí bella y lo expresé, un brilla labios resaltaban el esplendor de mis labios, rubor enrojecian mis mejillas, el pelo suelto y algo mojadito colgaba en mi espalda como cortina de lana, una blusa rosa y unos jeans me hacía juego indescriptible... Subí en mi estado algunas fotos de mi lock, ya no quiero llorar, ya no quiero lamentar un estado que fue superado.

Es hora de avanzar, abierta a las posibilidades, así como me dijo el sacerdote, pero no puedo vivir limitada todo el tiempo. Llegué al curso y algunos de los compañeros me miraban, no era mi típico vestuario opaco y sin maquillaje. Relucía como el diamante en pleno sol. No me gustaba llamar la atención, pero me agrada que notarán el primer paso de mi cambio.

—Hola, Ana, quieres venir hoy a una fiesta en mi casa, estaré divertido todo, te gustará, ve.

Era Sofía, una compañera de clases, cumplía años e iba a hacer una fiesta a la cual me estaba invitando. El horario no era un problema, sino el lugar, ella vivía en uno de los barrios más peligrosos de la región. Entonces se lo expresé:

—Es que ir allá donde vives, es peligroso.

—Mira, Bruno te llevará desde aquí y cuando se termine la fiesta, le diré que te lleve a tu casa, ¿qué dices?

Bruno era su novio y los conozco desde mi primer año aquí, así que sé que eran buenas personas. Procedí a responder.

—Entonces, solo díganme cuándo nos vamos.

—¡Genial!

Se notaba su interés para que fuera, su amistad no había sido muy profunda conmigo pero hemos compartido momentos difíciles. Lo que nos había unido como amigas.




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