13.- Nacido de la sangre
Taehyung sabía que debía tranquilizarse. Quizá lo que estaba viendo también era un sueño o una pesadilla, tal vez su mente le estaba jugando una mala broma… aunque, los gritos de terror de aquella mujer seguían rompiendo la quietud dentro de la enorme casa, causando que su piel se erizara de pies a cabeza, hasta que… simplemente cesaron. El silencio se volvió ensordecedor que dudaba si en verdad aquello había pasado o solo había sido una alucinación.
Qué clase de locura estaba viviendo. No lo sabía y no se quedaría a descubrirlo.
Nervioso, tomó el saco que estaba en la cama y su celular de la mesita de noche decidido a huir de ahí. Sus manos temblaban y sus nervios apenas le permitían agarrar cualquier cosa. Su boca comenzaba a secarse por el miedo mientras su corazón latía despavorido. Con todo el cuidado del mundo dio un suspiro para tranquilizar su ansiedad y abrir la puerta. Se asomó lentamente para ver si no había alguien a quien su presencia molestara y cuando vio que no era así, salió como alma que lleva el diablo.
Todo en esa casa era una maldita locura.
Sus piernas temblaban mientras bajaba por aquellas enormes escaleras las cuales sentía que se hacían eternas mientras daba un paso, aparecían diez más… como si fuera un bucle interminable jugando con su cabeza. Estaba cayendo lentamente y no se veía un final. Para ese instante solo quería abandonar aquel lugar que sentía lo estaba asfixiando. Sus lágrimas corrían por sus mejillas al pensar en aquella mujer, por ser tan cobarde y por abandonarla. Aunque, para intentar aminorar la culpa en su subconsciente se decía que no podría hacer nada por ella.
Si… era un cobarde.
Corrió y corrió hasta que sus pulmones ardieron y sus piernas dolieron, para finalmente detenerse a respirar. La oscura noche era silenciosa, tranquila… demasiado callada para una ciudad tan ruidosa. Como si también escondiera secretos.
Cuando su respiración se tranquilizó, simplemente siguió caminando, pensando en cómo su vida estaba volviéndose un cuento de terror. Que no terminaba un capitulo cuando ya estaba entrando en otro peor… y cuando aclaró sus pensamientos, se dio cuenta que estaba en un lugar desconocido. ¿Qué mierda haría si no sabia en donde estaba?
Lo primero que pensó fue en JiMin, pero por la fecha y hora sabía que estaba en el hospital… ¿a dónde más iría? No tenia ni puta idea. Entonces, su teléfono sonó y cuando abrió la pantalla para ver de quien se trataba, vio el nombre de Mingyu. Dudó en abrir la pantalla, pero un siguiente mensaje con una foto lo obligó a hacerlo. Era él, justo en ese momento, la misma calle, la misma casa por donde iba pasando. Él estaba siguiéndolo. Por un momento de miedo, prefirió no voltear y solo seguir caminando. Fingir que no había visto el mensaje…
El miedo, la desesperación y la paranoia volvió a correr por su torrente sanguíneo. Dudó en correr porque para ese momento ya estaba cansado. Si llamaba a la policía y Mingyu se iba, lo tomarían como un loco. Si llamaba a Jungkook y este no respondía, Mingyu lo atraparía. Estaba jodido de cualquier manera.
Un nuevo mensaje cayó, pero no tomó el teléfono, simplemente lo guardó en su gabardina y siguió caminando, buscando una calle más iluminada. Terrible error… al dar la vuelta a la esquina, un callejón sin salida. Si daba vuelta lo mas seguro es que se encontraría con él y no quería… lleno de miedo, palideció. Rezó a los ángeles y a los santos por un poco de ayuda. Respiró profundo para calmar sus miedos y simplemente decidió dar vuelta. Con la mirada hacia el pavimento, esperó por él…
—Aquí estas… —Le dijo tranquilamente.
—¿Qué quieres? —preguntó nervioso mientras tragaba el nudo en su garganta—. ¿Por qué no me dejas en paz?
—Te lo dije Taehyung… no vas a escapar de mí.
—Ya no podemos estar juntos.
—Estamos hechos el uno para el otro… ¿es que aún no lo entiendes?
Taehyung jadeo con miedo, encogiéndose de hombros y cerrando los ojos, cuando lo vio acercarse unos pasos más.
—¿Qué más quieres de mí? ¿No fue suficiente el daño que has hecho?
—Te quiero a ti… te quiero de vuelta. No descansaré hasta que regreses a mi lado.
Todo el tiempo que duró el encuentro, Taehyung prefirió no mirarlo. Si no lo veía, no existía… se había obligado por muchas noches a olvidar todo lo que tuviera que ver con él; el daño, el dolor, la humillación, su rostro, sus ojos… incluso su aroma.
Y los segundos pasaron.
—Eso jamás pasará… —sentenció con voz débil.
—Me ganaré tu amor, cariño, ¿ya no recuerdas cuanto me amabas?
“Cariño” su palabra menos favorita en el mundo. Esa era la que Mingyu siempre utilizaba después de tocarlo sin su consentimiento o cuando descargaba su furia y la culpa lo invadía. Como si utilizando aquel adjetivo su acción fuera menos detestable.
—Te amé, sí… lo hice, pero tú te encargaste de romper en mil pedazos lo que sentía por ti.
—No digas eso —exigió Mingyu y Taehyung volvió a aterrorizarse, dando un brinco asustado—. Esa noche no era yo. Necesito que me creas.
Taehyung bufó sintiéndose peor que basura. Que clase de broma estaba diciendo para justificar su daño.