Llego demasiado temprano.
No sé si fue la emoción, el nerviosismo o simplemente que Rinto se despierta como si fuera un gallo humano y me contagió el ritmo… pero ahí estoy: de pie frente al enorme edificio de Minato’s Corporation a las ocho de la mañana.
—Primer día, Sora —me digo a mí mismo mientras me miro en el reflejo de la puerta automática—. Luces fabuloso, estás despierto, no has derramado café encima… esto ya es un logro.
Entro.
El lobby es enorme, moderno, elegante. Todo brilla, todo huele a perfume caro y a presión social. Varias personas pasan a mi lado sin verme demasiado, otras sí me miran… probablemente por mi corbatita color miel y la camisa crema. O por mi aura de “soy adorable, respétenme”.
Subo al piso veinte: Oficina de Enlace – Kyo Construcciones y Minato’s.
La puerta de cristal se abre con un piiii suave.
El lugar es… pequeño. No feo, pero claramente me dieron la zona más tranquila del edificio. Hay tres escritorios, una mesa de reuniones y una cafetera que llora ayuda.
—Ah, Sora, llegaste temprano. —Mi jefe directo, el ingeniero Berek, aparece desde una oficina interna. Un beta de unos cuarenta y tantos, amable, de esos que huelen a café y estrés pero cargan una sonrisa
—Bienvenido.
—Quise evitar el tráfico —miento descaradamente, porque la realidad es que estaba demasiado despierto para quedarme en casa.
—Perfecto. Bueno, ven. Te enseño tu espacio.
Me conduce a un escritorio al fondo, con una computadora que seguramente sobrevivió tres eras digitales y una silla que cruje como si estuviera sufriendo.
—Bueno… —le sonrío—. Es… acogedor.
—Es que esta área es nueva —explica, rascándose la nuca—. Y como tu puesto es de aprendizaje, de apoyo administrativo y revisión de presupuestos menores, pues… no necesitamos equipo muy sofisticado.
—Claro —respondo mientras pienso: Si me siento muy fuerte, la silla explota.
Antes de que pueda seguir explorando, dos empleados entran hablando. Una chica alfa de cabello azul y un beta alto con gafas.
La chica me mira de arriba abajo.
—¿Tú eres el nuevo?
—Sí —sonrío, levantando una mano—. Sora K—… no, no puedo decir Kyo—. Solo Sora.
—¿Solo Sora? —pregunta ella, divertida.
—Por ahora, sí.
El beta se inclina ligeramente.
—Soy Ishikawa. Y ella es Mei. Cualquier duda, nos dices.
—Perfecto. Gracias.
Mei me da un golpecito en el hombro.
—¿Tú aroma es miel con limón? ¿Verdad?
—Sí —respondo, acostumbrado a ese comentario toda mi vida.
—Huele rico. Si el ambiente se pone feo, te voy a usar como humidificador emocional.
—Mei —regaña Ishikawa.
—¿Quéééé? ¡Es verdad!
Me río. Y me encanta que no sepan quién soy. Es… refrescante.
Nos sentamos cada quien en su escritorio. Y me pongo a revisar el “manual de tareas del día”. Básicamente: revisar presupuestos pequeños, organizar archivos, responder correos automáticos.
Fácil. Nada que pueda explotar.
O eso pensé.
A media mañana, Berek se acerca con una gran carpeta.
—Sora, necesitaré que revises este presupuesto. Es para renovación de un área del edificio y quiero ver si puedes identificar errores o fugas de dinero antes de enviarlo a revisión mayor.
Abro la carpeta y mi cerebro hace un ¿queeeeeé?
—Esto tiene números. Muchos. Muchos números juntos. Como… enojados.
Berek ríe.
—Tú puedes. Tu familia tiene ojo para esto, ¿no?
Yo sonrío mientras pienso: Mi familia, sí. Yo… estoy en proceso.
Me pongo a revisar, marcando cosas que me suenan mal. De repente, Mei aparece a mi lado.
—Necesitas ayuda, ¿verdad?
—Sí, pero mi orgullo dice que no.
—Tu orgullo huele a “por favor sáquenme de aquí antes de que me electrocute con un Excel”.
—¿Los Excel pueden electrocutar?
—Si los miras feo, sí.
Reímos, y me indica un par de detalles técnicos que no había notado. Y sí, aprendo rápido.
Todo va sorprendentemente bien.
Ya llevo una hora revisando el presupuesto cuando Berek pasa de nuevo por mi escritorio.
—¿Cómo vas, Sora?
—Vivo —respondo sin levantar la vista—. Eso ya es ganancia.
Él suelta una risita cansada.
—Tranquilo, nadie espera que tu primer día sea perfecto.
Eso dice, pero sus ojos dicen “por favor no explotes nada, por favor no explotes nada”.
Sigo marcando inconsistencias y sumando costos que parecen fuera de lugar. La verdad, no está tan terrible. Hay cosas que me resultan naturales de tanto haber visto a mi padre trabajar a lo lejos… muy a lo lejos. Pero algo se te queda.
Mei vuelve a asomarse por encima de mi hombro.
—Oye, esto está bien marcado —me señala un renglón—. Muchos no notan esa diferencia de porcentaje.
—Creo que lo vi porque… estaba peleando con los números y uno gritó fuerte.
Ella levanta una ceja.
—Eres raro.
—Es mi encanto natural.
—Y tu aroma ayuda —añade ella, como si fuera lo más normal del mundo.
Ishikawa, desde su escritorio, interviene sin levantar la vista.
—Mei, deja de olfatear al nuevo.
—No lo olfateo. Solo lo disfruto.
—Eso es peor.
Me cubro un poco la cara, como si eso escondiera el hecho de que soy… obviamente adorable y ellos lo saben.
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La primera bomba
Berek aparece otra vez, pero esta vez con el ceño fruncido.
—Sora, ¿tienes un minuto?
Ay no. Ya arruiné algo. Ya rompí una ley. Ya accidentalmente renuncié.
—S-sí —me levanto de inmediato.
Me guía hasta su oficina. Cierra la puerta.
Mi corazón hace lo de siempre:
Toque toque
¿Sí?
Tengo miedo.
Ah, perfecto, ahora yo también.
Berek se sienta y me hace un gesto para que yo también lo haga.
—No te asustes —dice de inmediato.
Bien, ahora sí estoy asustado.
—Llegaron los informes preliminares del proyecto “Wing B”. Tenemos que preparar las correcciones antes del mediodía para que lo envíen a planta. Quiero que tú armes el primer borrador.