Entré a la oficina pensando que sería un lunes normal.
Gran error.
Ni bien crucé la puerta, Mei prácticamente me estampó una carpeta en el pecho.
—¡Sora! ¡Llegaste! ¡Al fin! —gritó como si yo fuera un paramédico y no un oficinista— Tenemos un problema un problema enorme.
—¿Qué? ¿Otra vez la impresora poseída revivió? —bromeé.
—Ojalá fuera la impresora —refunfuña Ishikawa desde su escritorio, agachado entre montones de papeles— Esto es peor, mucho peor.
Mi estómago se apretó.
—¿Qué pasó?
El jefe salió de su oficina con cara de “quiero renunciar hoy mismo”.
—Sora, necesito tu ayuda. El proveedor de materiales para Kyo… está retrasado.
Me congelé.
—¿Qué tan retrasado?
Mei suspira dramáticamente.
—Digamos que Kyo está a días de detener obras completas y Minato’s no está respondiendo como debería.
Sentí cómo se me tensaban los hombros.
—Pero… Minato’s supervisa a ese proveedor —digo lento— Ellos deberían estar presionando.
—Sí, deberían —dice Ishikawa— Pero lo único que nos mandaron fue una nota diciendo “no se puede acelerar”, Nada más.
—¿Nada más? —frunzo el ceño— Ni una razón, ni un informe de status?
—Nada, nada —repite Mei, levantando las manos.
Me quedo en silencio, algo huele mal… muy mal.
—Quiero ver el informe —digo.
El jefe asiente con alivio.
—Sabía que dirías eso, aquí está. Y… Sora… prepárate.
Me entrega la carpeta.
La abro.
Leo.
Paso páginas.
Leo más.
Y entonces… veo el nombre.
Ahí está, imposible de ignorar.
Elva Minato
Responsable del enlace con proveedores externos.
Autorizaciones.
Revisiones de entrega.
Supervisión de contratos.
Mi mandíbula se tensa automáticamente.
Es… imposible que no me esté jodiendo a propósito.
Mei me mira con cara de miedo.
—¿Sora? Te… te pusiste pálido.
—Ishikawa —digo con voz demasiado tranquila para lo que siento— ¿Desde cuándo empezaron los retrasos?
—Según esto… —hojea rápidamente— hace una semana y media.
Una semana y media.
Justo después de mi comida con ella.
Perfecto.
Predecible.
Ridículo.
Y exactamente su estilo.
El jefe suspira pesado.
—Mira, Sora… tú no tienes por qué meterte, esto es problema entre departamentos. Nosotros solo hacemos los reportes.
—Es problema de mi empresa —respondo antes de pensar.
Se quedan callados.
Demasiado callados.
Me corrijo rápido.
—Digo… es que… es un cliente importante y si Kyo se detiene, Minato’s queda mal ¿Sí? No sé, solo… quiero entender la situación.
Mei asiente.
Ishikawa también, pero con la ceja levantada.
—Bueno, como quieras —dice el jefe— Pero te advierto que el vicepresidente ya está saturado hoy. Tiene juntas toda la mañana será difícil conseguir que te reciba.
—Me recibirá —respondo— Créeme.
Tomo la carpeta, cierro de golpe y salgo caminando rápido hacia los elevadores.
Mei corre detrás de mí.
—¿Sora? ¿A dónde vas?
—A resolver esto.
—¿Con quién?
—Con quien le toca resolverlo.
Ishikawa también aparece.
—Oye… ¿no vas a gritarle al vicepresidente, verdad? Él es… bueno… él es el vicepresidente.
—No voy a gritarle —respondo.
Mei me observa entrecerrando los ojos.
—Sora tu cara dice que quieres quemar el edificio.
—No lo voy a quemar —suelto— Solo quiero respuestas y quiero que alguien haga algo.
Aprieto los dientes.
Porque la realidad es clara:
Elva está usando su posición para sabotear a Kyo.
Por mí.
Por la plática que tuvimos.
Por desafiarla.
Y si cree que me voy a quedar de brazos cruzados…
…no me conoce nada.
El elevador llega y entro.
—Sora —dice Ishikawa desde afuera— ¿Seguro que quieres hacer esto?
—Más seguro que nunca.
Las puertas se cierran y respiro hondo tengo el corazón acelerado, la carpeta en mi mano pesa como un ladrillo.
Pero lo único que pienso es:
Rinto tiene que saberlo.
Y lo vamos a arreglar.
Porque no voy a permitir que mi familia pague por las pataletas de su madrastra.
Cuando el elevador llega al piso del vicepresidente, ya no estoy nervioso.
Estoy furioso.
Y listo para hablar con él.
No toqué.
Simplemente empujé la puerta.
—Vicepresidente, necesit—
Rinto levantó la vista de su computadora.
Se quedó perplejo.
Como si hubiera visto un fantasma.
O como si hubiera esperado a cualquiera… menos a mí entrando como un huracán.
Pero lo que más me sorprendió fue lo rápido que recompuso el rostro.
Enderezó la espalda.
Su expresión se endureció.
Y su voz salió tan profesional que hasta me irritó.
—¿Sucede algo, Joven Sora?
“Joven Sora.”
Ugh.
Normalmente no me molestaba, pero hoy… hoy quería que me dijera mi nombre real solo que no podía porque detrás de mí venían Mei e Ishikawa, que parecían dos pollos entrando por error a un matadero.
Me aparto un mechón de la frente y avanzo hasta su escritorio con la carpeta en mano.
—Tenemos un problema con el proveedor externo de materiales —digo tratando de sonar calmado— El atraso está afectando las obras de Kyo traigo el informe.
Lo pongo frente a él.
Rinto no me quita la mirada.
Puedo ver en sus ojos que algo nota.
Mi respiración.
Mi postura.
Mi enojo.
Pero se mantiene firme, profesional, como si no me hubiera abrazado anoche antes de dormir.
—Entiendo, permítame revisar —dice.
Mei saluda con la mano, incómoda.
—Ishikawa y yo solo vinimos a respaldar a Sora, sea… al joven. Digo… a Sora. A—
—Mei —murmura Ishikawa— cállate, por favor.
Rinto abre la carpeta sin reaccionar al desastre verbal.
Empieza a leer.
Lo veo fruncir el ceño.
Luego más.
Más.
Su voz sigue igual de profesional cuando habla, pero noto la tensión en su cuello.