Un desastre elegido

18

Las puertas del lobby se abren antes de que las toque.
Kyo Construcciones siempre tiene ese ambiente que mezcla elegancia y poder, pero para mí… siempre será “la empresa de papá”.

La gente me saluda como si fuera costumbre ver a un heredero rondando por aquí.

—Buenos días, Sora —me dice la recepcionista con una sonrisa amable— El presidente, el vicepresidente y el jefe de enlace de Minato’s están en junta.

—Está bien, voy para allá, gracias.

Camino directo al elevador, la gente me reconoce inmediatamente, no porque sea impresionante… sino porque soy “el hijo del jefe”.
No sé si me gusta o me molesta.

Cuando llego al piso de juntas, el asistente abre la puerta en cuanto me ve.

—Adelante, señorito Sora.

Aguanto el impulso de fruncir la boca
“Señorito”, Como si tuviera cinco años todavía pero no digo nada y entro.

La sala es enorme, con esas ventanas que dejan entrar demasiada luz.
Mi padre, Rikuya, está sentado al centro de la mesa con su traje oscuro, mandíbula tensa y una postura imponente… pero sus ojos, al verme, se suavizan.

Siempre lo hacen.

Kai, a su derecha con la espalda recta y cara seria, pero con un brillo juguetón escondido que solo yo sé interpretar.

Y frente a ellos, el jefe de enlace de Minato’s, terminando su explicación.

Todos se giran hacia mí.

Mi padre alza una ceja.

—Hijo. ¿Todo bien?

Coloco la carpeta sobre la mesa.

—Vengo a entregar el reporte del incidente en la obra —respondo— La situación ya fue solucionada, Minato’s implementó las correcciones de inmediato, hay un nuevo plazo y la compensación fue aceptada.

Mi padre toma los documentos mientras Kai me mira como si intentara leer mi mente.

—¿Y la causa del retraso? —pregunta Kai, cruzando los brazos.

Respiro, preparándome.

—Fue interno, un error… provocado por alguien que actuó sin pensar.

Mi padre no parpadea, pero sé que ya sospecha algo.

Mi jefe solamente hace una pequeña reverencia.

—Si ya no se requiere mi presencia, regreso a Minato’s para informar del cierre de la junta.

Mi padre levanta una mano.

—Puedes retirarte, gracias por tu tiempo.

El jefe de enlace sale y la puerta se cierra Y ahí comienza la verdadera junta.

Mi padre exhala mientras se recarga en el respaldo. Su expresión cambia a esa mezcla de firmeza y preocupación paternal que solo usa conmigo.

—Sora —dice con voz baja— Dime la verdad ¿Qué pasó?

Kai me mira, ladeando la cabeza.

—Y no me vas a salir con un “nada, todo bien”, porque te conozco —agrega.

Suspiro.
Sabía que esto iba a pasar.

—Fue Elva —digo finalmente.

Kai abre los ojos apenas un milímetro.

—¿Qué hizo ahora?

—Golpeó a Rinto —digo— Lo cacheteó en su oficina.

Mi padre se incorpora de golpe.

—¿Qué?

—Sí… —cierro los ojos un segundo— Lo golpeó porque… porque cree que yo no debería trabajar ni estudiar al mismo tiempo. Ya saben cómo es, un Omega tradicional, mentalidad anticuada y todo eso. Le molesta que yo haga “demasiado”.

Kai suelta una risita seca.

—¿Y tú “pobrecito y frágil”? —murmura con burla suave.

—Cállate —le digo, pero se me escapa una sonrisa pequeña.

Mi padre se masajea el puente de la nariz.

—Esa mujer… siempre creyendo que un Omega debe estar protegido hasta para respirar.

—Ya hablé con ella —continúo— Intenté aclararlo, pero… parece que se sintió atacada y decidió hacer un lío con los reportes, eso generó el retraso.

Kai chasquea la lengua.

—Qué manera tan estúpida de desquitarse.

—Lo sé —digo— Y por sí lo preguntan, sí… Rinto me defendió.

Miro mis manos sobre la mesa.

—Dijo que yo decido mis responsabilidades, que él nunca me obliga a nada… Y que nadie tiene derecho a interferir con lo que yo quiera hacer.

Mi padre me mira, pero sus ojos no son duros, son cálidos.

Orgullosos.

—Sora —dice con voz más suave de la que esperaría en una sala de juntas— Hijo… hiciste bien en enfrentar el problema. —Y antes de que pueda responder, sonríe apenas — Estoy orgulloso de ti.

Me atraganto con aire invisible.

—¿Eh…? —parpadeo como idiota.

Kai sonríe también, pero su sonrisa es ladeada, provocadora.

—Mira nada más a mi hermanito —dice— Dando la cara, solucionando desastres, hablando como adulto.
Se cruza de brazos— Al final sí te está sirviendo trabajar, ¿no?

—Kai —gruño, sintiendo el calor en mis mejillas.

Mi padre carraspea para volver al tema.

—Una pregunta más, Sora —Me mira directo a los ojos —¿Crees que Minato’s o ese hombre… Rinto Minato… intentó perjudicarnos? ¿Aprovecharse?

Trago saliva pero esta vez no dudo.

—No —respondo con absoluta seguridad— Él fue quien le dio prioridad a resolverlo, me buscó para arreglarlo, no para ocultarlo.

Bajo la voz.

—No creo que quiera perjudicar a Kyo —Miro a mi padre —Y… yo confío en él.

Kai y mi padre intercambian una mirada silenciosa.
Una que dice “no nos encanta Rinto” mezclado con “pero nuestro bebé lo está diciendo en serio”.

Mi padre suspira.

—Bien —Asiente —Eso es suficiente para mí.

Kai también asiente.

—Si él te respalda… entonces lo vigilaré, pero sin meterme por ahora.

—Kai… —lo miro con advertencia.

—¿Qué? Soy tu hermano, no un santo —dice encogiéndose de hombros— Tengo derecho a asustar tantito a tu jefe.

—No.
Le lanzo una mirada letal.

—Bueno, bueno —dice levantando las manos— Lo pensaré.

Mi padre cierra la carpeta.

—Puedes volver, hijo. Ya terminaste aquí.

Recojo mis cosas.

—Sí, voy a regresar.
Abro la puerta y Salgo antes de que noten que, por dentro, sigo temblando… pero no de miedo Sino de todo lo que se está moviendo entre mi familia… y Rinto.

Apenas estoy por salir de Kyo Construcciones cuando mi teléfono vibra.
Lo saco sin mucha importancia… hasta que leo el remitente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.