Un desastre elegido

19

El sonido de mi alarma me atraviesa el sueño como un cuchillo, pero por primera vez en semanas… no me molesta. Abro los ojos, encontrándome con el techo familiar de nuestro cuarto y sonrío sin querer.

—Primer día de clases… —murmuro, estirándome.

Extrañamente lo echaba de menos. No solo la universidad, sino vestirme normal, sin traje, sin agendas, sin informes interminables. Aunque igual termino sacando un traje del armario, dejándolo perfectamente doblado sobre la silla.

—Por si acaso —suspiro—. No vaya a ser que Minato me necesite hoy mismo.

Rinto ya no está. La cama de su lado está estirada, impecable como siempre. Pero en la mesita encuentro una nota doblada con precisión quirúrgica.

> “Sora, sé que hoy regresas a clases. Mucha suerte y no olvides desayunar.
—R.”

Sonrío como idiota. No puedo evitarlo.

—Qué cursi eres… y aún así me gusta.

Bajo a la cocina. El silencio de la mañana es agradable, tostadas, un café bien cargado, un poco de fruta. Me lo tomo con calma porque sé que, una vez que entre a la facultad, ya no voy a tener paz hasta que termine el día.

---

Apenas cruzo las rejas, escucho un grito.

—¡¡SORAAAA!!

Oh, no.

Nao aparece prácticamente saltando hacia mí, con esa sonrisa de “te voy a molestar desde ahora hasta que termine el semestre”.

—Mira nada más quién volvió de las garras del capitalismo —dice, golpeándome el hombro.

—Buenos días a ti también —respondo, acomodando la mochila—. Te ves demasiado feliz para alguien que tuvo vacaciones.

—¿Vacaciones? ¿Qué es eso? —alza las manos dramáticamente—. Estuve trabajando en una cafetería diminuta donde el espresso sabía a llanto humano.
La gente me hablaba como si fuera un NPC.

—¿Te trataron como personaje de relleno? —pregunto.

—Peor, como tutorial —se ofende—. “¿Me puede repetir cómo se agarra una servilleta?” ¡¿QUÉ CLASE DE PREGUNTA ES ESA?!

Suelto una risa.

—Bueno, yo estuve en la oficina de enlace.
—Ah, sí, cierto —Nao me mira con un gesto exageradamente serio—. Nuestro Sora, un adulto responsable ¿Y qué hiciste? ¿Mover papeles? ¿Firmitas? ¿Tomar café carísimo con ejecutivos con corbatas de marca?

—Más como crisis de logística y papeleo infinito —contesto, abriendo la puerta del aula—. Pero estuvo bien.

—Estuviste trabajando con traje todo el verano —dice él con horror fingido—. Eso no es “estar bien”, eso es sufrir.

—Hoy vengo casual —señalo mi ropa—. Disfrútalo antes de que me vuelvan a encerrar en un cubículo.

Nao ríe.

—¿Sabes qué me sorprende? Que a pesar de tener cara de niño rico, sí trabajas. Eso, Sora querido, es admirable.

—Gracias supongo… ¿o me estás diciendo inútil?

—Un poco —admite.

Nos reímos y entramos a clase.

El día pasa normal entre apuntes, comentarios, un profesor que habla demasiado rápido, Nao mandándome papelitos con dibujos feos y totalmente innecesarios.

Pero en la penúltima clase el profesor deja caer la bomba.

—Trabajo final en grupo —anuncia—. Se entrega en dos semanas, formaré yo los equipos.

Nao y yo nos miramos.
Ese tipo de mirada silenciosa que dice, si nos separan, morimos.

Pero el profesor lee la lista:

—Grupo 4: Nao Soul, Sora Kyo… y Theo Lancaster.

Ahí está. El mal presagio del semestre.

Theo levanta la mano apenas lo mencionan, como si necesitara resaltar que existe. Rubio, postura perfecta, actitud de “nadie aquí está a mi nivel”.

Nao me susurra:

—Oh no… nos tocó él señor “promedio 10 y yo lo sé”.

—Cállate —susurro, tratando de no reírme.

Terminando la clase, el trío inevitable se junta.

Theo nos mira como quien evalúa si valemos su tiempo.

—Bien —dice—. Podemos dividir el trabajo, yo puedo encargarme del análisis teórico, obviamente.

Obviamente?

—Nosotros hacemos la parte práctica —responde Nao antes que yo.

—Me parece aceptable —Theo asiente como si nos hiciera un favor.

Yo respiro hondo, muy hondo. Su personalidad me irrita desde la primera oración y no quiero mostrarlo.

—Yo tengo trabajo por las tardes —les explico—. Pero podemos organizarnos por mensaje y el fin de semana juntarnos para avanzar todo.

Theo frunce los labios, pero asiente.

—Está bien, lo importante es que el resultado final mantenga un estándar alto.

Nao pone los ojos en blanco tan descaradamente que casi me da risa.

—Sí, sí, estándar alto —dice él—. No queremos decepcionar al rey del salón.

Theo lo ignora por completo.

—Les enviaré el esquema esta noche —dice, dándose la vuelta.

Cuando se va, Nao me golpea el hombro.

—¡Auxilio! ¿Escuchaste eso? “Estándar alto”.
Hermano, ese tipo se cree el profesor titular.

—Mientras haga su parte del trabajo, me da igual su ego —murmuro—. Mejor vámonos, tengo que ir a la oficina.

—¿Ya desde hoy?

—Sí. El primer día y ya tengo cosas que entregar.

—Pobre de ti —Nao me sonríe y después agrega, más suave—. Si necesitas ayuda para no pegarle a Theo un día de estos, aquí estoy.

—Gracias, lo tendré en cuenta —respondo riendo.

Caminamos juntos hasta la salida, Nao toma su ruta y yo giro hacia el estacionamiento para ir directo a Minato’s.

El descanso universitario terminó oficialmente.

Y el ritmo de vida vuelve a empezar.
El motor del coche ronronea como si fuera un gato orgulloso al estacionarme en el lugar reservado a ejecutivos.
Normalmente no lo traigo, pero con lo lejos que está la universidad… no iba a meterme dos horas en transporte público, además, extrañamente, me hacía ilusión llegar manejando mi bebé.

Apago el motor y el tablero se oscurece suavemente.

—Te portaste bien hoy —le digo al volante, como si pudiera responderme—. Por favor sigue así no hagas berrinches como la semana pasada.

Tomo mi mochila , el portafolio donde ya tengo los documentos de la reunión de ayer con Kyo Construcciones y me bajo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.