POV: Rinto
Me miro en el espejo del baño a las 5:47 de la mañana y lo único que veo es el moretón.
Aún de un color morado oscuro, con un borde amarillento que empieza a asomarse, cubre casi todo el pómulo izquierdo y baja hasta la mandíbula. Parece un mapa de lo que pasó aquella vez y, al mismo tiempo, una bandera de lo que viene hoy.
Toco el borde con dos dedos, aún duele pero está bien que duela, quiero acordarme cada segundo por qué estoy haciendo esto.
Porque defendí a mi omega.
Porque mi padre levantó la mano contra Sora en mi propia cara.
Porque en vez de callarme, me puse en medio y le grité a un presidente que mi esposo no era propiedad de nadie y ahora el consejo quiere destituirme por “conducta impropia de un alfa”.
Por permitir que mi omega trabaje.
Por no tenerlo en casa “cumpliendo su función biológica”.
Cierro el grifo con más fuerza de la necesaria.
Sora todavía duerme. Lo dejé acurrucado contra mi almohada, con el pelo revuelto y la marca de mi brazo todavía en su cintura, no quise despertarlo, hoy va a ser un día largo y él ya cargó lo suficiente.
Me pongo el traje negro, el más serio que tengo con una corbata gris oscura, sin estampados para no tener nada que distraiga, nada que dé pie a que digan que voy “despeinado” o “poco profesional”.
Cuando bajo a la cocina, Rikuya ya está ahí, de pie, con un café en mano, viendo algo en la tablet. Casi se me olvida que nos quedamos en su casa anoche. Levanta la vista y me recorre de arriba abajo y asiente apenas.
—Te queda bien el negro —dice—. Hoy vas de entierro.
No sonrío porque no puedo pero agradezco el comentario con un movimiento de cabeza.
—¿Desayunas? —pregunta.
—No tengo hambre.
—Come igual, necesitas la cabeza fría y el estómago lleno, es una orden.
Itsuki aparece con un plato de tamagoyaki y onigiri, colocándolo enfrente sin preguntar, así que simplemente obedezco, Rikuya tiene razón, hoy no hay espacio para mareos.
A las 6:30 suena mi celular.
Un Número privado.
—¿Rinto? —la voz de mi padre, fría como siempre—. Espero que hayas reflexionado, si llegas a la junta con una disculpa pública y comprometes a tu omega a dejar su empleo, puedo reconsiderar el despido.
Siento la bilis subir.
—No —respondo.
Silencio al otro lado.
—¿Disculpa?
—He dicho que no,Sora seguirá trabajando, seguirá siendo quien quiera ser y yo no voy a pedir perdón por protegerlo.
Otro silencio pero este se torno a un más largo.
—Entonces estás acabado —sentencia.
—Nos vemos en la junta, padre.
Cuelgo.
Rikuya levanta una ceja.
—¿Todo bien?
—Perfecto —miento.
A las 8:12 llegamos al edificio central de Minato’s.
El guardia de la entrada me mira el moretón y aparta la vista rápido, al parecer ya todos saben, todos susurran lo que sucedió como si no estuviera presente.
Subo al piso 27 con Rikuya a mi izquierda y el abogado a mi derecha, Sora se quedó en casa; fue decisión mía porque no quería que volviera a estar bajo el mismo techo que mi padre.
La sala de juntas está llena con dieciocho sillas y iecisiete de ellas ocupadas, la mía está vacía, en la punta.
Él preside me mira al entrar y sus ojos se detienen en el moretón por un segundo creo ver algo parecido al remordimiento pero instantáneamente vuelve la máscara de indiferencia.
El presidente del consejo carraspea.
—Se abre la sesión extraordinaria, punto único: destitución por causa grave del vice-presidente ejecutivo Minato Rinto, por conducta violenta en dependencias, insubordinación y, principalmente, por permitir que su cónyuge omega ejerza actividad laboral remunerada, contraviniendo los valores tradicionales que esta compañía ha defendido desde su fundación.
Silencio sepulcral.
—¿Algo que alegar antes de la votación? —pregunta.
Me pongo de pie intentando respirar hondo y hablo claro, sin gritos, sin drama, solo con laverdad.
—Tengo varias cosas que alegar y también una propuesta.
Miro a cada uno de los presentes. Algunos apartan la mirada otros me miran con desprecio, mi padre aprieta la mandíbula.
—Primero —levanto un dedo—. El viernes por la tarde, el presidente Minato intentó agredir físicamente a mi esposo, Sora Kyo, dentro mi oficina, yo me interpuse. Este moretón es la prueba, hay testigos, grabación de seguridad y puebas médicas, el abogado tiene copias para quien las quiera.
Se oyen algunos murmullos.
—Segundo —levanto otro dedo—. El puesto de medio tiempo de Sora en el equipo de enlace entre Kyo Construcciones y Minato’s fue creado como parte del acuerdo matrimonial que todos ustedes firmaron y celebraron hace menos de un año. El mismo acuerdo que fortaleció nuestra alianza internacional,Sora ha mejorado la eficiencia del enlace en un 14 % en los últimos meses, si eso es un delito, declárenme culpable con gusto.
Mi padre golpea la mesa.
—¡Esto no es una guardería progresista, Rinto! ¡Un omega casado tiene un lugar y es el hogar!
—Mi omega tiene nombre —respondo, y mi voz sale más dura de lo que esperaba—. Se llama Sora Kyo, es estudiante de último año, saca dieces y trabaja veinte horas a la semana porque quiere, porque puede y porque yo estoy orgulloso de él.
Un Silencio incómodo se formó por toda la sala.
—Tercero —continúo—. No vine aquí solo a defenderme, vine a presentar mi renuncia voluntaria al cargo de vice-presidente ejecutivo… efectiva en noventa días.
El caos estalló
Mi padre se puso de pie.
—¿¡Qué demonios estás diciendo!?
—Escúchenme hasta el final —levanto la voz por primera vez—. Renuncio al puesto, sí pero no renuncio a mis acciones ni a mis derechos como accionista y propongo un plan de transición ordenado: durante los próximos noventa días supervisaré personalmente la transferencia de todos mis proyectos, capacitaré a mi sucesor y garantizaré que la alianza con Kyo Construcciones no sufra ni un solo retraso. Después de eso, me retiro del día a día operativo.