Un desastre elegido

28

Me despierto a las siete y cuarto porque el despertador de Rinto ya no suena en la habitación. La cama está fría del lado izquierdo y hay una nota doblada encima de su almohada:

«Tengo reunión con el equipo de transición a las 8.
Vuelvo antes de las 7 p.m.
Si te portas mal, les dije a tus hermanos que te castiguen.
Te amo más que ayer. –R»

Doblo la nota y me la guardo en el bolsillo del pijama como si fuera oro.
Después bajo a la cocina arrastrando los pies encontrándome con el caos habitual:
Kai con su cara de “ya quiero que sea viernes” y traje gris impecable, Ren, mi mellizo está robando el último croissant y haciéndome gestos obscenos con él mientras que Ayla está saltando con su uniforme del instituto y cantando el opening de turno mientras se pone los zapatos.

—¡Sora! —Ayla se me lanza encima—. ¡Rin ya se fue a salvar el mundo otra vez?

—Algo así —contesto, revolviéndole el pelo—. Y deja de llamarlo “Rin” delante de papá o te deshereda.

Kai levanta la vista del celular.

—¿Entonces es oficial? ¿Se quedan aquí hasta nuevo aviso?

—Hasta que Rinto tenga todo controlado, sí ya que papá puso seguridad 24/7 y dijo que la casa es territorio Kyo hasta nuevo aviso.

Ren me pasa un café.

—Mientras traiga donuts, puede quedarse para siempre.

Salgo a las 8:05 en mi coche que papá me regaló cuando saqué el carnet.

Llego a la universidad y aparco en mi plaza reservada. Ahí está Nao esperándome, apoyado en la puerta del auditorio con su mochila colgando de un hombro y esa sonrisa de diablillo beta que lleva causando estragos desde primero.

—¡Kyo Sora, desaparecido del mapa! —grita en cuanto me ve—. ¡Tres días sin contestar mensajes! ¡Ven aquí que me cuentes todo antes de que me dé un infarto dramático!

Lo arrastro al banco de siempre bajo el cerezo y se lo suelto todo:
El intento de golpe del padre de Rinto, el moretón, la junta de ayer, la renuncia en noventa días, Enigma Tech, el departamento de 75 m², la conversación de anoche en la que Rinto intentó darme una “salida digna” por si yo quería quedarme en la mansión…

Cuando termino, Nao tiene los ojos como platos.

—O sea… tu marido le dijo al consejo entero “me largo, pero con dignidad y con mi omega” Sora, esto es igual que un k-drama de los caros, estoy llorando y aplaudiendo al mismo tiempo.

—Idiota —me río, pero se me escapan las lágrimas igual.

Las clases pasan rápido entreComercio Internacional II, tareas de Finanzas Corporativas, un taller de negociación. Todo normal, casi me creo que la vida volvió a ser aburrida.

--------------

El sol estaba demasiado brillante para mi estado mental lo odié un poco, debería estar nublado, lloviendo, o con un huracán encima, no sé… algo que coincidiera con la estupidez de día que estaba teniendo.

El mensaje seguía en mi teléfono como si se burlara de mí:

“Su traje de ceremonia está listo para la última prueba. Puede pasar hoy antes de las 4 p.m.”

Cerré la pantalla.
Respiré.
Conté hasta diez.

No sirvió.

Ajusté la correa de mi mochila, salí por la puerta grande de la facultad, y mientras caminaba hacia el estacionamiento, me di cuenta de que mis manos estaban sudando.

Qué horror.

—Sólo es un traje —murmuré—. Un pedazo de tela caro nada más.

Pero obviamente no era “nada más”.

Ese traje… era la última pieza que quedaba del desastre que se suponía sería mi boda.
Nuestra boda y ahora… bueno, ahora había un 90% de probabilidades de que jamás se usara. No era algo que pudiera decir en voz alta sin que me diera taquicardia, así que mejor no lo pensaba demasiado.

O eso quería.

---

El camino al establecimiento se me hizo eterno, aunque solo eran veinte minutos. Cuando llegué, el aire fresco del lugar me pegó en la cara, oliendo a tela nueva, a perfume suave y a dinero.

Sonreí con educación pero de esas sonrisas que me duelen.

Una dependienta salió de atrás del mostrador, una mujer elegante, con el cabello recogido y un bloc en la mano.

—¡Señor Kyo! —dijo como si yo fuera importante—. Qué gusto verlo, su traje está listo para la prueba final ¿Desea pasar al probador?

—Sí… claro —respondí.

Mi voz sonó normal pero mi corazón no.

Me llevó a un espacio amplio, con espejos por todos lados. El traje colgaba en su funda negra, impecable, parecía más perfecto de lo que yo merecía en ese momento.

—Aquí está —dijo ella—. Fue ajustado según las medidas que tomó la última vez, estoy segura de que quedará perfecto para el gran día.

“¿Gran día?”

Ay, por favor.

Asentí con una sonrisa que probablemente se veía más comprimida que natural.

Entré al probador mientras me cambiaba en silencio.

Cuando me puse la chaqueta y cerré los botones, el aire se me atoró en la garganta.
Me quedaba perfecto.
Ridículamente perfecto.

No sabía si reír o llorar.

Salí.

La dependienta puso las manos juntas, emocionada.

—¡Oh! Le queda maravilloso, señor Kyo.La silueta le favorece muchísimo. ¿Qué le parece?

—Eh… bien —dije—. Me gusta.

No era mentira, la parte dolorosa es que me gustaba demasiado.

Ella se acercó a revisar detalles: hombros, mangas, el largo del saco.

—¿La ceremonia será de noche o de día? —preguntó.

—De… —me quedé en blanco— de noche.

—Perfecto. ¿Será un evento grande? Su pareja había solicitado varios ajustes propios de una boda formal.

“Mi pareja.”

Tragué saliva con fuerza.

—Algo así —respondí.

Ella sonrió, ajena a absolutamente todo.

—Debe estar emocionado.

—Ah… sí, claro.

Mentira, me sentía como si me hubieran cambiado por dentro sin avisarme.

La dependienta siguió con las preguntas como si no fuera consciente de mi rostro y las miles de expresiones que tenía en este momento.

—¿La ubicación ya está definida?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.