Un desastre elegido

33

⚠ Advertencia de capítulo extra ⚠

Antes de comenzar quiero dejar una pequeña aclaración sobre este capítulo.

Este es un capítulo extra +18 y contiene una escena un poco más subida de tono de lo habitual dentro de la historia. No afecta el desarrollo principal de la trama, así que si este tipo de contenido no es de su agrado o simplemente prefieren omitirlo, pueden pasar directamente al siguiente capítulo sin problema porque no se perderán información importante para continuar con la lectura.

También quería mencionar que es la primera vez que escribo una escena de este tipo, así que les pido un poquito de paciencia conmigo jaja.

Dicho eso, espero que quienes decidan leerlo lo disfruten.

—————————————

Sus manos, que antes se habían quedado quietas en mis caderas, empezaron a moverse.

El beso se volvió más profundo, más lento, más hambriento mientras aún seguía a horcajadas sobre él, con las rodillas hundidas en el colchón, pero ya no era yo quien llevaba el control.

Rinto inclinó la cabeza y me besó como si estuviera saboreando algo que había esperado demasiado tiempo. Su lengua rozó la mía y solté un gemido bajito, casi avergonzado, que se me escapó sin permiso.

Las yemas de sus dedos calientes contra la piel baja de mi espalda, justo donde terminaba la camiseta, las sentí deslizarse hacia arriba, lentas, como si estuviera memorizando cada centímetro. Subieron por mi columna, separando la tela, rozando las costillas una por una, sintiendo como cada roce me hacía temblar, era como si mi piel se despertara de golpe, como si cada nervio estuviera conectado directamente a mi estómago, que se apretaba y se soltaba en oleadas calientes.
—Sora… —murmuró contra mi boca, la voz ronca, casi rota—. Dios… hueles tan dulce.
Mi aroma se había vuelto espeso, casi empalagoso, y sabía que él lo estaba respirando como si fuera oxígeno. No pude responder; solo jadeé contra sus labios y me apreté más contra él.

Sus manos siguieron subiendo, solo que ahora ya no eran solo las yemas; eran sus palmas enteras, anchas y calientes, recorriendo mi espalda hasta llegar a los omóplatos. Me apretó allí, atrayéndome más cerca, y sentí cómo sus pulgares trazaban círculos lentos justo debajo de mis hombros.

El toque era firme pero suave, como si estuviera conteniéndose y al mismo tiempo no pudiera. Bajaron un poco, solo para volver a subir, esta vez por los costados, rozando la curva de mis costillas otra vez, más arriba, hasta que sus dedos llegaron al borde de la camiseta y la empujaron hacia arriba con una lentitud tortuosa.La tela se arrugó bajo sus manos, sentí el aire fresco en mi piel expuesta y luego el calor de sus palmas cubriéndome las costillas , ahora sin nada en medio, sus manos siguieron subiendo hasta que sus pulgares rozaron justo debajo de mis pectorales, tan cerca que mi respiración se cortó.

Me arqueé sin darme cuenta, buscando más.
—Rinto… —susurré, la voz temblorosa—. No pares… por favor, no pares.
Él soltó un gemido grave contra mi boca y me besó más fuerte, casi como si estuviera desesperado.

Sus manos siguieron explorando, subiendo hasta mis hombros, empujando la camiseta más arriba todavía. Una de ellas se quedó allí, sosteniéndome por la nuca, mientras la otra bajaba otra vez, lenta, por mi pecho, rozando un pezón con el dorso de los dedos. El toque fue tan ligero y al mismo tiempo tan eléctrico que solté un sonido ahogado, mitad gemido mitad súplica, y me estremecí entero encima de él.

Sentí que me derretía literalmente Como si mis huesos se hubieran vuelto miel líquida y todo mi cuerpo solo supiera responder a él. Cada caricia me hacía sentir deseado de una forma que nunca había sentido: no como algo frágil, no como algo que había que cuidar si no como algo que él quería devorar, pero con todo el cuidado del mundo y entonces Rinto dejó de contenerse.

Con un movimiento fluido, casi brusco comparado con todo lo anterior, me giró y me acostó sobre la cama.

Mi espalda golpeó las sábanas con suavidad y él quedó encima de mí, entre mis piernas, apoyado en un codo para no aplastarme.

Sus ojos estaban oscuros y su respiración era pesada.
—Sora… —dijo, la voz entrecortada—. Dime si…
—No —lo corté, tirando de su camiseta hacia abajo para besarlo otra vez—. No me preguntes. Solo… tócame.
Rinto soltó un sonido que sonó casi como un gruñido y bajó la cabeza. Su boca dejó mis labios y fue directo a mi cuello, besándolo como antes, pero ahora sin ninguna contención.

Sus labios eran calientes al igual que su lengua, dejando un leve roce de dientes justo donde latía mi pulso, gemí más fuerte, inclinando la cabeza para darle más espacio, sus manos no se quedaron quietas: una bajó por mi costado, la otra subió por mi pecho, rozando otra vez ese punto sensible que me hacía arquearme.

Su boca trazó un camino lento por mi clavícula, besando, chupando suave, dejando pequeñas marcas que sabía que mañana vería en el espejo y me pondría rojo solo de recordar.

Llegó al borde de mi hombro, donde la camiseta ya estaba completamente caída, y la empujó más abajo con la nariz, besando la piel expuesta como si fuera algo sagrado y al mismo tiempo algo que quería marcar.
—Tan suave… —murmuró contra mi piel, la voz vibrando—. Tan jodidamente suave…
Su boca encontró mi pecho, y cuando sus labios se cerraron alrededor de un pezón, succionando suave, solté un gemido largo y tembloroso que ni siquiera intenté contener. Mis manos se metieron en su cabello, tirando sin querer, mientras mi cuerpo se arqueaba hacia él.

—Rinto… ah… sí… así…
Él no paró.

Siguió bajando, besando cada costilla, cada centímetro de piel que encontraba, como si estuviera descubriendo mi cuerpo por primera vez. Sus manos seguían el mismo camino: una subiendo por mi muslo, rozando la piel desnuda bajo el short, la otra acariciando mi cintura, manteniéndome pegado a él mientras que yo solo podía gemir su nombre, derretirme bajo su boca, sentir que cada toque, cada beso, cada roce lento me estaba deshaciendo por completo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.