Ni siquiera me acuerdo de haberme acomodado bien; solo me dejé caer en la cama con la ropa medio puesta, las piernas adoloridas y la cabeza tan cansada que sentía el cráneo hueco.
Cerré los ojos pensando que iba a desmayarme sin soñar nada, porque últimamente dormir era más una necesidad física que otra cosa pero soñe y lo peor fue que tardé mucho en darme cuenta de que era un sueño, porque todo se sentía demasiado normal.
Seguía en el club, o algo parecido. No estaba lleno ni vacío, simplemente estaba ahí, con esa música suave retumbando lejos y el olor mezclado de alcohol, perfume y el aire frío pegándose a la piel, estaba cansado también en el sueño, cansado como siempre, limpiando una mesa mientras pensaba en cuánto faltaba para poder sentarme cinco minutos entonces sentí ese aroma a mezcal, algo seco pero al mismo tiempo tibio, con ese fondo ahumado que ya mi cuerpo empezaba a reconocer antes que mi cabeza.
Levanté la vista y ahí estaba Ren, no me sorprendió verlo, y eso debería haberme dado una pista de que nada de esto era normal, pero en ese momento solo lo miré como si fuera lógico que él apareciera en medio del club a esas horas. Estaba demasiado cerca de mi mesa, con las manos en los bolsillos, observándome con esa calma irritante que tiene incluso cuando no dice nada.Recuerdo que fruncí el ceño, le pregunté qué hacía ahí, no sé si me contestó algo porque honestamente no puedo recordar las palabras exactas; solo recuerdo que se acercó mientras yo seguía viéndolo y que conforme reducía la distancia el olor a mezcal se me fue metiendo en la nariz hasta hacerme sentir mareado.Es ridículo cómo incluso dormido reaccioné así, quise seguir hablando, decirle que no podía estar ahí, que estaba trabajando, cualquier estupidez para poner una barrera, pero no me salió nada.
Ren se detuvo frente a mí, tan cerca que tuve que inclinar un poco la cabeza para sostenerle la mirada, y me observó de esa manera en que parece que está esperando que yo diga algo inteligente pero no dije nada, mi cuerpo entero estaba pendiente de lo cerca que estaba y entonces Ren me tocó la cintura solo apoyó una mano, no fue brusco ni desesperado ni nada parecido, simplemente la puso ahí como si fuera la cosa más natural del mundo tocarme, sostenerme, acercarme.Sentí un jalón horrible en el estómago.Fue esa clase de vacío que te deja sin saber si quieres retroceder o inclinarte más, debería haberme apartado porque en la vida real me habría apartado pero en el sueño no lo hice, me quedé quieto mientras su mano seguía firme en mi cintura y él se inclinaba apenas, lo suficiente para que nuestras caras quedaran a nada. Podía sentir su respiración en la boca, podía sentir cómo mi propio pulso se me subía a la garganta como si me estuviera ahorcando desde dentro.Recuerdo haber pensado algo como esto está mal y al mismo tiempo pensé no debía moverme. Ren me miró la boca, lo vi hacerlo y esa simple mirada me hizo temblar más que si me hubiera dicho cualquier cosa.
—Leo —me dijo.
Mi nombre sonó bajo, ronco, como si también él estuviera conteniendo algo.No sé por qué eso fue lo que terminó de romperme.Tal vez porque nadie dice mi nombre así.
Como si lo saboreara.
Como si significara algo.
Ren acercó la otra mano a mi cara y me sostuvo apenas la mandíbula, sus dedos estaban calientes, literalmente dejé de respirar.No hubo tiempo para pensar demasiado porque al segundo siguiente me besó y fue un beso real, no uno de esos que apenas rozan, fue lento al principio, como si me estuviera preguntando algo sin usar palabras, pero cuando no me aparté él profundizó más y yo sentí que el cuerpo completo me traicionaba porque le respondí, le respondí sin pensarlo.
Mis manos subieron solas a sujetarle la camisa y terminé acercándome más, como si mi propio subconsciente llevara semanas esperando hacer exactamente eso.Su boca estaba tibia, el aroma a mezcal me llenaba cada respiración.
Su mano en mi cintura apretó un poco más y yo… yo lo estaba besando de vuelta como un imbécil con ganas y eran demasiadas ganas.
Sentía el pecho ardiéndome, la cabeza vacía, las piernas flojas. Todo lo demás desapareció, no había música, no había trabajo, no había deudas, no había club solo estaba esa sensación absurda de tenerlo tan cerca y de que, por primera vez en no sé cuánto tiempo, alguien me sostenía como si realmente quisiera hacerlo.Eso fue lo peor del sueño, la sensación de sentirme querido aunque fuera por unos segundos inventados por mi cerebro.
Cuando Ren separó apenas la boca de la mía yo todavía seguía aferrado a su camisa.Me miró como si fuera a volver a besarme y quería que lo hiciera, lo quería tanto que hasta dormido me dio vergüenza admitirlo.
Entonces sonó la alarma.
Abrí los ojos de golpe, sentado en mi cama, con el corazón golpeándome tan fuerte que me dolía el pecho.Tardé varios segundos en entender dónde estaba, mi cuarto olía a humedad, ropa usada y encierro.
Nada de mezcal aunque yo seguía con la boca entreabierta intentando recuperar el aire como si de verdad me hubieran arrancado de algo.
Apagué la alarma de un manotazo, me pasé ambas manos por la cara.
—No puede ser…
Sentía calor en las mejillas, en el cuello, en las orejas.
Hasta las manos me sudaban, me quedé sentado mirando la pared como si me hubiera atropellado un camión.Acababa de soñar que Ren me besaba, no, era algo peor, acababa de soñar que Ren me besaba y yo lo besaba de vuelta como si llevara la vida entera esperando que pasara, no sabía qué me perturbaba más:
haber soñado con él…o haber despertado con la horrible sensación de que quería volver a dormir para terminarlo.
Agarré el celular casi por reflejo, todavía medio aturdido, más para ver qué hora era que por otra cosa.
4:12 a.m.
Fruncí el ceño.
La alarma seguía sonando porque la había dejado programada de costumbre, pero tardé unos segundos en recordar lo obvio:
estaba de vacaciones.
La cafetería del campus cerraba junto con la universidad, así que no tenía que arrastrarme hasta allá antes de amanecer ni fingir que era un ser humano funcional con dos horas de sueño. Mi primer turno del día era hasta el restaurante y eso no empezaba hasta después del mediodía.
Podía volver a dormir.
Esa idea me habría hecho feliz cualquier otro día aunque hoy no tanto, porque mi corazón seguía golpeando raro por culpa del sueño.