Un Desastre Inevitable

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⚠️ Advertencia de contenido

Este capítulo contiene una breve escena de cosificación y contacto físico dentro de un contexto de intercambio por dinero, además de referencias a abandono familiar e infidelidad. Aunque la escena no es explícita, puede resultar incómoda para algunos lectores.

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No debí haberme quedado congelado después de escuchar eso, probablemente cualquier otra persona habría reaccionado enseguida. Tal vez se habría levantado molesto mientras llamaba a Mina o le habría vaciado la bebida encima al cliente solo por atreverse a decir algo así tan tranquilo pero en lugar de todo eso simplemente me quedé sentado mirándolo.
Escuchando la música suave del club mezclarse con el tintinear de vasos y el aroma pesado de perfumes caros, y feromonas de alfas ricos que llenaban el aire como humo elegante.

El omega frente a mí seguía viéndose exactamente igual que siempre: relajado, con esa sonrisa pequeña y esa manera tranquila de hablar sobre música, películas o cosas absurdamente normales por eso mismo tardé tanto en procesar lo que acababa de decirme.

—…¿Puedes repetirlo? —pregunté al final, porque genuinamente pensé que había escuchado mal.

El apoyó el brazo sobre el respaldo del sillón, observándome sin presión. Su aroma olía era dulces pero también era un olor pesado de esos que dejan marca en las telas.

—Dije que podrías subir conmigo al VIP —repitió con calma—. No tiene que pasar nada que no quieras y yo cubriría una de tus deudas.

Mi pecho se apretó por aquellas palabras, así de fácil como si pudiera decirlo porque sí, como si el dinero que a mí me estaba rompiendo la espalda para él fuera apenas una cifra cualquiera.

Me quedé mirando la mesa. El hielo dentro de mi vaso ya estaba derritiéndose contrastando con mi corazón que latía demasiado fuerte y odiaba que mi mente siquiera estuviera considerando la idea porque antes no lo habría hecho probablemente me habría molestado tanto que quizá sí le habría pedido a Mina cambiarme de mesa. Antes todavía me quedaba orgullo suficiente para enojarme pero ahora… Ahora estaba cansado.
Cansado de Lia.
Cansado de las deudas.
Cansado de sentirme insuficiente.
Cansado de pensar en Ren cada cinco minutos.
Cansado de mirar mi celular esperando mensajes que ya no iban a llegar y sobre todo estaba cansado de sentir que todo lo que hacía seguía sin ser suficiente.

¿Qué perdía realmente?

La pregunta apareció sola y me dio miedo lo rápido que mi cabeza intentó responderla.
Ya había besado a alguien.
Ya había dejado entrar a alguien.
Ya me habían roto algo por dentro de todas maneras.
Entonces… ¿qué más daba?

Mis dedos se cerraron lentamente alrededor del vaso mientras intentaba ignorar el nudo en la garganta, aquel omega solo seguía observándome sin presionarme, casi parecía que el no me veía como un objeto, parecía genuinamente tranquilo como si creyera que me estaba ofreciendo ayuda y quizá lo estaba haciendo, para él esto era normal porque para la gente rica de este club subir a un VIP con alguien era tan cotidiano como pedir otra botella.
Levanté la mirada despacio.
—…Está bien —murmuré.

Ni siquiera reconocí mi propia voz.

El parpadeó apenas, como si no hubiera esperado que aceptara tan rápido. Luego asintió una sola vez y antes de que pudiera arrepentirme, levanté la mano buscando a Mina entre las luces cálidas del salón.
La encontré cerca de la barra revisando cuentas, cuando nuestras miradas se cruzaron hice una señal pequeña. Vi claramente cómo su expresión cambiaba apenas, Mina me conocía demasiado bien, sabía perfectamente que yo nunca aceptaba subir por eso por un segundo pareció a punto de acercarse a preguntar algo pero al final solo asintió despacio y eso fue peor porque nadie me detuvo, ni siquiera yo mismo.

Me levanté de la mesa sintiendo las piernas extrañas, como si no me pertenecieran del todo. El salón del club seguía igual de elegante, pero todo se sentía lejano. Escuchaba mis propios pasos sobre el piso oscuro mientras avanzaba hacia las escaleras privadas que llevaban a los cuartos VIP. Detrás de mí podía sentir al omega siguiéndome con calma, sin apresurarse, su aroma seguía pegándoseme a mi demasiado fuerte que me hacía sentir incómodo.
Subí los escalones lentamente, sujetándome del barandal más por nervios que por necesidad por un momento pensé en detenerme, dar media vuelta y decirle a Mina que había cambiado de opinión pero tan solo seguí caminando porque ya había aceptado y porque una parte horrible de mí quería demostrarse algo que ni siquiera entendía.

Al llegar arriba, Mina estaba esperándonos frente a una puerta negra con detalles dorados. Apenas me vio, sus ojos recorrieron mi cara demasiado rápido, como si estuviera buscando miedo, alguna duda o arrepentimiento y probablemente encontró todo eso junto pero aun así se recompuso enseguida y miró directamente al cliente.

—Ya conoces las reglas —dijo con ese tono profesional que usa cuando quiere sonar tranquila aunque esté molesta—. El contacto está permitido mientras el personal lo acepte pero nada más allá de eso.

El asintió con naturalidad.
—Entendido.

Mina abrió la puerta y él entró primero sin discutir. Antes de que yo pudiera hacerlo, ella me sostuvo suavemente de la mano. El gesto me sorprendió tanto que levanté la vista.

—Debajo de la mesa hay un botón de pánico —murmuró bajito para que solo yo escuchara—. Si te sientes incómodo, lo aprietas. No importa el motivo. ¿Entendido?

Asentí despacio.
No estaba seguro de por qué me daban ganas de llorar otra vez.

Entré al cuarto después de eso. Era amplio, pero no enorme, más íntimo que ostentoso. Las paredes tenían tonos rojizos oscuros y las luces tenues bañaban todo con una calidez artificial que hacía ver el lugar casi irreal. Había un sofá largo al centro, una mesa baja de vidrio y espejos decorativos ocupando parte del techo y las paredes laterales. No había música ahí dentro, ni ambientadores caros como en el resto del club solo las feromonas, las mías y las de él mezclándose lentamente en el aire cerrado.



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Editado: 28.06.2026

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