No entendía cómo demonios había terminado ahí.
Si alguien me hubiera dicho hace unos meses que estaría sentado en el restaurante donde trabajaba, del lado de los clientes, rodeado de un grupo de alfas ingenieros que hablaban demasiado fuerte mientras resolvían tareas imposibles… probablemente habría pensado que estaban burlándose de mí y aun así ahí estaba.
Sentado en una de las mesas largas del fondo con mi cuaderno abierto frente a mí mientras Cameron hablaba como si fuera el dueño del lugar, lo peor era que ni siquiera había ido por voluntad propia más bien ese omega literalmente me había interceptado saliendo de clases diciendo algo como “vas a socializar aunque te dé urticaria” y antes de que pudiera negarme ya me estaba arrastrando hacia el restaurante.
Al menos tenía suerte de no tener turno ese día porque a decir verdad no sabría cómo explicarle a mis compañeros por qué estaba sentado tomando apuntes junto a una manada de alfas gigantes que parecían discutir matemáticas como si fueran una guerra civil.
—Eso les pasa por empezar la tarea un día antes —dijo Cameron tranquilamente mientras bebía de su frappé.
—¡No todos vivimos obsesionados con el estudio como tú! —se quejó Dylan dramáticamente.
—Literalmente estudio menos que ustedes.
—Sí, pero tú sí tienes ganas de vivir.
Sean soltó una risa desde el otro lado de la mesa mientras revisaba algo en su laptop.
—No entiendo por qué se quejan tanto. Mi proyecto es solo entrevistar a alguien.
—Porque estudias comunicación —gruñó Marco—. Tu carrera parece creada para gente sociable y bonita.
Sean sonrió orgulloso.
—Y por eso Cameron me escogió.
—No te escogí. Te toleré hasta enamorarme.
Solamente escuchaba en silencio mientras intentaba concentrarme en mi tarea de contabilidad aunque no entendía la mitad de las cosas que hablaban, cada cinco minutos alguno soltaba términos sobre motores, programación o piezas mecánicas que sonaban como idioma alienígena pero curiosamente… no era incómodo aunque si muy ruidoso.
De hecho no sabía en qué momento había dejado de responder con monosílabos en algún punto terminé contestándole cosas a Dylan, luego a Marco incluso a Cameron que me estaba preguntando opiniones sobre profesores como si fuera completamente normal que estuviera ahí pero lo peor era que empezaba a sentirse… normal.
Ren todavía no llegaba no me atreví a preguntar el porqué pero podía sentir su ausencia en la mesa de una forma un poco ridícula.
Dylan miró la hora y soltó un quejido.
—Voy a pedir los cafés antes de morir.
Se levantó de la silla estirándose exageradamente mientras sacaba su cartera y antes siquiera de pensarlo hablé.
—El de Ren es americano sin azúcar pero con un poco de canela.
El silencio cayó sobre la mesa mientras parpadeaba confundido porque apenas me di cuenta de lo que acababa de hacer, todos me estaban mirando incluido Cameron que parecía estar teniendo una experiencia religiosa.
Sentí las orejas arderme.
—Yo… solo recordé…
Nadie dijo nada pero Dylan sonrió lentamente.
—Anotado.
Y simplemente se fue hacia la barra como si aquello fuera completamente normal mientras solo quería meterme debajo de la mesa fue justo entonces cuando un aroma cálido y familiar apareció haciendo que mi omega reaccionara antes que mi cerebro.
Levanté apenas la cabeza justo cuando Ren llegaba a la mesa con la mochila colgando de un hombro, se veía cansado e incluso más despeinado de lo normal y tenía un poco de grasa negra cerca de la muñeca como si hubiera estado trabajando en algo antes de venir.
Mi pecho hizo algo extraño apenas lo vi.
Ren saludó al grupo tranquilamente.
—Llegas tarde —dijo Marco.
—El profesor se puso a hablar media hora más.
Entonces sus ojos llegaron a mí, solo fueron unos segundos pero aun así sentí el golpe completo de su atención.
Ren inclinó apenas la cabeza hacia mí a modo de saludo.
—Leo.
—Hola…
Mi voz salió demasiado bajita por suerte nadie comentó nada.
Ren tomó el único asiento libre que curiosamente era a mi lado porque claramente Cameron había planeado eso desde el inicio.
El muy manipulador.
Ren sacó sus apuntes tranquilamente mientras Dylan volvía con la bandeja de cafés y comenzaba a repartirlos.
—Yo no pedí nada —dijo Ren apenas vio el suyo.
—No lo hice yo —contestó Dylan sonriendo divertido mientras dejaba el vaso frente a él—. Leo lo ordenó por ti.
El corazón casi se me salió del pecho, él giró apenas la cabeza hacia mí, así que fingí concentrarme muchísimo en mi cuaderno.
—…gracias —dijo al final.
Y luego tomó el café, dio un trago mientras se quedó quieto un segundo y después miró el vaso otra vez.
—Tiene canela.
—Porque así te gusta —solté sin pensar.
Otra vez silencio.
Dios.
Quería desaparecer.
Pero Ren solamente bajó un poco la mirada hacia el café y algo en su expresión pareció suavizarse apenas.
La conversación siguió después de eso aunque seguía muriéndome internamente cada tres minutos.
Marco llevaba como diez minutos maldiciendo en voz baja frente a su laptop mientras golpeaba la calculadora con frustración.
—No tiene sentido —gruñó pasando una mano por su cabello—. ¿Cómo demonios me da negativo otra vez?
—Porque eres malo en matemáticas —contestó Dylan sin despegar la vista de su celular.
—Estudio mecatrónica, imbécil. Todos somos malos en matemáticas.
—Eso explica demasiadas cosas.
Marco estuvo a punto de aventarle una servilleta pero al final solamente suspiró derrotado mientras giraba la laptop hacia Sean.
—Explícame esto antes de que abandone la universidad y me vaya al bosque.
Sean apenas miró la pantalla dos segundos antes de apartarla.
—Yo estudio comunicación, a mi me ponen a hacer entrevistas, no rituales satánicos con números.
La laptop terminó girando hacia Cameron.
—No.