Un Desastre Inevitable

27

No sabía exactamente en qué momento Ren se había vuelto tan terco, bueno, sí sabía, siempre lo había sido solo que antes me parecía adorable y ahora seguía pareciéndomelo aunque estuviera discutiendo conmigo como un niño que se niega a compartir sus juguetes.

—No.

—Ren.

—No.

Lo miré completamente incrédulo desde la cama mientras él seguía de pie frente al escritorio con los brazos cruzados y una expresión de absoluta indignación. Honestamente parecía ridículo, traía una sudadera gris mal puesta, el cabello todavía húmedo por haberse bañado rápido y unas ojeras horribles porque prácticamente llevaba una semana durmiendo mal por quedarse conmigo y aun así seguía discutiendo… conmigo solo porque quería que fuera a clases.

—Ya estoy mejor —intenté otra vez mientras acomodaba la manta sobre mis piernas—. Ya puedo moverme más.

Ren me miró como si acabara de escuchar la peor mentira del planeta.
—Ayer intentaste levantar un vaso y casi lloras.

—No lloré.

—Tus ojos estaban aguados.

—Porque me dolió.

—Exactamente.

Solté un suspiro cansado mientras me dejaba caer otra vez contra las almohadas. Las costillas seguían molestando bastante y todavía tenía el cuerpo lleno de moretones amarillos y morados, pero honestamente ya no me sentía tan destruido como los primeros días, además no quería que Ren siguiera perdiendo clases por mi culpa.

Eso me hacía sentir horrible porque él parecía no entender que tenía una vida aparte de cuidarme.
—Ren, llevas una semana aquí encerrado.

—Y sobreviví increíblemente.

—No puedes seguir faltando.

Él simplemente hizo una mueca.
—Claro que puedo.

—Ren.

—Leo.

—Ren.

—Leo.

Lo dijo exactamente con el mismo tono que yo y eso me hizo apretar la boca intentando no reírme, era desesperante aunque lo era más que incluso discutiendo seguía siendo… él.

Al final terminé suspirando derrotado antes de extender las manos hacia él.
—Ven aquí.

Ren me miró desconfiado.
—Eso suena sospechoso.

—Solo ven.

Tardó unos segundos pero finalmente caminó hacia la cama todavía con cara de no confiar en mí. Apenas estuvo lo suficientemente cerca lo tomé de las manos, sus dedos estaban tibios y un poco ásperos por trabajar tanto con herramientas.

Sentí el corazón acelerarse un poco igual que siempre.

Qué ridículo.

—Si vas a clases… —murmuré intentando sonar serio— te concedo un deseo.

Ren parpadeó para luego entrecerrar los ojos.
—¿Cualquier deseo?

La forma en que lo dijo me hizo sentir calor en la cara inmediatamente.
—Depende del deseo.

—Mmm…

Se quedó pensando exageradamente mientras me observaba como si estuviera evaluando un trato importante.Honestamente parecía un niño negociando dulces.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero solo si prometes descansar.

Asentí enseguida.
—Prometo descansar.

—De verdad.

—De verdad.

Ren me observó unos segundos más claramente intentando decidir si confiar en mí era una buena idea. Después suspiró resignado.
—Bien pero si regreso y estás intentando limpiar algo o caminando solo por la casa voy a encerrarte en esta cama.

No pude evitar reírme bajito.
—Eso suena ilegal.

—Y aun así lo haría.

Finalmente pareció darse por vencido porque se inclinó hacia mí dejando un beso suave sobre mi frente. Sentí automáticamente el aroma de sus feromonas rodearme un poquito más y siendo sincero ya me había acostumbrado demasiado a eso.

—No tardo —murmuró.

Asentí mientras lo veía tomar su mochila y salir del cuarto, apenas la puerta se cerró… el silencio volvió.

Me quedé recostado mirando el techo durante un rato intentando acostumbrarme a la idea de estar solo otra vez aunque fuera unas horas. La habitación seguía oliendo a Ren por todas partes, la almohada, las cobijas, incluso la sudadera que había dejado tirada sobre la silla era extraño lo rápido que me había acostumbrado a compartir espacio con alguien, antes odiaba que invadieran mi espacio personal pero ahora el silencio se sentía raro, aún así intenté relajarme. Cerré los ojos un momento mientras escuchaba los sonidos apagados de la casa.

La tranquilidad duró exactamente veinte minutos porque después tocaron la puerta.

Me incorporé un poco como pude mientras veía entrar a Itsuki con un vaso de agua y mis medicamentos en la mano.
—Buenos días, dormilón.

Su voz seguía siendo suave incluso tan temprano. Entró usando un suéter enorme color crema y el cabello rubio ligeramente recogido, todavía con esa imagen cálida que hacía que toda la casa pareciera más tranquila automáticamente.

—Ren dijo que todavía no tomabas esto.

Hizo un pequeño movimiento con las pastillas, me sentí un poco avergonzado porque sí las había olvidado.…Otra vez.
Intenté sentarme mejor pero apenas hice fuerza una molestia horrible atravesó mis costillas, Itsuki enseguida dejó el agua sobre la mesa y me ayudó a acomodarme sin siquiera preguntar.
—Gracias… —murmuré mientras tomaba las pastillas.

—De nada, corazón.

Corazón.
Todavía no me acostumbraba a que me hablara así.

Tragué los medicamentos con agua intentando ignorar el pequeño nudo raro que se formaba en mi pecho cada vez que esa familia me trataba con cariño.

Itsuki se sentó en la silla que Ren normalmente usaba junto a la cama.
—¿Cómo te sientes hoy?

Me quedé pensando unos segundos antes de responder honestamente.
—Menos horrible.

Eso lo hizo reír bajito.
—Eso ya es un progreso.

Lo observé en silencio un momento. Siempre se veía tranquilo. Incluso ahora tenía esa expresión relajada de alguien que realmente sabía escuchar a los demás y comenzaba a entender por qué Ren acudía tanto a él.

Itsuki apoyó el mentón sobre una mano mientras me observaba.
—¿Ya dejó de actuar como guardia de seguridad paranoico?



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Editado: 23.07.2026

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