⚠️ Advertencia de capítulo ⚠️
¡Hola!
Antes de comenzar quería dejar una pequeña advertencia.
Este capítulo contiene una escena +18 aproximadamente a la mitad. Dicha escena estará claramente señalada para que quienes prefieran omitirla puedan hacerlo sin ningún problema.
Quiero aclarar que esta parte no es indispensable para entender la trama, por lo que pueden saltarla.
Como siempre, lean únicamente aquello con lo que se sientan cómodos.
¡Ahora sí, disfruten el capítulo! ♡
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Me desperté con una sensación extraña pero no era dolor, ya que mis costillas ya casi no protestaban al respirar y los moretones se habían vuelto manchas amarillentas que apenas se notaban.
Tampoco era tristeza porque la noche anterior había sido perfecta de una forma que aún me costaba creer: había cenado con la familia de Ren y, después, me había llevado a su habitación y me había abrazado como si fuera lo más natural del mundo y sin embargo, esa mañana algo se sentía fuera de lugar.
Me quedé unos segundos mirando el techo. La habitación olía intensamente a Ren, su aroma estaba impregnado en las almohadas, en las sábanas, incluso en la camiseta que había usado para dormir, usualmente ese olor me calmaba al instante pero hoy se sentía casi… demasiado.
Respiré hondo varias veces, intentando convencerme de que solo estaba cansado.
Ren ya no estaba, su lado de la cama estaba frío. Debía haberse ido hace rato a clases.
Me levanté despacio y fui a ducharme. El agua caliente aflojó un poco la tensión de mis hombros, pero no logró quitarme esa molestia sorda bajo la piel.
Al abrir el clóset volví a enfrentarme a la ropa de Sora. Elegí un suéter lavanda y un pantalón claro. Me quedaban bien, pero seguía sintiendo que llevaba puesta una versión prestada de mí mismo como si aún no terminara de creer que alguien podía compartir sus cosas sin esperar nada a cambio.
Bajé a la cocina e Itsuki ya estaba preparando el desayuno. Su aroma a pino suave y cálido llenaba el espacio, mezclándose con el café y el pan tostado.
Al verme, sonrió con esa serenidad que parecía nunca abandonarlo.
—Buenos días, Leo.
—Buenos días.
Me observó apenas un segundo más de lo normal pero eso fue suficiente para notar que algo no estaba bien.
—¿Dormiste bien?
Asentí mientras me sentaba.
—Sí.
Era una mentira a medias porque si había dormido muchas horas, pero desperté con el cuerpo pesado y con mi mente intranquila.
Itsuki no insistió, solo colocó un plato frente a mí y me revolvió el cabello con cariño antes de volver a la estufa, ese gesto tan simple me sacó una sonrisa involuntaria.
Desayunamos entre conversaciones ligeras pero antes de que me fuera, Itsuki me entregó mi caja de almuerzo.
—Si te sientes cansado, me llamas, ¿sí?
Asentí.
Quise decirle que me sentía extraño, pero ni yo mismo sabía cómo explicarlo así que solo le di las gracias y salí rumbo a la escuela.
Las clases pasaron con normalidad. Tomé apuntes, respondí preguntas, incluso participé más de lo habitual, todo parecía igual que siempre y, aun así, esa inquietud no se iba, era como una corriente eléctrica baja recorriéndome por debajo de la piel. Una vocecita insistente que repetía que algo no estaba bien.
Cuando llegó la hora del almuerzo, mis pasos me llevaron automáticamente a nuestra mesa de siempre. Cameron, Dylan, Marco y Sean ya estaban ahí pero no Ren.
El asiento vacío me produjo una punzada inmediata en el pecho, Cameron levantó la mano para saludarme.
Me senté, aunque mi mirada volvía una y otra vez al lugar vacío.
—¿Y Ren? —pregunté, intentando sonar casual.
—Se fue hace un rato —respondió Cameron—. Dijo que no se sentía bien.
Sentí que algo dentro de mí se tensaba.
—¿No se sentía bien?
—Se le veía pálido —añadió Sean.
Mis dedos se cerraron con fuerza alrededor del borde de la mesa.
—No me dijo nada.
La frase salió más baja y dolida de lo que pretendía, Cameron me miró con atención, pero no comentó nada.
Intenté comer, pero la comida sabía a nada. La preocupación había crecido hasta convertirse en un nudo constante en el estómago.
Lo llamé antes de entrar a mi turno en el restaurante.
El teléfono sonó más tiempo de lo normal pero cuando por fin contestó, su voz sonaba grave y rasposa.
—¿Leo?
Me detuve en seco en mitad de la banqueta.
—Ren, ¿estás bien? Cameron me dijo que te sentiste mal.
Hubo un silencio pero luego escuché movimiento de sábanas y una respiración pesada.
—Solo necesito descansar —respondió—. No te preocupes.
—Puedo ir a verte.
—No.
La negativa fue rápida y firme pero luego su tono se suavizó:
—Ve a trabajar. Hablamos después.
—Ren…
—Estoy bien, Leo, en serio.
Colgó antes de que pudiera insistir.
Me quedé mirando la pantalla, con el corazón latiendo demasiado fuerte pero no era por lo que había dicho sino cómo lo había dicho como si estuviera poniendo una distancia suave pero deliberada entre nosotros.
El resto del turno lo hice en piloto automático. Sonreía, tomaba órdenes, limpiaba mesas pero mi mente estaba en otra parte, en él, en su voz cansada, en la forma en que me había apartado pero cuando por fin terminé, salí casi corriendo del restaurante.
Durante todo el camino a casa, mi corazón latía con fuerza solo quería llegar y verlo para comprobar con mis propios ojos que estaba bien.
En cuanto abrí la puerta de la casa, el aroma me golpeó.
Mezcal.
Pero no era el aroma cálido y familiar de siempre, este era denso, pesado, tan cargado que me tambaleé un paso hacia atrás. Mis feromonas reaccionaron al instante, volviéndose más dulces y agitadas.
Di dos pasos hacia las escaleras.
—Leo.
La voz de Itsuki me detuvo.