Un desastre perfecto

En otra vida

AAAAA 10K 😭💛
Perdón, tenía que dejar esto aquí porque todavía no proceso que llegamos a las 10,000 lecturas. Muchas gracias por seguir entrando a esta historia, por leer, comentar, votar o simplemente acompañarla en silencio.
Me hace muchísima ilusión saber que estos personajes han llegado a tantas personas. 🥹

Ahora sí, prometo dejar de gritar y los dejo leer. JAJAJA. ♡

———————————

El sol era cálido, mirándolo desde aquella pequeña montaña, recordé la razón por la que

había decidido mudarme desde tan lejos.

Había muchas cosas que me gustaban de este lugar, pero si tuviera que elegir solamente

una, probablemente sería esta vista.

Mi mirada cayó a un costado, donde descansaba una pequeña canasta tejida. No era

precisamente la más bonita; tenía uno que otro hilo saltado y una de las asas comenzaba a

verse un poco desgastada, pero eso no era lo importante. Lo verdaderamente importante

estaba dentro.

Envuelto cuidadosamente en una manta descansaba el pan que había horneado aquella

mañana. Me había esforzado especialmente con él, incluso más de lo que estaba dispuesto

a admitir. Quería que, al morderlo y encontrarse con el relleno, sintiera algo parecido a lo

que yo sentía cada vez que contemplaba aquel atardecer aunque, conociéndolo, dudaba

mucho que se detuviera a saborearlo durante más de dos minutos antes de tragárselo

prácticamente entero.

Sonreí solo de imaginarlo.

Aquel hombre podía tener muchas cualidades, pero comer con delicadeza definitivamente

no era una de ellas.

Volví a mirar el camino que ascendía por la montaña.

Todavía no llegaba.

—Como vuelvas a decirme que los caballeros siempre tienen cosas importantes que hacer,

esta vez me comeré tus panes yo mismo —murmuré.

Aunque sabía perfectamente que no lo haría porque los había preparado para él.

El sonido de unos pasos apresurados me hizo volver la vista hacia el camino. A lo lejos, una

silueta comenzaba a dibujarse entre los últimos rayos del sol y, conforme se acercaba, sus

facciones se volvían cada vez más claras.

Era él.

No pude evitar sonreír.

Llevaba los mismos pantalones rotos que ya me había ofrecido a reparar al menos tres

veces y que, por alguna razón que jamás conseguía explicarme, se negaba a entregarme.

Los acompañaba con una camisa de lino de manga larga que, milagrosamente, seguía

intacta. Según él, la armadura que utilizaba durante el día ayudaba a protegerla, aunque yo

comenzaba a sospechar que simplemente tenía una habilidad extraordinaria para destruir

cualquier prenda que estuviera por debajo de su cintura.Su rostro se iluminó con aquella preciosa sonrisa de la que me había enamorado aquella

tarde.

¿Cuánto tiempo había pasado ya?

¿Seis meses? ¿Siete?

No estaba completamente seguro.

Lo único que recordaba con absoluta claridad era la primera vez que lo había visto en aquel

mercado.

Apenas llevaba unas semanas viviendo en el pueblo y todavía estaba acostumbrándome a

todo. Había conseguido un pequeño local para la panadería y, como el dinero que me

quedaba después de pagar el alquiler no era precisamente abundante, había decidido

montar un puesto en el mercado para vender lo que sobraba al terminar el día.

Un par de hogazas, algunos panecillos dulces y unas cuantas piezas que había preparado

con frutos que comenzaba a aprender a utilizar y entonces apareció él.

Recuerdo haber pensado que era demasiado guapo para estar mirando mis panes con

tanta seriedad.

Se había detenido frente al puesto con el ceño ligeramente fruncido, observando cada pieza

como si estuviera tomando una decisión capaz de alterar el destino del reino.

—Puedes preguntar —le dije después de varios minutos.

Sus ojos se alzaron hacia mí, eran bonitos. Demasiado bonitos.

—¿Preguntar qué?

—Lo que sea que llevas tanto tiempo intentando decidir.

Volvió a mirar los panes.

—Cuál es el mejor.

—Todos.

Me miró nuevamente.

—Eso diría alguien intentando venderlos.

—Y eso preguntaría alguien que no sabe elegir pan.

Creí que se molestaría pero en cambio, soltó una carcajada, una bastante fuerte, para ser

sincero que incluso varias personas voltearon a verlo y yo me quedé observándolo,

preguntándome qué podía haber dicho que resultara tan gracioso.—Entonces elige tú —dijo finalmente.

—¿Para ti?

Asintió.

Lo observé un poco más.

Era alto. Alfa, definitivamente; ni siquiera necesitaba acercarme demasiado para saberlo.

Tenía el cabello ligeramente desordenado y algunas marcas en las manos que me hicieron

pensar que estaba acostumbrado a sujetar una espada.

Así que escogí una de las piezas más grandes.

—Esta.

La tomó.

—¿Por qué?

—Porque tienes cara de comer mucho.

Volvió a reírse y quizá debería haberme parecido extraño que un desconocido se quedara

conversando conmigo durante casi media hora después de comprar un solo pan pero no lo

hizo.

Tampoco me pareció extraño que regresara al día siguiente.

Ni al siguiente.

Ni dos días después.

Al principio compraba algo diferente cada vez.

Después comenzó a preguntar por mí cuando no estaba atendiendo el puesto y

eventualmente dejó de fingir que iba por el pan.

La primera vez que me invitó a caminar con él después de cerrar la panadería, acepté.

La segunda también.

Para la tercera ya estaba esperando que lo hiciera y en algún punto entre aquellas

caminatas, las conversaciones que parecían no terminar nunca y su costumbre de aparecer

justo cuando yo comenzaba a preguntarme si lo vería aquel día, Rikuya había dejado de ser

aquel alfa extraño que compraba demasiado pan y se había convertido en alguien a quien



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En el texto hay: omegaverse, confusion, chicoxchico

Editado: 01.09.2026

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