Un deseo sorpresa

Capítulo 15: Skyler

La semana ha sido larga y productiva. También algo incómoda, porque sin dudas me embriagué y metí la pata.

No recuerdo cómo llegué a mi casa y tengo recuerdos borrosos de aquella noche. Apenas flashes cruzándome con Brody Campell y él ayudándome a llegar. Incluso creo que dije cosas que no debía, aunque no puedo estar segura de qué cosas.

Supe que no fue mi imaginación cuando el lunes me preguntó cómo estaba de la resaca. Casi me atraganté con el café. Desde entonces lo he evitado a toda costa.

No me atreví a preguntarle si dije algo inapropiado, como que me parece atractivo o que tengo un apodo para él. No mencionó nada, lo cual puede significar dos cosas: o es demasiado educado o realmente no le dije nada.

Algo tengo claro y es que no vuelvo a beber de esa manera, haciendo mezclas que ni el demonio puede dominar.

Donny me dijo que los abandoné, pero no supo decir si me fui sola o acompañada. Él estaba igual de ebrio, junto con su novia y la otra pareja. Tan ebrios que terminaron durmiendo en el auto porque ninguno podía manejar y no querían dejarlo en el estacionamiento.

Por suerte, pude trabajar desde casa e ir a la oficina solo cuando era necesario, lo que me permitió evitar al jefe. Lo crucé un par de veces; en dos ocasiones parecía que quería decirme algo, pero alguien lo interrumpía y yo aprovechaba para huir.

Prefiero no saber qué tiene que decirme. Si fuera algo relacionado con el trabajo, me lo diría directamente o enviaría un correo.

¿Por qué tuve que cruzármelo justo a él? ¿Qué hacía en ese bar y no en su casa con su hija? Bueno, esa pregunta es tonta. Tener una hija no le prohíbe salir de vez en cuando. Tiene derecho, solo… ¿por qué justo a ese bar? ¿Acaso el destino intenta decirme algo?

Empujo la puerta de la editorial y avanzo con pasos rápidos y sigilosos, como si fuera una fugitiva profesional. Miro en todas direcciones antes de salir del pasillo hacia mi escritorio, cuidando que ningún movimiento sospechoso delate la presencia del jefe hemorroide.

Juro que si lo veo, me meto debajo del carrito de limpieza y me quedo ahí hasta que cierre el edificio.

Justo entonces escucho pasos firmes en el pasillo y mi corazón se acelera.

No, por favor. No puede ser él. No ahora.

Me pego a la pared, contengo la respiración y asomo solo medio ojo para confirmar si es Brody Campell mientras el sonido se acerca más.

Ya estoy haciendo planes de escape como huir por la ventilación, el ascensor o saltar por la ventana si es necesario, cuando alguien toca mi hombro. Doy un respingo.

—Por fin apareces, Sky… ¿por qué parece que estás huyendo de alguien? —dice Donny, riendo con una ceja levantada.

Me quedo congelada un segundo y luego exhalo un suspiro, llevándome una mano al pecho.

—Por poco me matas del susto. Pensé que era el jefe.

Donny me observa con esa mezcla de diversión y desconcierto que reservo exclusivamente para él.

—¿El jefe? ¿Te escondías de Campell?

—¿Te parece una locura? —suspiro—. No quiero que me vea hasta que la tierra me trague o llegue el lunes, lo que ocurra primero.

—Sky, se fue hace un momento y no creo que regrese, porque ya es tarde. Aunque, con él, nunca se sabe.

Relajo los hombros, aunque sigo mirando por encima de su hombro, por si acaso.

—Bien. Qué alivio. —Finjo serenidad mientras busco lo que necesito en mi escritorio con la mayor rapidez que me es posible.

Donny se cruza de brazos, divertido.

—¿Qué te hizo para que huyas de él?

—¿Y tú por qué sigues aquí? —pregunto para desviar la atención.

Donny me conoce lo suficiente para darse cuenta cuando no quiero hablar de algo. Él es inteligente para insistir.

—Me dio más trabajo y quiero terminarlo para poder descansar todo el fin de semana con Sandra.

Agarro la carpeta que necesito.

—Eso es lindo.

—Por cierto, le caíste muy bien y dice que puede presentarte a un amigo para que salgamos los cuatro juntos. Ama hacer de casamentera.

Hago una mueca de fastidio.

¿Acaso tengo un cartel en la frente que dice: “busco novio”? Todos quieren organizarme citas. Mis amigas, el vecino insistente y ahora Donny. Y justo cuando mi inspiración está en un buen momento.

Guardo la carpeta en el bolso y le sonrío a mi compañero y amigo.

—No, gracias. No tengo problema en salir con ustedes o ir de compras con Sandra, pero no quiero citas a ciegas —miro la hora—. Hablando de cita, tengo una justo ahora con un viejo amigo y debo apurarme.

—Interesante. ¿Quién es?

—Como si fuera a decírtelo.

Se ríe.

Me despido de él y abandono la editorial rápidamente, por si a Brody se le ocurre regresar.

Hoy es viernes y tendré un descanso hasta el lunes. Ya para entonces estaré más recuperada y podré enfrentarlo sin morir de vergüenza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.