Un Día más para Vivir

Introducción

El miércoles comenzó como un día cualquiera, de esos que uno cree eternos hasta que la tierra decide recordarnos quién manda. Mi esposo y yo fuimos a visitar a un hermano de la congregación, a ver una vaca en su campito. Nada especial. Todo era risas, luz de la tarde.

Llegamos después de llegar de que los hermanos a casa, nos pusimos ropa cómoda, los pies descalzos, una tarde tranquila como siempre.

Estábamos comiendo y n la se momento yo, como siempre, lenta; él, devorando la comida en segundos, cuando de repente… el teléfono sonó.

No fue una alarma cualquiera. Le pregunté a mi esposo, con la boca aún llena: "¿Qué alarma le pusiste al celular?". Se lo dí para que viera, y cuando él miró la pantalla, sus ojos se abrieron como platos. "Terremoto", dijo. "Cerca." Y sonó otra vez. Dos veces. Dos puñetazos al destino diría yo.

Salimos disparados. No hacia abajo sino que escaleras arriba, como alma que huye del infierno. Los dueños de casa también corrían, el piso vibraba bajo nuestros pies, el corazón se nos subió a la garganta y solo repetíamos: "Dios, Dios, Dios". Nunca, jamás, imaginé vivir algo así. Mi vida era normales pero escribir, y salir de la rutina, días felices, y en un segundo, ese día felices se convirtió en miedo, un miedo hondo, miedo a morir.

Cuando por fin llegamos a un lugar seguro, me derrumbé en el suelo. Sentada allí, vi cómo todo se sacudía, a mí alrededor. Solo miraba al cielo, hasta los mangos del jardín de la casa donde vivo alquilada. El mundo entero bailaba al ritmo del pánico. Todo tembló. Todo mi mundo cambió para siempre.

Ahora tengo miedo de dormir. De estar en casa. De escuchar un pitido. De quedarme quieta. Salgo corriendo al menor ruido. Estos días han sido una pesadilla despierta. Nada es seguro, nada se sostiene… salvo Él. Solo Dios mueve lo que nosotros no podemos ni tocar.

Escribo esto para sacarme el miedo, para ponerle nombre y rostro, para enfrentarlo con las manos temblorosas pero el alma firme. Sé que Dios es mi fortaleza, mi refugio, aunque el suelo baile bajo mis pies.

Fue el miércoles 24 de junio, a las 6:02 de la tarde. Un terremoto doble, con solo 39 segundos de diferencia, golpeó con furia varios estados de mi país. El más afecatdo: La Guaira. Pero aquí estamos, rotos pero de pie, respirando, llorando, viviendo. La vida continúa, pero ya no es la misma. Ahora llevamos una cicatriz nueva: la certeza de que solo Él puede sostener lo que tiembla.

Gracias por leer esto. Por estar ahí. Por no dejarme sola en este temblor.

Textos bíblicos.

Salmo 46:1-3

"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y los montes se traspasen al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza."

Ese miércoles, la tierra se movió bajo mis pies, pero Dios no se movió de mi lado. Cuando todo temblaba, Él era la única roca que no se quebraba. No temeré, aunque el suelo grite y las paredes bailen. Porque mi refugio no es de cemento, es de eternidad.

Hebreos 12:26-27

"La voz de Dios hizo temblar la tierra entonces, pero ahora ha prometido: «Aún una vez, y sacudiré no solamente la tierra, sino también el cielo.» Y esta palabra: «Aún una vez», indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inmovibles."

Ese terremoto no fue casualidad. Fue un recordatorio brutal de que todo lo que veo es pasajero: casas, muebles, planes, seguridades. Pero lo que no se mueve su amor, su promesa, su presencia eso permanece para siempre. El doble temblor me quitó el sueño, pero me devolvió la mirada fija en lo eterno.

Isaías 41:10

"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia."

Cuando salí corriendo escaleras arriba con el corazón en la mano, Él ya estaba allí. Cuando me senté en el piso viendo cómo el mundo se desmoronaba, Él me sostuvo por dentro. Hoy tengo miedo de dormir, pero no tengo miedo de morir. Porque su diestra no tiembla, aunque la tierra tiembla.

"El 24 de junio, a las 6:02, la tierra habló. Pero Dios respondió más fuerte. No con truenos, sino con paz en medio del caos. Ahora sé que el único terremoto que vale la pena temer es el que sacude mi alma para despertarla. Y ese, bendito sea Él, ya ocurrió. Aquí estoy, viva, con las piernas flojas pero la fe firme. Porque cuando todo se mueve, Él permanece. Y eso, mi queridos lectores, eso no lo mueve nadie."

Por eso me permiti como escritora que soy, que Dios permito. Para hacer esta relato corto. Espero me acompañen con los perso

najes y el drama vivido de esta escritora.




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