Delilah
Observo con horror la nota en mi hoja. Otra asquerosa y repugnante D. ¿Qué mierda? Me he quemado las pestañas para este examen. He olvidado las fiestas, ignoré los mensajes de mi novio y pasé dos semanas enteras encerrada en mi habitación con la nariz enterrada en los libros y apuntes.
¿Todo por una miserable D?
Las lágrimas pican mis ojos y miro desesperada a la profesora. Esto tiene que ser un error. Mi respiración empieza a aumentar y la habitación de repente se siente muy pequeña. Le prometí a mi padre que mis calificaciones mejorarían. Le prometí que lo haría sentir orgulloso.
Pero una vez más he vuelto a fracasar y no sé cómo reaccionará. ¿Usará el cinturón? O peor aún… ¿Usará sus puños? El pánico adormece mis sentidos y me quedo sin aliento. Ya puedo escucharlo gritar en mis oídos todo tipo de insultos. Darell Lancaster no aceptará este error.
—Oye, Dee… —pregunta Scarlett, mi mejor amiga—. ¿No es lo que esperabas?
Mis puños se aprietan alrededor de la hoja y mantengo mis ojos ansiosos en la profesora. Ella hace caso omiso de mi sufrimiento. Ella actúa como si no acabara de arruinar mi vida ahora mismo.
—¿Tú qué crees? —escupo, molesta al ver su flamante A en la hoja.
La chispa de envidia arde en mi pecho y agacho la cabeza. Ella no tiene la culpa de que sea una burra que no puede comprender lo suficientemente bien un texto. No es su culpa que sufra problemas de concentración. No es su culpa que mi padre me use como saco de boxeo cada vez que está molesto.
No tiene la culpa de que mi vida sea una mierda.
No tiene la culpa de que estudie una carrera que detesto.
No tiene la culpa de nada.
—Respira, Dee… —intenta consolarme—. Estoy segura de que la próxima vez te irá mejor. Podemos seguir estudiando juntas.
Me muerdo el labio para contener el llanto. Solo quiero hacerme una bolita y gritar hasta que mis pulmones colapsen.
—Lo aprecio, Scar, pero obviamente no está funcionando nuestro plan de estudio. Tengo que buscar otra alternativa. Contratar a un maestro particular que pueda lidiar con una cabeza hueca como yo.
—Hey… —Los ojos verdes de Scarlett brillan compasivos. Ella no sabe lo que sucede detrás de las paredes de mi casa. Nunca he tenido el valor de decírselo porque estoy demasiado asustada y avergonzada. Además, mi padre es poderoso y cruel. No voy a arriesgarla ni exponerla a su violencia—. Deja de insultarte. Eres más lista de lo que crees, Dee. Quizás… filosofía no es lo tuyo.
Efectivamente no… Mi padre es un prestigioso juez mientras que mi hermano mayor es abogado. Por supuesto que es inaceptable que me dedique al arte como lo es el baile. Si decido estudiar otra carrera que no sea leyes estaré acabada. Todos mis privilegios terminarán y me veré obligada a vivir en la calle. Sin apoyo financiero, sin techo, sin comida. Son capaces de empujarme a la muerte…
—Buscaré a alguien experto en el tema—me encojo de hombros, aparentando que no es gran cosa, pero en el fondo estoy temblando.
La mirada de Scarlett se ilumina y muerde la punta del bolígrafo antes de girarse lentamente en su asiento para mirar al chico sentado en la zona más aislada de la clase. Sé hacia dónde se dirige esto sin necesidad de que lo diga.
Ella está mirando a Jared Sinclair.
El cerebrito de la clase.
El que ni siquiera toma apuntes.
El que hace suspirar a todas las chicas del salón. Típico.
No tengo nada en su contra. No lo conozco, pero envidio su cerebro. El desgraciado aprueba todo sin el mínimo esfuerzo. Y aunque deteste admitirlo, es terriblemente guapo. Cabello oscuro, ojos grises y un cuerpo atlético que llama la atención en cualquier lugar que vaya. Un hombre como él puede dedicarse fácilmente al deporte. Fútbol americano, básquet, lo que sea. Es un misterio para mí que haya escogido derecho.
—No—digo—. De ninguna manera le pediré un favor al diablo.
Scarlett hace un mohín y juega con un mechón de su cabello castaño.
—¿Por qué no? —Se ríe—. Es la única solución a tus problemas. No serás la primera ni la última que le pide clases particulares al gran Jared Sinclair. Escuché que el equipo entero de futbol le pagan a cambio de que haga sus tareas.
Mastico mi labio inferior, debatiéndome si es buena idea o no. ¿Qué podría perder?
—No lo sé…
—Si quieres hablo por ti—Se ofrece—. Será la excusa perfecta para dirigirle la palabra a ese espécimen.
Pongo los ojos en blanco.
—No, está bien. Yo me haré cargo—suspiro—. Es mi problema, no tuyo.
Se encoge de hombros.
—Cómo prefieras.
Me giro despacio en mi asiento y lo observo con disimulo. Tiene la vista fija en la ventana como si estuviera demasiado aburrido del resto. Mi vista absorbe la forma en que su camiseta negra se aferra a sus músculos y las venas en sus brazos. Hace que mi novio Jim parezca un niño estúpido. Un momento… ¿Por qué los estoy comparando?
Me volteo antes de que note mi acoso y suelto el aliento que estaba conteniendo. Scarlett se ríe de mi reacción y eleva las cejas.
—¿Qué? —jadeo con las mejillas sonrojadas.
—Nada, nada—ríe—. Buena suerte con él, amiga.
🍁
Después de que la maestra Ellis confirmara que definitivamente mi examen ha sido un desastre, decido buscar a Jared Sinclair por la inmensa universidad de New York. Scarlett me dijo que duerme en la residencia estudiantil y que suele pasar tiempo en el gimnasio. No me sorprende. Se nota que le gusta mantenerse en forma.
Abrazo mis libros contra mi pecho y avanzo directamente hacia el campus. Mis tacones altos repiquetean en los pisos de adoquines. Los estudiantes caminan de un lado a otro, conversando entre ellos. Lo que más me gusta de la universidad es que aquí soy una más y puedo pasar desapercibida.
Aquí no soy la hija de Darrell Lancaster. Aquí solo soy una chica con sueños.
Editado: 31.03.2026