Un giro de 360°

Capítulo 5: Secretos Bajo la Luz de la Luna (Narrado por Kurama)

Haruhi. Haruhi. Haruhi.

Ese maldito nombre no ha dejado de taladrarme los sesos durante los últimos días. Se ha metido tan profundamente en mi cabeza que ha comenzado a desestabilizar mi rutina, mi paz mental y mis noches de sueño, al punto de hacerme sentir que estoy perdiendo la cordura.

El mismísimo día en que la conocí, aquel bendito día en el parque, mi mente cuadriculada de hombre acostumbrado al éxito inmediato solo pudo catalogarla como una de mis tantas conquistas futuras. Ni siquiera cuando me propinó aquel soberbio rechazo inicial me preocupé demasiado; era una dinámica conocida, me había sucedido en el pasado y siempre terminaba saliéndome con la suya. Pero verla plantada en la oficina de mi padre, enterarme de que poseía el cargo de supervisora y comprender que a partir de ese instante estaríamos obligados a trabajar codo con codo en la dirección general... aquello me dejó completamente anonadado. Recuerdo a la perfección el pensamiento arrogante que cruzó mi mente en ese segundo: «Bien, me voy a divertir muchísimo con ella».

Qué soberbioso fui. Apenas abrió la boca para marcar su territorio laboral, me dejó meridianamente claro que tratar con ella no sería una tarea sencilla, ni mucho menos sumisa. Esa personalidad tan ruda, fuerte, blindada y, paradójicamente, dotada de una gentileza infinita con los eslabones más débiles de la empresa, capturó poderosamente mi atención. Me fascinaba molestarla; adoraba contemplar cómo el rubor encendía sus mejillas o cómo sus ojos castaños me escaneaban con un odio contenido. Sí, esa era la palabra exacta: ella realmente me profesaba un odio profundo por mi faceta de mujeriego incorregible.

Pero vamos, ¿quién podría culparme de verdad? Soy un hombre poseedor de una fortuna incalculable, joven, exitoso y jodidamente sexi. ¿Qué mujer cuerda en este planeta no desearía compartir una noche conmigo? Crecí rodeado de todos los lujos y privilegios que una persona promedio podría ambicionar en su vida; jamás experimenté la carencia de nada. Formaba parte de una familia consolidada que me amaba, compuesta por mis hermanos, mis hermanas y mis padres. Y como era de esperarse, las mujeres jamás escasearon en mi trayectoria vital; las afortunadas que lograban capturar mi interés temporal se convertían en mi entretenimiento personal, por llamarlo de una forma pragmática.

Sin embargo, todas ellas terminaban siendo idénticas. Cortadas por el mismo patrón de interés. Solo me codiciaban por el peso de mi cuenta bancaria, por la influencia sociopolítica de mi apellido o por el beneficio colateral que pretendían extraer de mi cercanía. Pero ella... Haruhi.

Ella poseía un elemento completamente disruptivo, un enigma que no lograba descifrar pero que tenía la propiedad de volverme loco cada vez que compartíamos el mismo espacio. Despertaba en mí una necesidad casi biológica de importunarla, de retarla y de asegurar su cercanía a cualquier costo. Aquel día en el restaurante italiano, todavía no asimilaba la razón científica por la cual decidí seguir sus pasos; mis pies simplemente se movieron por cuenta propia, guiados por un impulso ciego. Y cuando la divisé sentada en compañía de ese muchacho, algo sumamente denso e incómodo se revolvió con violencia en las entrañas de mi ser. Para cuando logré retomar el control de mis actos, ya me encontraba instalado en su mesa, soltando la tremenda locura de que ella era mi amante. No tenía la menor idea de qué demonios estaba procesando mi cerebro en ese instante. Ni siquiera la pretendía para un rol de esa naturaleza... ¿o acaso sí?

Es decir, era más que evidente que Haruhi representaba a una mujer excepcional en toda la extensión de la palabra. Era trabajadora, dedicada y se notaba a leguas que había tenido que transitar por senderos sumamente complejos y dolorosos para forjar ese carácter indomable y protector. Además, era jodidamente hermosa. Poseía una anatomía espectacular, dotada de una cintura estrecha que desafiaba la lógica, unas piernas firmes que me robaban el aliento, un cabello sedoso y unas facciones que destilaban elegancia. Y su sonrisa... esa radiante, escasa y hermosa sonrisa capaz de iluminar la habitación más sombría.

«¡Reacciona de una buena vez, Kurama!», me reprendí mentalmente, sacudiendo la cabeza frente al monitor de mi computadora. «¿Qué clase de cursilerías estás balbuceando?»

Debía recordar que esa misma mujer me había dejado por completo a merced de aquel muchacho que fingió ser bisexual, permitiendo que pasara la vergüenza más grande de mi vida adulta solo para darme una lección. Esa chica de verdad me detestaba. ¿Por qué manifestaba esa barrera tan infranqueable? ¿Por qué se rehusaba con tanta vehemencia a permitir que un hombre formara parte de su existencia?

Mis cavilaciones fueron interrumpidas por el sonido de una notificación en el sistema informático. Un correo electrónico acababa de ingresar a mi bandeja de entrada:

De: Raúl Ramos

Asunto: Platicar

Buen día, Kurama. Quiero hacerte llegar mis más sinceras felicitaciones por tu reciente designación como director general de la firma. Espero de corazón que seas capaz de absorber valiosos conocimientos de este complejo entorno comercial, muchacho.

Ahora que te has incorporado formalmente a las ligas de la familia, me complacería enormemente que nos reuniéramos esta noche en compañía de otros socios comerciales de gran relevancia para tu padre, con el propósito de celebrar tu nombramiento y discutir ciertas estrategias de mercado que requieren nuestra atención. Confío en que tu agenda te permita asistir hoy a las 7:00 p. m. en el bar Beaulique, específicamente en la zona VIP.

Será un placer recibirte, muchacho. Nos vemos allá, saludos.

Raúl Ramos

Presidente de Empresas Dros

Raúl Ramos figuraba como uno de los pilares empresariales más influyentes y un socio histórico de los negocios de mi padre; era más que obvio que no me encontraba en posición de rechazar una convocatoria de ese calibre. Tenía que asistir por obligación. Además, representaba una oportunidad idónea para interactuar con los inversionistas, descifrar sus metodologías de acción y evaluar sus perfiles corporativos. Sin embargo, el inconveniente radicaba en que todavía no dominaba los tecnicismos ni el trasfondo histórico de la agencia de publicidad como para defenderme con total soltura en un debate de alto nivel.




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