Un giro de 360°

Capítulo 9: Redenciones y Sombras (Narrado por Kurama)

El olor a antiséptico y el zumbido monótono de las máquinas de monitoreo saturaban los pasillos del hospital central. Una vez que el personal médico ingresó a Bulma de urgencia al quirófano, el entorno pareció congelarse en una tensa expectativa. Haruhi se encontraba en un estado de desolación absoluta; sus lágrimas y la desesperación contenida habrían quebrado a cualquiera, y no era para menos tras presenciar semejante catástrofe. Observé cómo, en su angustia, descargaba su frustración e impotencia exigiendo respuestas al médico de guardia con una vehemencia que rozaba el colapso, totalmente ajena a mi presencia en el lugar.

Comprendiendo que la situación requería soporte familiar inmediato, tomé el bolso de Haruhi —el cual permanecía bajo mi custodia junto a sus pertenencias desde el restaurante— y extraje su teléfono móvil. Al revisar la agenda de contactos en busca de redes de apoyo, identifiqué un registro que se repetía con la misma frecuencia que el de su hija: un nombre etiquetado como Kazehaya. Deduje al instante que se trataba de su otro hijo, por lo que, sin dilación, procedí a enlazar la llamada. El enlace no tardó más de tres timbres en completarse.

LLAMADA

—Hola, madre. ¿Cómo marcha todo? ¿Ocurre algún contratiempo en casa? —articuló una voz juvenil al otro lado de la línea.

—Buenas tardes, Kazehaya. Habla Kurama, el director general de la compañía donde se desempeña tu madre. Desconozco si registras mi identidad.

—Sí, poseo plena constancia de quién es usted... —respondió el joven, mudando el tono hacia uno de franca extrañeza—. Pero... ¿cuál es el motivo por el que retiene el dispositivo de mi madre? ¿Sería tan amable de comunicármela, por favor?

—En este preciso instante no se encuentra en condiciones de atender la línea.

—¿Por qué no? ¿Qué está sucediendo?

—Escucha, lamento tener que transmitirte esta clase de información de forma tan abrupta, pero nos encontramos bajo la cobertura del hospital central...

—¿QUÉ...? ¿Qué le ha ocurrido a mi madre? ¿Se encuentra bien? ¡Dígame qué pasó! —exclamó, elevando la voz con una genuina alarma.

—Tranquilízate, ella se encuentra físicamente ilesa, al menos en la medida en que la crisis lo permite. El motivo de nuestra presencia aquí es que tu hermana Bulma sufrió un severo accidente automovilístico en la vía pública; fue ingresada de emergencia al área quirúrgica y tu madre y yo permanecemos en las salas de espera aguardando el parte médico.

—No puede ser... Me movilizaré de inmediato hacia allá. El único inconveniente es que me encuentro a una distancia considerable de la zona central y a esta hora del día resulta sumamente complejo abordar una unidad de transporte público o un taxi.

—No inviertas energía en preocuparte por ese factor logístico, Kazehaya. Aborda la primera unidad de transporte privado que localices y yo asumiré la totalidad de los honorarios a tu arribo. O mejor aún, coordinaré asistencia inmediata para que alguien efectúe tu traslado.

—De acuerdo, agradezco profundamente el gesto. Permaneceré atento; en este segundo le transmito los datos exactos de mi ubicación actual.

Tras finalizar el enlace, registré la dirección entrante e inicié una nueva llamada desde mi dispositivo personal, esta vez seleccionando un contacto prioritario en mi agenda.

—Hola, papá —saludé en cuanto la línea se abrió, dirigiéndome al señor Carlos, exdirector de la firma corporativa.

—Hijo, hola. ¿Cómo marchan las operaciones? Suenas inusualmente agitado, ¿ocurre algo de gravedad?

—Sí, papá. La situación es de extrema urgencia: la hija de Haruhi, Bulma, acaba de ser víctima de un grave arrollamiento automovilístico. Nos encontramos bajo el soporte del hospital central mientras ejecutan la intervención médica. Requiero con premura que te desplaces a la ubicación residencial que procederé a remitirte para que recojas a su hijo y lo traslades directamente a este centro clínico, por favor.

—¿Qué dices? ¿En qué momento se suscitó este evento? Además... ¿Haruhi es madre? No tenía constancia de ello...

—Papá, poseo la certeza de que albergas múltiples interrogantes y dudas legítimas en este momento, y te garantizo que procederé a esclarecer cada detalle a su debido tiempo, pero en este instante demando tu auxilio con máxima urgencia para agilizar este traslado.

—Entendido, hijo, no se hable más. Me pongo en marcha de forma inmediata. Remíteme los datos cartográficos y asumiré la gestión.

—Excelente, ya te transfiero la información. Agradezco tu apoyo, nos vemos en breve —concluí, dando por terminada la comunicación y concentrándome nuevamente en el entorno.

HARUHI

Una vez que logré drenar parte de mi desesperación y desquitarme con el personal médico y de enfermería por la falta de certezas, mis piernas comenzaron a flaquear. Experimentaba una cefalea tan intensa debido al llanto prolongado y a la descarga de adrenalina que sentí que mis funciones vitales colapsarían en cualquier instante.

Mientras transitaba de forma errática por el pasillo de la unidad de cuidados intensivos, divisé a lo lejos las siluetas de Carlos y su esposa Carla avanzando a paso apresurado, escoltando a mi hijo Kazehaya. Mi muchacho acortó la distancia con zancadas veloces y, desprovista de cualquier defensa, me refugié en su abrazo con una fuerza implacable, siendo correspondida con el mismo nivel de afecto.

—Madre, mírame, ¿te encuentras bien? ¿Cuáles fueron las circunstancias del accidente? ¿Qué diagnóstico han emitido los cirujanos sobre el estado de Bulma? —inquirió con presteza, intentando estabilizar mi respiración, aunque el llanto amenazaba con anular mi capacidad de hablar.

—Fue embestida por un auto... permanece bajo intervención en el quirófano —logré articular, forzando un tono de aparente control, hasta que una duda razonable emergió en mi mente—. Kazehaya... ¿cuál fue el mecanismo por el que lograste enterarte de nuestra ubicación exacta?




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