Un giro de 360°

Capítulo 11: Secretos en la Penumbra (Narrado por el Narrador)

Capítulo 11: Secretos en la Penumbra (Narrado por el Narrador)

¿Cómo había sido posible que los acontecimientos se encadenaran con semejante velocidad? Frente al espejo de su habitación, Haruhi se formulaba aquella interrogante de forma obsesiva, incapaz de asimilar la realidad de su reflejo. ¿De verdad se encontraba en su santuario privado, seleccionando prendas para concretar una cita romántica con Kurama? ¿Iba a salir en una posición de pareja con su director general? Las dudas la asediaban en un torbellino indomable: ¿qué motivaciones la habían empujado a claudicar, y bajo qué justificación sus propios hijos se habían confabulado en su contra para forzar aquella situación sin ofrecerle la menor explicación coherente?

La sobrecarga mental amenazaba con desestabilizarla. En un lapso peligrosamente breve, su existencia se había visto sacudida por el ingreso hospitalario de Bulma, la imprevista y categórica declaración de afecto por parte de Kurama, la irrupción sombría de Ayato demandando derechos sobre su descendencia y, como colofón, aquella cita inminente. Dios mío, una cita formal con Kurama.

—¿Existiría la viabilidad de que alguna de ustedes me recuerde la razón exacta por la que accedí a esto? —inquirió Haruhi, fijando la vista con desesperación en la acumulación de vestidos dispuestos sobre el lecho, mientras sus hijas continuaban extrayendo textiles desde las profundidades del armario.

—Porque constituye la vía idónea para manifestar gratitud ante el soporte incondicional que ese caballero ha desplegado en favor de nuestra familia —replicó Bulma, sosteniéndole la mirada con una seriedad que no logró convencer a su madre.

Haruhi se cruzó de brazos, emitiendo un bufido de incredulidad. Ni la propia joven parecía respaldar una justificación tan corporativa.

—Muy bien... esa es la argumentación formal que pretendías escuchar para legitimar la salida, ¿correcto? —añadió Bulma, desarmando la estrategia evasiva de su madre con una sonrisa de absoluta complicidad—. Ahora que la hemos expuesto, procederé a verbalizar la realidad incuestionable: vas a concretar una salida con el señor Kurama, tu director general, un hombre que clausuró de forma definitiva su historial como mujeriego por la simple y poderosa razón de haberse enamorado legítimamente de ti, correspondido por tus propios sentimientos. Vas a asistir a ese encuentro porque le profesas un afecto profundo y experimentas este nivel de crisis nerviosa debido a que representa tu primera aproximación romántica en una década. Estás aterrada porque careces de certeza sobre qué indumentaria seleccionar.

Haruhi permaneció con la boca abierta, desarmada ante la precisión quirúrgica del análisis de su hija, quien no abandonaba su expresión de triunfo. Había dado en el blanco.

—Por consiguiente, considero que esta pieza textil en tonalidad azul rey es la alternativa idónea —sentenció Bulma, exhibiendo un vestido largo confeccionado en seda, estructurado con tirantes delicados, un corsé con escote de corazón ceñido con rigurosidad a la silueta de la cintura y una falda fluida que incorporaba una pronunciada abertura lateral en la pierna.

—¿Albergas la certeza de que califica como la opción adecuada? —cuestionó Haruhi, sosteniendo la prenda entre sus manos con evidente desconfianza. Comprendía que iniciar un debate con su hija a esas alturas de la noche resultaría una empresa estéril; y aunque admitía internamente la validez de sus palabras, no estaba dispuesta a concederle la victoria de forma abierta.

—Definitivamente, mamá. Procede a realizar la prueba de calce —instó la joven.

Haruhi se adentró en el cuarto de baño. Se despojó de la bata de felpa y se enfundó en el vestido azul, cuyo ajuste perfilaba su figura con una elegancia que no recordaba poseer. Aplicó un maquillaje sutil pero sofisticado, retiró los rulos que daban volumen a su cabello y, tras verificar que cada detalle se encontraba en orden, abandonó el recinto.

—Vaya, mamá... luces verdaderamente espectacular —declaró Bulma, contemplando el resultado.

Frente al espejo de cuerpo entero, Haruhi deslizó las palmas de sus manos sobre la caída de la falda, intentando mitigar el ritmo acelerado de su pulso y la agitación de su sistema nervioso.

—Resta únicamente incorporar un accesorio que armonice con el conjunto —añadió la joven, dirigiéndose nuevamente al vestidor para seleccionar un bolso de mano de dimensiones reducidas, ornamentado con delicadas asas de perlas cultivadas.

Apenas se terminó de coordinar el atuendo, el timbre de la residencia resonó con fuerza en la planta baja, provocando que el corazón de Haruhi diera un vuelco violento. Tras unos instantes de silencio, el eco de diversas modulaciones masculinas ascendió por la escalera; la voz de Kurama se entrelazaba con la de Kazehaya en un diálogo fluido. El plazo se había agotado; correspondía descender y encarar la realidad de aquella cita con su superior.

—Buenas noches —pronunció Haruhi al alcanzar el último peldaño de la escalera.

De inmediato, tanto Kurama como Kazehaya interrumpieron su interacción para fijar la atención en ella. Ambos caballeros abrieron los ojos desmesuradamente, manteniendo las facciones congeladas en una expresión de absoluto asombro ante la estampa de la mujer.

—Les sugiero que cierren la boca, muchachos, o correrán el riesgo de evidenciar demasiado el impacto —bromeó Bulma a las espaldas de su madre, soltando una carcajada al registrar la estupefacción de los presentes.

Haruhi, por el contrario, se debatió entre sumarse a la hilaridad o sucumbir ante un bochorno que amenazaba con teñir sus mejillas de un rojo encendido.

—Buenas noches... Vaya, Haruhi... estás genuinamente bellísima —articuló Kurama, cuya voz denotaba una sincera admiración que terminó por ruborizar por completo a la mujer.

—Agradezco el cumplido. Si les parece bien, considero que es el momento oportuno para iniciar la marcha —declaró ella, buscando abreviar el momento.




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