Capítulo 13: El Umbral de las Apuestas (Narrado por el Narrador)
El crepúsculo corporativo comenzaba a teñir de matices violáceos las cristaleras de la empresa cuando el movimiento en los pasillos disminuyó de forma drástica. Tras una jornada de intensa actividad administrativa, Kurama abandonó el ala presidencial y se dirigió con pasos amortiguados hacia el cubículo privado de Haruhi. Al detenerse ante la puerta de madera clara, ejecutó tres golpes rítmicos y pausados con los nudillos. Tras percibir el inequívoco «pase» pronunciado desde el interior, accionó el picaporte y se adentró en la estancia.
Haruhi continuaba con la mirada fija en el terminal de computación, indexando los últimos balances numéricos con una concentración tan rígida que ni siquiera registró la identidad de quien ingresaba hasta que la sombra del director general se proyectó sobre su escritorio.
—Así me gusta verte, tan concentrada en tus asignaciones —articuló Kurama, modulando la voz con una calidez que contrastaba con la frialdad que habían sostenido durante las audiencias del día.
Al reconocer la vibración de aquella voz, Haruhi desvió la atención de la pantalla de inmediato, permitiendo que una sonrisa genuina desarmara la rigidez de sus facciones.
—Bueno, de eso se trata este entorno, ¿no? De trabajar con esmero y cumplir con las directrices operativas —replicó, acomodándose los anteojos de lectura.
Kurama rodeó el escritorio con movimientos fluidos y se posicionó exactamente detrás de su silla. Sin mediar palabra, posó sus manos sobre los hombros de la analista, aplicando una presión constante y experta para desarticular el nudo de tensión acumulado en su musculatura trapecia. Haruhi dejó escapar una leve risa, inclinando sutilmente la cabeza hacia atrás para recibir el estímulo.
—Es una premisa incuestionable —coincidió él, inclinándose ligeramente—, pero incluso el personal más eficiente requiere de un bloque de amortiguación y descanso. Dime... ¿has evaluado el planteamiento para esta noche?
Haruhi suspendió el movimiento de sus manos sobre el teclado y emitió un suspiro cargado de una previsible cautela familiar.
—La verdad es que aún no he sostenido la conversación pertinente con mis hijos... —admitió en voz baja.
Al escuchar la acotación, Kurama detuvo el masaje. Se desplazó hacia el borde del escritorio de Haruhi y se sentó en él, cruzando una pierna para adoptar una postura que le permitiera observarla de forma directa y cercana.
—Ellos de seguro no van a oponerse a que asistas, Haruhi —aseguró con un tono de serena convicción.
La mujer se recostó contra el respaldo de su silla, evidenciando el peso físico y mental que conllevaba la administración de su hogar.
—Eso lo tengo con total claridad. Mis hijos mayores anhelan mi estabilidad; desean que sea feliz y que, eventualmente, rehaga mi vida junto a alguien que aporte paz a este núcleo —explicó, recorriendo las facciones del hombre con la mirada—. No obstante... detecto que usted se encuentra sumamente activo e insistente el día de hoy, señor director.
Una risa queda brotó del pecho de Kurama, un sonido grave que provocó un sutil estremecimiento en el sistema de Haruhi. Con un movimiento decidido, él la tomó de las manos para ayudarla a incorporarse, atrayéndola hacia su espacio corporal hasta que quedaron frente a frente. Sin romper el contacto visual, Kurama inclinó el rostro y depositó un beso pausado y tibio en la línea lateral de su cuello, provocando que la respiración de la analista se alterara.
—Pues claro que lo estoy, porque finalmente estás conmigo en este cuadrante —declaró él, separándose apenas lo suficiente para sostenerle la cintura—. Entonces... ¿asistirás a la cena corporativa y familiar? ¿O pretendes dejar plantados a mis padres y condenarme a encarar en absoluta soledad ese tormento doméstico?
Haruhi se separó un sutil paso, manteniendo sus manos apoyadas en el pecho del ejecutivo mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios.
—Quién diría que el director general de esta firma resultaría ser un estratega tan manipulador —bromeó de forma fluida.
Kurama incrementó la firmeza de su agarre en la cintura de la mujer, reduciendo cualquier vestigio de distancia física entre ambos.
—Pues para que constates de primera mano el arsenal de recursos que estoy dispuesto a desplegar con tal de asegurar que pases una velada con mi amorosa y, en ocasiones, terrible familia.
Una carcajada franca escapó de Haruhi, rompiendo la última barrera de reticencia que conservaba respecto a la propuesta de la víspera.
—Está bien... de acuerdo. Asistiré —asintió finalmente.
Un destello de triunfo y satisfacción iluminó los ojos azules de Kurama.
—¿Es una resolución en firme?
Ella limitó su respuesta a un asentimiento con la cabeza. El director inició el ademán de verbalizar su gratitud, pero Haruhi extendió un índice sobre su pecho para detenerlo.
—Bajo mis condiciones, Kurama. Primero debo acudir a mi residencia para sostener la deliberación con mis hijos; además, requiero efectuar un cambio de indumentaria. Bajo ningún concepto me presentaré ante tu núcleo familiar vistiendo el traje formal de la oficina.
Kurama asintió de forma reiterada, evidenciando una sonrisa que transformaba por completo su habitual severidad ejecutiva.
—Las cláusulas son totalmente razonables. Si ese es el escenario, considero imperativo que desaloques tu puesto de trabajo de inmediato para que dispongas del tiempo necesario para arreglarte y lucir aún más hermosa de lo que ya estás —añadió, depositando un tierno beso de despedida en su frente.
—¿Posees la certeza de que la operatividad no se verá afectada? Puedo permanecer un bloque adicional para clausurar estos registros —ofreció ella, mostrando su inherente responsabilidad.
Él negó con la cabeza, acariciando con suavidad sus cabellos antes de retirarse un paso.