Capítulo 19: Protocolo de Extracción y Resistencia Civil (Narrado por Haruhi)
Bloque A: El Perímetro de Confinamiento
Un cuadro de cefalea aguda de rango crítico e intensos estímulos de dolor en la totalidad de mi estructura corporal marcaron el reinicio de mis sistemas. Procedí a la apertura de los párpados para ejecutar un escaneo del entorno: detecté un techado de madera de baja altura, paramentos verticales de ladrillo envejecido y una alta densidad de material vegetal seco (paja) distribuido en la superficie del suelo. La visibilidad era mínima, atenuada únicamente por un dispositivo de iluminación incandescente suspendido y una abertura fenestrada de dimensiones tan reducidas que estimé inviable el paso de mi extremidad superior.
Me hallaba posicionada sobre un mobiliario desgastado que mis registros identificaron de forma inmediata: constituía la unidad de descanso empleada por Ayato durante sus episodios de intoxicación etílica. Conservaba la indumentaria seleccionada para la jornada laboral previa. Al intentar ejecutar un vector de movimiento vertical para incorporarme, verifiqué que mis extremidades inferiores se encontraban aprisionadas mediante un mecanismo de cadenas anclado al suelo. Ejercí fuerza de tracción, pero el sistema de sujeción no registró deformaciones. En ese milisegundo, Ayato ingresó al recinto a través de una hoja de puerta oculta en el sector angular.
Proyectaba una configuración facial de jovialidad que activó mis alarmas de terror. Se desplazó con total parsimonia portando una bandeja con una unidad de agua y una ración de pan.
—Buenos días. ¿Cuáles son los indicadores de tu estado general? ¿Registras la necesidad de ingresar nutrientes? —inquirió, disponiendo los insumos en el suelo. Lo evalué bajo un marcado índice de temor.
—¿Cuáles son las coordenadas geográficas de este emplazamiento? ¿Qué factores justifican mi retención? ¿Bajo qué variables ejecutaste mi traslado y cuáles son tus objetivos definitivos? —interrogué de forma consecutiva mientras él reducía la distancia de seguridad.
—Cada una de tus interrogantes está sujeta a una única resolución: tu perfil me pertenece por derecho histórico, siempre ha sido así, y si mis sistemas no retienen tu posesión, ninguna otra entidad del entorno lo hará —sentenció, aferrando mi región mentoniana con una presión mecánica que me obligó a sostener el contacto visual—. Procede a emitir la declaración de que me amas.
Ejecuté una eyección de fluido salival directamente sobre sus facciones, lo que provocó que interrumpiera la sujeción de forma abrupta.
—Inicia un proceso de descomposición, infeliz —articulé con severidad.
El sujeto procedió a remover el fluido de su rostro, emitiendo una carcajada carente de componentes afectivos.
—Sostengo el interés por verificar si mantendrás esa matriz de opinión tras transcurrir un ciclo de confinamiento privado de nutrientes —declaró, inclinándose para recuperar la bandeja antes de evacuar el sector por la misma vía de acceso. Deduje que esa coordenada representaba el único vector de salida; la fuga constituía un requerimiento de alta prioridad.
Intenté nuevamente vulnerar el cerrojo de las cadenas sin obtener resultados corporales. Durante los movimientos, una banda de material textil (venda) se desprendió de mi región craneal; al auditar la zona con mis manos, localicé una lesión contusa. Mis registros procesaron el evento: el sujeto había provocado mi pérdida de conciencia mediante un impacto contra la estructura de cristal de mi sala. Era imperativo hallar un método de evasión.
Transcurrió un ciclo estimado en siete jornadas de confinamiento, o quizás un rango superior; la ausencia de referencias cronológicas externas dificultaba el cómputo exacto, aunque empleaba el registro mental de los periodos como mecanismo de mitigación psicológica. Sostener el conteo evitaba el colapso de mis funciones cognitivas, coordinando pensamientos hacia mis descendientes, a quienes no había avistado en una semana, privados de la radiación solar.
Ayato había restringido mi movilidad de forma absoluta; carecía de higiene corporal y mis parámetros térmicos se hallaban en rangos de congelación. Con una frecuencia diaria, el sujeto aplicaba un chorro de agua a alta presión directamente sobre mi rostro cada vez que mis respuestas verbales no guardaban correlación con sus demandas operativas. Mi dieta diaria se reducía a media porción de pan, un volumen mínimo de agua y una fracción de queso añejo cuya consistencia física requería de forma obligatoria el uso de un pequeño instrumento punzante de punta ovalada para su segmentación.
Los protocolos punitivos registraban índices de violencia extrema: impactos de fuerza distribuidos en toda mi anatomía, laceraciones por flagelación, humectación forzada durante los ciclos nocturnos de baja temperatura, descargas de energía eléctrica en mis terminales nerviosas y reiteradas agresiones sexuales que se ejecutaban de forma cíclica. Mis estimaciones lógicas no preveían la resistencia de mis sistemas ante tales variables; el margen de espera se había agotado.
Bloque B: La Perspectiva Operativa (Narrada por Alice)
Se había completado un ciclo de treinta jornadas desde que los registros decretaron la desaparición de Haruhi. La totalidad de nuestras unidades había concentrado sus recursos en localizar la posición de Ayato tras verificar su evasión del perímetro urbano. Las auditorías técnicas confirmaron que la publicación de la revista sensacionalista y el montaje fotográfico constituían una maniobra de distracción orientada a fracturar el vínculo entre mi hermano y la víctima; no obstante, un dispositivo de captura de video en la vía pública registró el milisegundo exacto en que el sospechoso cargaba el cuerpo inconsciente de Haruhi en un vehículo antes de perderse en los sistemas de monitoreo. Su perfil operaba con las características de un espectro.
Los estamentos de la policía judicial no lograban fijar su coordenada, así como tampoco los enlaces que manteníamos en las dependencias de inteligencia y las fuerzas armadas.