Ryoga Brouders
Golpeé el saco una vez más y otra.
Y otra.
El cuero crujió bajo mis puños mientras el sonido de los impactos resonaba por todo el gimnasio.
-Más rápido.-gritó mi entrenador.
No respondí.
Simplemente seguí golpeando.
Llevaba entrenando desde antes del amanecer.
Como todos los días.
Como todas las semanas.
Como todos los años.
Porque en mi mundo había una regla muy simple.
El día que dejara de entrenar más duro que los demás sería el día que alguien me derrotaría e yo no tenía intención de perder.
-Descanso.
Me aparté del saco y tomé la botella de agua que me ofrecieron.
Mientras bebía observé el gimnasio.
Atletas entrenando.
Entrenadores dando órdenes.
Empleados moviéndose de un lado a otro.
Lo mismo de siempre.
Hasta que la puerta principal se abrió y alguien llamó mi atención.
Una chica, cabello castaño vestida de forma sencilla y un bolso colgado del hombro.
Nada extraordinario y sin embargo...
Algo hizo que la observara unos segundos más de lo normal.
Parecía nerviosa.
Sus ojos recorrían cada rincón del gimnasio como si estuviera intentando memorizarlo todo.
-¿Qué miras?..
La voz de mi entrenador me sacó de mis pensamientos.
-Nada.
Mentira.
Porque seguía observándola y poco después Ethan apareció mi manager.
-Ah.
Entonces entendí.
Probablemente era una candidata para algún puesto.
No le di más importancia o al menos eso intenté.
Pero mis ojos regresaron a ella varias veces mientras Ethan la guiaba por las instalaciones.
-Estás distraído hoy.
Volví la mirada hacia mi entrenador.-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-Cállate.
Él soltó una carcajada.-Lo tomaré como un sí.
Ignoré el comentario.
Pero cuando volví a mirar hacia donde estaban Ethan y la desconocida, ya se dirigían hacia las oficinas del segundo piso y algo extraño ocurrió.
Me pregunté quién era.
No era una pregunta importante.
Ni siquiera debería haberme importado.
Personas entraban y salían del gimnasio constantemente.
Sin embargo...
Seguía preguntándomelo.
-Definitivamente estás distraído.
-Voy a golpearte.
-Eso confirma mi teoría.
Negué con la cabeza.
Terminé mi botella de agua y regresé al entrenamiento.
Intenté concentrarme.
De verdad lo intenté.
Pero después de tantos años aprendí a confiar en mis instintos y había algo en aquella chica que llamaba mi atención.
No sabía qué era.
Tal vez porque no parecía impresionada por el gimnasio.
Ni por los campeones.
Ni por nada de lo que veía.
Parecía más preocupada por otra cosa.
Como si cargara un peso invisible sobre los hombros.
Una sensación que conocía demasiado bien.
Una hora después terminé la sesión.
Me senté en una de las esquinas del ring mientras el entrenador revisaba una pequeña herida cerca de mi ceja.
-No es nada grave.
-Lo sé.
-Necesitarás descansar.
-No.
-Ryoga.
-No.
El hombre suspiró resignado.
Como siempre.
Mientras limpiaba la herida, miré hacia las oficinas.
Justo cuando Ethan y la chica reaparecieron y fue entonces cuando vi algo diferente.
Ella estaba sonriendo.
No una sonrisa educada.
No una sonrisa forzada.
Una sonrisa real.
Como si acabara de recibir una buena noticia.
-Interesante.
El entrenador me miró.-¿Qué es interesante?.
-Nada.
Otra mentira.
Observé cómo Ethan la acompañaba hacia la salida.
La chica parecía feliz.
Aliviada y por alguna razón tuve la sensación de que acababa de conseguir el trabajo.
Cuando llegó cerca de la puerta, levantó la vista y nuestros ojos se encontraron.
Otra vez.
Solo unos segundos.
Nada más.
Pero esta vez no aparté la mirada.
Ella tampoco lo hizo de inmediato.
Entonces Ethan dijo algo la chica volvió a mirarlo y siguieron caminando.
Hasta desaparecer por la salida.
[°°°]
El gimnasio recuperó su rutina habitual.
-¿La conoces?..-la pregunta vino de Ethan.
Ni siquiera me había dado cuenta de que había bajado de las oficinas.
-No.
-Entonces deja de mirar la puerta.
Lo fulminé con la mirada.
Él sonrió.-Ya contraté a la nueva fisioterapeuta.
-Bien por ti.
-Empieza mañana.
-Bien.
Ethan cruzó los brazos.-¿Quieres saber su nombre?.
-No.
-Se llama Akane Harper's.
Lo miré.-No pregunté.
-Pero escuchaste.
Maldito.
Porque tenía razón.
Había escuchado y recordado.
Akane Harper's.
Después de que Ethan se marchó, intenté volver a concentrarme en el entrenamiento.
Intenté.
Pero mi cabeza estaba demasiado inquieta.
Así que terminé haciendo lo que siempre hacía cuando necesitaba despejarme.
Observar.
El gimnasio estaba lleno de movimiento.
Algunos atletas terminaban sus sesiones.
Otros apenas comenzaban.
Entrenadores corrían de un lado a otro y entonces mis ojos se detuvieron en uno de los rings secundarios.
Cameron Millers.
Golpeaba los guantes de su entrenador con precisión.
Uno.
Dos.
Tres.
Patada.
Gancho.
Paso atrás.
Perfecto.
Como siempre.
Me apoyé contra una de las columnas mientras lo observaba.
Era extraño verlo a esa hora.
Nuestros horarios habían cambiado tanto durante los últimos años que rara vez coincidíamos.
A veces pasaban semanas sin cruzarnos.
Otras veces meses.
Y aun así...
Siempre sabía cómo le iba.
Al igual que él sabía cómo me iba a mí.
Era una de esas cosas que nunca cambiaron.
#4703 en Novela romántica
#263 en Joven Adulto
hijos reencuentro amor humor drama, secreto segunda oportunidad romance, obsesion amor decepcion y sinceridad
Editado: 23.06.2026