Un Golpe De Confusión

Capitulo 3

Akane Harper's

No recuerdo la última vez que salí de un lugar sintiéndome tan feliz, mientras caminaba por la acera, todavía sostenía la carpeta con mi contrato firmado contra el pecho.

Tenía trabajo.

De verdad tenía trabajo.

No era una entrevista pendiente.

No era una promesa.

No era un "te llamaremos después".

Era un empleo real y mañana comenzaría por primera vez en mucho tiempo sentía que podía respirar, incluso el cielo parecía más brillante o tal vez simplemente estaba de buen humor.

Sonreí al pensar en la cara que pondría Serkan cuando se lo contara.

Probablemente pediría una consola nueva otra vez.

Y una bicicleta.

Y un perro.

Porque mi hermano jamás perdía una oportunidad para negociar.

Saqué el teléfono para llamar a Liam.

Pero antes de marcar escuché una voz familiar.

-Esa sonrisa solo puede significar dos cosas.

Me giré inmediatamente y allí estaba.

-¡Nathiel!.

Mi mejor amigo levantó los brazos justo a tiempo para que prácticamente me lanzara sobre él.

-¡Wow! Definitivamente es una buena noticia.

Solté una carcajada.

Nathiel me abrazó durante unos segundos antes de apartarse.

-Ahora sí, cuéntame.

-¡Conseguí trabajo!

-¿Qué?.

-¡Conseguí trabajo!.

-¿De verdad?.

-¡Sí!

La sonrisa que apareció en su rostro fue enorme.

-¡Akane!.-me levantó del suelo girándome una vez.

-¡Bájame!.

-¡No!.

-¡Nathiel!.

-¡Estoy celebrando!.

Varias personas nos miraron mientras pasaban.

Yo me cubrí el rostro avergonzada.

-Nos están observando.

-Que observen.

-Qué vergüenza.

-Yo no siento vergüenza.

-Lo sé.

Ese era precisamente el problema.

Nathiel siempre había sido así.

Extrovertido, escandaloso, Incapaz de avergonzarse por nada y también una de las mejores personas que conocía.

Nos sentamos en una banca cercana.

-Cuéntamelo todo.

-Me llamaron esta mañana.

-Bien.

-Fui a una entrevista.

-Bien.

-Y me contrataron.

-Excelente.

-Fin de la historia.

-No.

-Sí.

-No.

Lo señalé.-Eres insoportable.

-Y tú ocultas detalles importantes.

-¿Qué detalles?.

-¿Dónde trabajarás?.

Parpadeé.-Ah..

-¿Ves?.

-En un gimnasio.

-¿Un gimnasio normal?.

-Más o menos.

-Eso significa que no es normal.

Suspiré.-Es un gimnasio de deportes de combate.

Nathiel frunció el ceño.-¿Boxeo?

-Sí.

-¿MMA?.

-También.

-Interesante.

-Supongo.

-¿Y quién te contratará?.

-El manager.

-Eso ya lo entendí.

-Entonces deja de preguntar.

-Jamás.

Solté una risa.

A veces era imposible conversar con él.

-Se llama Ethan.

-¿Y los atletas?

-No conozco a casi ninguno.

-¿Casi?.

Maldita sea.

-Vi a uno.

-Ajá.

-Solo porque estaba entrenando.

-Ajá..-dice el..

-No pongas esa cara.

-¿Qué cara?.

-Esa cara.-la sonrisa de Nathiel se hizo más grande.

-Continúa.

-Era Ryoga Brouders.

El silencio duró exactamente dos segundos.

-¿El Ryoga Brouders?

-Sí.

-¿El campeón?

-Sí.

-¿El famoso Ryoga Brouders?

-¿Cuántos Ryoga Brouders conoces?

-¡Vas a trabajar con Ryoga Brouders!

Varias personas volvieron a mirarnos.

Otra vez.

-Habla más bajo.

-No puedo.

-Sí puedes.

-No quiero.

Me cubrí el rostro con ambas manos.

-Eres imposible.

-¿Lo viste de cerca?

-Sí.

-¿Y?.

-¿Y qué?.

-¿Es tan intimidante como parece en televisión?.

Lo pensé durante unos segundos.-Sí.

-¿Tan atractivo como dicen?.

-Nathiel.

-Era una pregunta válida.

-No responderé eso.

-Entonces sí lo es.

-No dije eso.

-Pero tampoco dijiste que no.

-Voy a irme.

-Eso significa que gané la discusión.

Negué con la cabeza.

Definitivamente seguía siendo el mismo de siempre, después de unos minutos la conversación se volvió más tranquila.

Le conté sobre el contrato, los horarios y el hecho de que tendría que levantarme antes del amanecer.

-Eso sí me da miedo.

-A mí también.

-¿Estás nerviosa?.

Observé la carpeta sobre mis piernas.

-Un poco.

-Es normal.

-Quiero hacerlo bien.

-Lo harás.

-¿Y si no?.-Nathiel me miró como si hubiera dicho algo absurdo.

-Akane.

-¿Sí?

-Te graduaste mientras criabas a un niño prácticamente sola.-guardé silencio.-obreviviste a cosas mucho más difíciles que un empleo nuevo.

Mi garganta se cerró un poco.

Porque sabía que tenía razón.

-Gracias.

-Para eso están los mejores amigos.

Sonreí y por primera vez en todo el día me permití relajarme.

Porque tenía trabajo.

Porque Serkan estaría feliz.

Porque las cosas parecían mejorar y porque tenía personas a mi lado que siempre estaban allí cuando las necesitaba.

Sin embargo, mientras hablaba con Nathiel, no podía evitar recordar un detalle.

Los ojos azules de Ryoga Brouders, la forma en que me había observado desde el ring y aquella extraña sensación que había recorrido mi espalda.

Seguíamos sentados en la banca cuando Nathiel tomó un poco de su bebida y pareció recordar algo.

-Ahora que lo pienso...

-¿Qué?.

-Mi hermano también entrena allí.

Parpadeé.-¿En serio?

-Sí.

-No lo vi.

-Seguramente ya se fue.

-¿Tan rápido?.

Nathiel asintió.-Últimamente pasa menos tiempo en el gimnasio.

-¿Cameron?.

-Sí.

Me sorprendió un poco siempre había escuchado que Cameron Millers prácticamente vivía entrenando y es uno de los boxeadores más reconocidos del país y constantemente aparecía entre los mejores de los rankings.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.