Un Golpe De Confusión

Capitulo 4

Ryoga Brouders

Después de la pelea amistosa con Cameron, el gimnasio tardó varios minutos en recuperar la normalidad, los atletas seguían hablando del combate, los entrenadores también.

Incluso algunos empleados parecían emocionados.

Como si hubieran presenciado algo histórico.

Tal vez para ellos lo era.

Para mí solo había sido una pelea entre dos viejos amigos que llevaban demasiado tiempo sin compartir un ring.

Me dirigía hacia los vestuarios cuando Ethan apareció nuevamente.

-No escapes.

Suspiré.-No estaba escapando.

-Mentira.

-¿Qué quieres?.

-Que me ayudes.

-Eso nunca termina bien.

Ethan sonrió y eso confirmó mis sospechas.

Nunca terminaba bien.

Diez minutos después estábamos en una oficina llena de carpetas, documentos y fotografías de atletas.

-Odio este lugar.

-Porque aquí hay papeleo.

-Exacto.-digo.

-Madura.

-No.

Ethan me lanzó una carpeta la atrapé por reflejo.

-¿Qué es esto?.

-Los nuevos horarios de rehabilitación.

-Eso no parece algo que necesite mi ayuda.

-Necesito saber qué atletas vas a recomendar para las nuevas evaluaciones físicas.

Abrí la carpeta.-Podías haber enviado un mensaje.

-Y perder la oportunidad de verte sufrir.

-Algún día te despediré.

-No puedes despedir a tu mejor elemento.-dice con orgullo.

-Lamentablemente.

Ethan soltó una carcajada.

Comenzamos a revisar documentos, lesiones, recuperaciones, próximos combates.

Todo lo habitual.

Hasta que una hoja llamó mi atención.

No por la información.

Por el nombre.

Akane Harper's.

Levanté una ceja.-¿La nueva fisioterapeuta?.

-Sí.

-¿Recién graduada?.

-Sí.

-¿Y la contrataste?.

-Sí.

-Qué valiente.

-Tiene excelentes referencias.

Volví a mirar el documento.

Fotografía, edad, formación académica, experiencia, nada fuera de lo normal y sin embargo seguí mirando unos segundos más.

-¿Estás investigándola?..-la voz divertida de Ethan me hizo cerrar la carpeta.

-No.

-Claro.

-Solo estaba leyendo.

-Claro.

-Cállate.

-Jamás.

Volví a lanzarle la carpeta.

Ethan la atrapó riéndose.

-Mañana la conocerás oficialmente.

-Qué emoción.

-Deberías ser amable.

-Siempre soy amable.

-Ryoga.

-¿Qué?

-Los dos sabemos que eso es mentira.

Ignoré el comentario.

Aunque probablemente tenía razón.

Nunca fui especialmente bueno con las personas, mucho menos con desconocidos.

Las peleas eran simples.

Los entrenamientos eran simples, las personas no y cuanto más se acercaban a mí...

Más complicado se volvía todo.

Terminamos de trabajar casi una hora después.

Cuando salimos de la oficina el gimnasio estaba mucho más vacío.

La mayoría ya se había marchado.

Tomé mi bolso y me dirigí hacia la salida.

Pero antes de irme observé el ring principal.

Vacío.

Silencioso.

Y por alguna razón pensé en Cameron.

En su sonrisa.

En aquella pelea.

En el apretón de manos.

Cinco años.

Cinco malditos años y aun así bastaron unos minutos para recordar por qué había sido mi mejor amigo.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Lo abrí.

Era de Zack.

"Mamá gallina Cameron llamó tres veces preguntando si ya comí."

Sin querer sonreí.

Al parecer Cameron seguía siendo exactamente igual con sus hermanos.

Volví a guardar el móvil y salí del gimnasio.

El aire fresco de la tarde golpeó mi rostro.

Normalmente después de entrenar solo pensaba en descansar pero aquel día mi mente estaba extrañamente ocupada.

Cameron.

El pasado.

Y una nueva fisioterapeuta llamada Akane Harper's.

Era molesto.

Porque no entendía por qué seguía recordando su nombre.

Ni por qué seguía viendo aquellos ojos curiosos observando el gimnasio.

Sacudí la cabeza.

Ya había recorrido varias calles cuando terminé deteniéndome en un semáforo.

Metí una mano en el bolsillo de mi chaqueta y saqué el teléfono.

Me quedé observando la pantalla unos segundos.

Debatiéndome internamente.

Era una mala idea.

Una muy mala idea y aun así marqué el número.

La llamada fue respondida después del segundo tono.

-¿Quién murió?

Suspiré.-Hola para ti también.

-Entonces nadie murió.

-No.

-¿Te secuestraron?

-No.

-¿Necesitas esconder un cadáver?

-Isaías.

-¿Qué?

-Solo responde normalmente.

Mi hermano mayor soltó una carcajada al otro lado de la línea.

-No sabía que eso era una opción.

Negué con la cabeza.

A veces olvidaba que era imposible tener una conversación normal con él.

-Necesito un favor.

-Ah.

Hubo un silencio.

-Ahora sí me preocupas.

-No es nada grave.

-Dijiste que necesitabas un favor.

-Porque necesito uno.

-Eso nunca termina bien.

-Solo escucha.

Escuché el sonido de una silla moviéndose.

Probablemente acababa de sentarse.

-Te escucho.

Respiré profundamente.

-Necesito que investigues a alguien.

El silencio duró dos segundos.

Luego tres.

Después cinco.

-¿Qué?

-Escuchaste.

-Ryoga.

-¿Qué?

-¿Tú me estás pidiendo que investigue a una persona?

-Sí.

-¿Voluntariamente?




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