Ryoga Brouders
Me alejé de Ethan y Akane con las manos en los bolsillos, todavía podía escuchar las risas detrás de mí.
Especialmente las de Ethan.
Aquel hombre algún día sería mi causa de muerte.
Seguí caminando por uno de los pasillos privados del gimnasio y mientras avanzaba, la sensación de incomodidad regresó.
Porque conocía esa llamada.
Conocía ese tono y conocía perfectamente la expresión del entrenador que vino a buscarme.
Algo estaba mal.
Muy mal.
Cuando llegué a una de las salas de reuniones privadas, encontré al mismo entrenador esperándome junto a la puerta.
-Están dentro..
Asentí.-Gracias.
Tomé el picaporte y entré, lo primero que vi fue una espalda.
Cabello negro, hombros anchos, traje oscuro y entonces la persona se giró.
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
-No puede ser...
Los ojos azules del hombre se clavaron en mí y una sonrisa apareció en su rostro.
-Hola, mocoso.-dijo con la misma sonrisa que recuerdo de el.
Mi corazón dio un vuelco.
-Jack...
Pero no estaba solo a su lado se encontraba otro hombre, cabello castaño de ojos verde azulados con una expresión tranquila.
Aaron.
Y junto a él un tercer hombre levantó la vista de su teléfono su cabello castaño de ojos verdes.
Mike.
Durante varios segundos nadie habló porque simplemente no podía creer lo que estaba viendo.
Hacía años.
Años.
Muchísimos años y aun así los reconocería en cualquier lugar.
-Sigues feo..-la voz de Jack rompió el silencio.
Y sin querer solté una carcajada.-Tú sigues siendo un idiota..
-Perfecto.-Jack sonrió.-Entonces sigues siendo tú.
Negué con la cabeza todavía incrédulo.
-¿Qué hacen aquí?.
-Qué manera de recibirnos.-mike guardó el teléfono.-Yo también me alegro de verte.
-No respondieron mi pregunta.
Aaron sonrió levemente.-Queríamos verte.
-Eso no responde nada.
-Nunca lo hace.
Suspiré.
Exactamente igual que antes, nada había cambiado y eso era extraño.
Porque habían pasado demasiados años.
Demasiadas cosas.
Demasiada sangre.
Demasiados problemas.
Sin darme cuenta avancé unos pasos.
Y entonces Jack me abrazó.
Fuerte.
Como si no hubieran pasado años desde la última vez, como si todavía fuera aquel chico de dieciocho años.
Por un instante me quedé inmóvil.
Luego le devolví el abrazo.
-Sigues vivo.-le dije.
-Lo mismo digo.
-Qué decepción.
-Idiota.
Escuché las risas de Aaron y Mike y por primera vez en mucho tiempo sentí algo parecido a la tranquilidad.
Porque aquellos tres hombres...
Eran parte de la peor etapa de mi vida y también de la razón por la que seguía vivo.
Cuando me senté frente a ellos, el silencio se volvió más serio.
Más pesado.
Porque todos sabíamos lo que significaba vernos, nadie hacía una visita así por casualidad, no nosotros.
No después de todo.
-¿Qué pasó?.
La sonrisa de Jack desapareció.
Aaron intercambió una mirada con Mike y eso fue suficiente para que mi estómago se tensara.
Porque los conocía y sabía que algo iba mal.
-Hay movimiento.
Mi mandíbula se endureció.
-¿Qué clase de movimiento?.
-La vieja organización..
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
Años.
Habían pasado años.
Años desde que salí de allí.
Años desde que desaparecí.
Años desde que construí una vida diferente.
Y aun así...
Seguían apareciendo.
Como fantasmas.
-Pensé que todo había terminado.
-Nosotros también.-respondió Aaron.
-Pero parece que alguien está removiendo cosas que deberían permanecer enterradas.
Bajé la mirada.
Por un instante vi mis manos y durante una fracción de segundo no vi las manos de un campeón.
Vi las manos de aquel adolescente.
Las manos manchadas de sangre, las manos que hicieron cosas de las que jamás hablaría.
-¿Me encontraron?.-la pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Mike negó.-No.
-Todavía no.-dijo Aaron.
Todavía.
Esa palabra no me gustó.
Para nada.
Jack apoyó ambos brazos sobre la mesa.-Por eso estamos aquí.
Levanté la vista.-¿Qué significa eso?.
-Que si alguien empieza a acercarse demasiado...
-Lo sabremos.
-Y actuaremos.
Guardé silencio.
Porque sabía perfectamente lo que significaba y también sabía algo más.
Aquellos tres hombres no eran mis antiguos jefes.
No realmente.
Nunca los vi de esa manera.
Ellos habían sido quienes me sacaron de aquel infierno, quienes arriesgaron todo para ayudarme a desaparecer, quienes me dieron una oportunidad de empezar de nuevo.
Sin ellos...
Probablemente estaría muerto.
O peor.
Mucho peor.
-No tenían que venir.
Jack soltó una risa.-Claro que sí.
-Ya soy adulto.
-Eso es discutible.-dijo el con una sonrisa.
-Tengo veintisiete años.
-Y sigues siendo el niño problemático que recogimos.-dijo Aaron.
-Gracias por el apoyo.
-Para eso estamos..
Por primera vez desde que entré a la sala sonreí.
Pero la sonrisa duró poco.
Porque una pregunta seguía rondando mi cabeza la misma pregunta que me aterraba formular.
-¿Quién está buscando?.
Los tres se quedaron en silencio y eso fue suficiente para preocuparme.
Mucho.
Finalmente Aaron habló.
-Aún no lo sabemos.
-Pero sabemos una cosa.
-¿Cuál?.
Mike levantó la mirada y sus ojos se volvieron serios.
Muy serios.
-Esta vez no parece una coincidencia.
El silencio que siguió fue insoportablemente pesado.
Y por primera vez en años...
Sentí que el pasado comenzaba a acercarse otra vez.
Lento.
Paciente.
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Editado: 10.07.2026