Un Golpe De Confusión

Capitulo 11

Ryoga Brouders

Había algo especial en volver a esa casa no importaba cuántos años pasaran el aroma a café recién hecho, las fotografías familiares sobre los muebles, las paredes llenas de recuerdos.

Todo seguía exactamente igual.

O casi.

Entré dejando las llaves sobre la mesa de la entrada.

-Ya llegué..

-En la cocina.-escuché la voz de Isaías.

Seguí el sonido y lo encontré preparando café mientras revisaba varios documentos en su portátil.

Como siempre.

Trabajando.

-¿Desde cuándo haces dos cosas al mismo tiempo?.-pregunté.

Ni siquiera levantó la vista y solo dijo.

-Desde que me di cuenta de que el día solo tiene veinticuatro horas.

Sonreí apenas.

Era igual desde pequeño mientras los demás jugábamos...

Él ya estaba leyendo libros sobre empresas o aprendiendo a programar con el tiempo se convirtió en productor musical.

Manager, director de la empresa familiar y según decían pocos que lo saben..

El mejor hacker del mundo aunque él nunca confirmaba ni desmentía ese último título simplemente cambiaba de tema.

-Llegaste temprano.-comentó cerrando el portátil.

-Hoy terminé antes.-me senté frente a él..

-¿Ivana?.

-Arriba está terminando una videollamada.-asentí.

No tardó ni dos minutos en aparecer.

-¡Ryoga!.-mi hermana bajó corriendo las escaleras y me abrazó con fuerza.

-Hola, enana.-hizo un pequeño puchero.

-Tengo veintitrés años.-me da un pequeño golpe.-Deja de decirme enana.

-Siempre serás la menor.-respondió Isaías mientras servía tres tazas de café.

Ivana rodó los ojos.

Era actriz desde hacía algunos años cada vez aparecía en más películas y series.

Aun así...

Cuando estaba en casa seguía siendo simplemente Ivana nuestra hermana menor, nos sentamos los tres alrededor de la mesa conversamos de cosas simples.

Del trabajo.

De los próximos proyectos de Ivana.

De una gira que Isaías estaba organizando con una banda nueva y de mi próxima pelea.

Todo parecía normal pero hubo un momento en que el silencio apareció sin previo aviso.

Levanté la vista.

La fotografía familiar seguía colgada en la pared.

Papá.

Mamá.

Isaías.

Yo.

Reyner.

E Ivana.

Los seis sonriendo.

Sin preocuparnos por el futuro, sin imaginar que aquella sería una de las últimas fotos donde estábamos completos.

-¿En qué piensas?.-preguntó Isaías.

No aparté la mirada de la fotografía.

-En que hace años esta casa era mucho más ruidosa.

Ivana también miró la imagen su sonrisa desapareció lentamente.

-Sí...-murmuró.

Volvió el silencio.

No era incómodo.

Era uno al que los tres nos habíamos acostumbrado después de que Reyner falleció con dieciséis años...

Nada volvió a ser igual.

Isaías fue el primero en marcharse a los veintidós años decidió independizarse el trabajo ocupaba casi toda su vida.

Yo también terminé dejando la casa cuando cumplí dieciocho el boxeo comenzó a abrirme puertas, los entrenamientos, las concentraciones, los viajes prácticamente vivía fuera.

Ivana fue la única que permaneció con nuestros padres hasta que cumplió veinte entonces ocurrió algo que ninguno esperaba..

Papá y mamá comenzaron a viajar.

Muchísimo.

Europa.

Asia.

América.

Un país diferente cada pocos meses.

No escapaban de los recuerdos.

Simplemente...

Habían decidido volver a vivir y ninguno de nosotros se los reprochó al contrario se lo merecían toda la vida estuvieron presentes para nosotros nunca faltaron a una competencia.

Nunca dejaron de apoyarnos, nunca nos hicieron sentir solos incluso después de perder a un hijo...

Encontraron fuerzas para seguir siendo los mismos padres de siempre.

Isaías rompió el silencio.-Mamá me llamó esta mañana.

Levanté la vista.-¿Dónde están ahora?..

-Islandia.-respondió sonriendo.-Dice que papá insiste en fotografiar cada montaña que encuentra.

Ivana soltó una pequeña risa.-Eso es muy propio de él.

-También dijo que regresarán dentro de dos semanas.-asentí.

-Hace meses que no los veo.

-Aprovecharán para quedarse unos días..-comentó Isaías.-Dicen que quieren reunirnos otra vez.

Miré nuevamente la fotografía por mucho que pasaran los años...

Nunca volveríamos a ser seis alrededor de esa mesa pero seguíamos siendo una familia una que aprendió a seguir adelante.

Sin olvidar.

Sin reemplazar a nadie.

Solo...

Aprendiendo a vivir con la ausencia.

Isaías levantó su taza de café.-¿Saben qué pensaría Reyner si nos viera con estas caras tan largas?.

Ivana sonrió con nostalgia.-Que somos unos aburridos.

No pude evitar reír y añadí.-Y después nos obligaría a hacer alguna tontería.

-Como siempre.-respondió Isaías.

Los tres sonreímos al mismo tiempo porque, aunque ya no estuviera con nosotros...

Reyner seguía siendo parte de cada conversación.

Ivana fue la primera en levantarse de la mesa.

La vi caminar lentamente hacia la sala, donde todavía seguían colgados varios cuadros y fotografías que mamá jamás había querido quitar.

Isaías y yo la seguimos en silencio.

Ella se detuvo frente a un dibujo enmarcado uno que conocía perfectamente, era una hoja un poco amarillenta por el paso del tiempo un dibujo hecho con crayones.

Lo había hecho Ivana cuando tenía apenas 8 años, Reyner siempre la consentia más que nosotros dos, más que Isaias, más que yo, Reyner siempre fue el número uno para Ivana...

Ivana acarició con la yema de los dedos el cristal que protegía el dibujo.

Sonrió con nostalgia.

-Todavía lo conservan...-murmuró.

Me acerqué a observarlo en el centro había una luna enorme.

A un lado, un sol, alrededor, varias estrellas y unas nubes todo dibujado con la imaginación de una niña.




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