Un Golpe De Confusión

Capitulo 18

Akane Harper's

Apenas cerré la puerta de la habitación, el silencio me envolvió.

Después de toda una mañana en el gimnasio, agradecía no escuchar guantes golpeando sacos, cronómetros o los gritos de Cameron diciendo cualquier tontería.
-Ve a lavarte las manos antes de almorzar.

-¡Sí!.-serkan salió corriendo hacia el baño.

Sonreí.

Nunca entendía cómo podía tener tanta energía mientras él estaba ocupado, saqué mi libreta de trabajo.

Repasé las anotaciones que había hecho durante el entrenamiento.

Ryoga Brouders.

Movilidad del hombro: buena.

Inflamación: mínima.

Dolor: leve durante algunos movimientos.

Recomendación: continuar con hielo después del entrenamiento y evitar sobrecargar la articulación.

Cerré la libreta.

Era increíble la disciplina que tenía.

Había trabajado con deportistas antes, pero Ryoga era distinto nunca se quejaba aunque le doliera.

Aunque estuviera agotado simplemente seguía adelante eso era bueno para su carrera pero terrible para alguien que debía cuidar de su cuerpo.

-¡Mamá!.-la voz de Serkan me sacó de mis pensamientos.

Salió del baño con el cabello completamente mojado.

Fruncí el ceño.

-¿Qué hiciste?.

-Me lavé la cara.-lo miré unos segundos.

-¿Con toda el agua del hotel?.

Él soltó una carcajada tomé una toalla y comencé a secarle el cabello.

-Algún día aprenderás a usar solo la necesaria.

-Pero así despierto más rápido.

-Eso no funciona así.

-Yo digo que sí.-negué divertida.

Cuando terminé de secarlo, él se dejó caer sobre la cama permaneció unos segundos en silencio.

Muy raro en él.

Demasiado raro.

-¿Qué pasa?.-pregunté.

Giró la cabeza para mirarme.

-¿Puedo preguntarte algo?.

-Claro.-jugó un momento con la almohada antes de hablar.

-¿Ryoga es tu amigo?.-la pregunta me tomó por sorpresa.

Pensé unos segundos antes de responder.

-Todavía no lo sé.

Él frunció el ceño.-¿Cómo que no sabes?

Sonreí.-Lo conozco desde hace muy poco.

-Pero hablan mucho.

-Porque trabajo con él.

-También hablan cuando no están trabajando.

No supe qué responder.

Era cierto.

Desde que acepté viajar con el equipo, las conversaciones con Ryoga habían dejado de ser únicamente sobre lesiones y ejercicios.

A veces hablábamos de Serkan.

O de boxeo.

O simplemente...

De cualquier cosa.

-Supongo que nos estamos conociendo.-respondí finalmente.

Serkan asintió lentamente.

Como si estuviera analizando aquella respuesta.

-A mí me cae bien.

Sonreí.-Ya me di cuenta.

-Es que escucha cuando hablo.

Lo miré con atención.

Él continuó.-Muchos grandes dicen que escuchan... Pero mientras uno habla ya están pensando en otra cosa, Ryoga no el sí escucha.

Aquellas palabras me hicieron recordar la escena de esa mañana.

Ryoga corrigiendo con paciencia cada intento de flexión.

Animándolo sin burlarse.

Explicándole las cosas con calma.

Era verdad.

Escuchaba.

Y, de alguna manera...

También entendía a Serkan.

-¿Sabes qué más?.-continuó el pequeño.

-¿Qué?.

-Creo que está muy solo.

Parpadeé.-¿Por qué dices eso?.

Se encogió de hombros.-Porque cuando termina de entrenar... Siempre mira a todos pero nadie se acerca hasta que él da el primer paso.

Guardé silencio.

Nunca me había detenido a observarlo de esa forma.

Serkan abrazó la almohada.

-Los campeones también se sienten solos... ¿No?.

Sentí un pequeño nudo en la garganta.

¿Cómo un niño de siete años podía notar cosas que muchos adultos pasaban por alto?

Me acerqué y me senté junto a él.

Acomodé un mechón de cabello detrás de su oreja.

-A veces sí.-respondí en voz baja.

-Entonces... De vez en cuando voy a hablar con él así ya no estará tan solo.

Sonreí con ternura.-Estoy segura de que le gustará.

En ese instante alguien llamó suavemente a la puerta.

Tres golpes.

Serkan levantó la cabeza de inmediato.

-¡Yo abro!.

Saltó de la cama y corrió hacia la entrada.

Antes de que pudiera decirle que esperara, Serkan ya había girado la manija.

La puerta se abrió.

Del otro lado estaba Ryoga.

Vestía un pantalón deportivo negro y una camiseta gris que se había cambiado después del entrenamiento. Llevaba el cabello todavía húmedo por la ducha y sostenía una pequeña bolsa de papel en una mano.

Serkan sonrió de inmediato.

-¡Ryoga!.

Él inclinó apenas la cabeza.

-Hola.-después levantó la bolsa.-¿Interrumpo?

Me acerqué hasta la puerta.

-Un poco.-respondí con una pequeña sonrisa.-Pero pasa.

Ryoga negó con la cabeza.

-No entraré solo venía a dejar esto.-le tendió la bolsa a Serkan.

El pequeño la tomó con ambas manos.

-¿Qué es?.

-Ábrela.

No hizo falta repetirlo.

Serkan abrió la bolsa con una rapidez impresionante.

Metió la mano y sacó una pequeña caja de cartón.

La abrió lentamente.

Sus ojos comenzaron a brillar.

-¡Chocolate!.

Dentro había varios chocolates con envolturas de distintos colores y una pequeña bolsa de gomitas.

Me crucé de brazos.

-Ryoga...

Él me miró con tranquilidad.-No son muchos.

-Eso no es el punto.

-Lo sé pero prometió entrenar mucho así que pensé que podía tener una recompensa.

Serkan ya estaba abrazando la caja como si fuera un tesoro.

-¡Gracias!.-Ryoga sonrió apenas..

-De nada.

El pequeño levantó la vista hacia mí.

-¿Puedo comer uno?.

Suspiré resignada.-Solo uno antes del almuerzo, no.

-Está bien.-respondió obediente.

Escogió uno de los chocolates más pequeños y volvió a guardar cuidadosamente la caja.




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