Ryoga Brouders
Nunca imaginé que terminaría cocinando, ni menos lleno de harina y huyendo de Akane cuál me lanzaba los cojines de los sillones.
Mucho menos durante la semana de una pelea.
-Fue idea de Serkan.
-¡Mentiroso! ¡Fue tuya!.-dice el.
-Traidor.-Akane sonrió no era una sonrisa bonita.
Era la sonrisa que anunciaba mi funeral agarró uno de los cojines del sofá.
-Ryoga...
-Akane...
-Ven aquí.
-No.-el cojín salió volando.
Lo esquivé por centímetros.
-¡¡Oye!!.-otro me golpeó en la espalda.-¡Eso duele!¡¿Tiene piedra por dentro o que?!.
-¡Creeme que ganas no me faltan!.
Salí corriendo alrededor de la sala mientras Akane me perseguía lanzándome todos los cojines que encontraba.
-¡No puedes golpear al chef de los panqueques!.
-¡Sí puedo!.
-¡Eso es violencia doméstica!.
-¡Eso es justicia!.
Otro cojín pasó rozando mi cabeza.
-¡Akane!.
-¡Quieto!.-corría alrededor del sofá muerto de risa.
Ella venía detrás completamente decidida a acabar conmigo y, yo estaba cubierto de harina desde el cabello hasta la ropa.
Ella tenía el rostro blanco por el ataque sorpresa que le había echo.
Y Serkan...
Serkan estaba sentado sobre la encimera de la cocina, con las piernas balanceándose, igual de cubierto de harina que yo.
Ni siquiera intentaba ayudarnos.
Solo aplaudía entre carcajadas.
-¡Vamos, mamá! ¡Dale otro!.
-¡Serkan! ¡Se supone que estás de mi lado!.
-¡Estoy del lado del espectáculo!.-no pude evitar reír aún más.
Después de varios minutos escapando, Akane logró acorralarme entre el sofá y la mesa de centro.
-Se acabó.
-Podemos hablarlo.
-No.
-¿Negociar?.
-Tampoco.-levantó otro cojín suspiré resignado.
-Me lo gané.
Ella terminó golpeándome suavemente con él.
Los dos empezamos a reír al mismo tiempo.
Serkan bajó de la encimera y vino corriendo hacia nosotros.
-¡Abrazo!.
Nos envolvió a ambos con sus pequeños brazos la harina terminó de pasar a nuestras ropas.
Los tres acabamos completamente blancos.
Akane suspiró entre risas.
-Ahora tendremos que limpiar todo.
Miré el desastre.
Harina en el piso.
Harina en el sofá.
Harina en la mesa.
Harina hasta en lugares que no entendía cómo había llegado.
Sonreí.-Valió completamente la pena.
Akane rodó los ojos, aunque no pudo ocultar su sonrisa.
Y, viendo a Serkan reír con esa felicidad tan sincera, pensé que, si ese era el precio por regalarle un recuerdo así...
Vale la pena.
Serkan comenzó a reír con tanta fuerza que terminó sujetándose el estómago.
-¡Otra vez!.
Akane soltó un largo suspiro.-Creo que definitivamente pasas demasiado tiempo con Cameron.
-¿Por qué?.
-Porque ya se te están pegando sus ideas.
-¡No es cierto!.-respondió indignado.
Yo aproveché el momento para servir tres vasos con agua.
Los dejé sobre la isla de la cocina.
-Descansa un poco.-le dije a Akane.
Ella negó.-Primero termino esto.-observé la olla.
El aroma comenzaba a llenar toda la suite.
-Huele bien.
Ella sonrió apenas.-Mi mamá decía que cocinar con prisa siempre arruinaba la comida.-guardó silencio apenas terminó la frase.
Como si acabara de recordar algo.
Su expresión cambió por un instante.
Muy poco.
Pero lo suficiente para notarlo.
No dije nada.
Fue Serkan quien rompió el silencio.
-Mamá cocina muy rico.-miré al pequeño el sonreía con orgullo.-Siempre dice que aprendió viendo a la abuela.
Akane bajó la vista hacia la olla.
-Ella tenía mucha paciencia conmigo.-murmuró.-Yo quemé el arroz tres veces antes de aprender.
Serkan soltó una carcajada.
-¡Cinco!.-ella giró rápidamente hacia él.
-Fueron tres.
-Cinco.-Insistió el pequeño levantando toda la mano.-Tio Liam dice que fueron cinco.
Akane abrió mucho los ojos.-¿Liam todavía se acuerda de eso?.
-Siempre lo cuenta.-respondió Serkan entre risas.-Dice que la casa olía a humo durante una semana.
No pude evitar imaginar la escena.
Una Akane adolescente intentando cocinar.
Liam riéndose.
Sonreí sin darme cuenta.
Ella me miró.
-No te rías.
-Lo intento.-respondí.-Pero la imagen es bastante graciosa.
Akane negó resignada.-Qué vergüenza...
En ese momento sonó el timbre de la suite.
Los tres levantamos la vista.
-¿Esperan a alguien?-pregunté.
Ella negó.-No.
Yo tampoco.
Serkan ya estaba bajándose de la silla.
-¡Yo abro!.
-Espera.-dijimos Akane y yo al mismo tiempo.
Antes de que alguno pudiera detenerlo corrió hasta la puerta.
Giró el picaporte.
-¡Hola!.
Del otro lado aparecieron Ethan y Cameron.
Los dos sonrieron... durante exactamente dos segundos.
Después sus miradas recorrieron lentamente la suite.
Harina en el piso.
Harina sobre el sofá.
Harina en la mesa.
Un tazón con la mezcla de los panqueques.
Yo completamente blanco de pies a cabeza.
Akane con el rostro cubierto de harina y una enorme sonrisa y Serkan...
Parecía un pequeño fantasma.
Los dos permanecieron en absoluto silencio.
Cameron sacó lentamente su teléfono.
-¿Qué haces...?.-pregunté, sospechando demasiado tarde.
-Grabar.-la cámara apuntó directamente hacia nosotros.-Esto es evidencia.
-¿Evidencia de qué?.-Cameron hizo un acercamiento a Serkan.
-Señoras y señores, aquí podemos observar claramente que Ryoga Brouders está cumpliendo el acuerdo de la manutención.
Ethan se cruzó de brazos intentando no reír.
-La prueba número uno el niño está feliz.-la cámara pasó a Akane.-Prueba número dos: la madre... o bueno, la encargada del niño... sonríe en lugar de querer asesinarlo.