Un Golpe De Confusión

Capitulo 20

Akane Harper's

Cuatro días.
Llevábamos cuatro días fuera de casa.

Y, sorprendentemente...

Todo había salido mucho mejor de lo que imaginaba.

Serkan ya conocía de memoria cada rincón del hotel había aprendido a usar el ascensor sin perderse.

Saludaba a los recepcionistas como si viviera ahí desde hacía años y cada mañana preguntaba exactamente lo mismo.

-¿Hoy pelea Ryoga?.-siempre recibía la misma respuesta.

-Mañana.-serkan abrió mucho los ojos.

-¡Entonces falta solo un día!.-asentí mientras terminaba de peinarlo.

-Solo uno.-el pequeño sonrió emocionado.

Para él aquello era una aventura.

Para mí...

Era el día más importante de mi trabajo.

Durante esos cuatro días, el equipo apenas había tenido tiempo para descansar.

Las mañanas comenzaban temprano.

Entrenamientos ligeros, revisión médica.

Masajes, recuperación y después...

Entrevistas.

Demasiadas entrevistas.

Los periodistas parecían tener las mismas preguntas una y otra vez.

"¿Cómo se siente?"

"¿Está preparado?"

"¿Confía en la victoria?"

Ryoga respondía siempre con la misma tranquilidad nunca levantaba la voz, nunca perdía la paciencia, nunca daba un titular polémico.

Y cuando terminaban las entrevistas...

Llegaba el pesaje oficial.

Recordé la tarde anterior el recinto estaba lleno de cámaras, los fotógrafos no dejaban de tomar imágenes.

Ryoga y su rival subieron a la báscula.

El peso fue perfecto después vino el tradicional cara a cara.

Ambos permanecieron inmóviles.

Mirándose fijamente.

Esperando que alguno retrocediera.

Ninguno lo hizo.

Los flashes iluminaban el escenario sin descanso.

Al bajar del escenario...

Lo primero que hizo Ryoga fue buscarme con la mirada solo levanté el pulgar.

Todo estaba bien.

Su hombro había respondido perfectamente, no había molestias, ni inflamación, ni dolor.

Podía pelear y eso era lo único que importaba.

-¿Mamá?.-la voz de Serkan me devolvió al presente.

-¿Sí?.

-¿Ryoga está nervioso?.-sonreí ligeramente.

-No lo demuestra.

-¿Entonces no tiene miedo?.-me quedé pensando unos segundos.

-Creo que sí.

Serkan frunció el ceño.-Pero si nunca se ve asustado.

Me senté a su lado en la cama.-Ser valiente no significa no tener miedo significa hacer lo que tienes que hacer... Aunque tengas miedo.

El pequeño permaneció en silencio como si intentara comprender aquellas palabras después asintió lentamente.

-Como tu.-digo.

-¿Yo?.

-Sí cuando te vacunaban de pequeño.-sonrio.-Tu también tenías miedo.

-Pero igual me sonreías.-no esperaba esa respuesta.

Sentí un pequeño nudo en la garganta.

Le acaricié el cabello.

-Supongo que sí.

Serkan apoyó la cabeza sobre mi hombro.-Ryoga también sonríe mucho antes de pelear.

Miré por la ventana.

Era cierto.

Sonreía.

Bromeaba.

Respondía entrevistas.

Firmaba autógrafos.

Pero había algo distinto.

Lo había notado durante esos días.

Dormía poco.

Comía solo lo necesario.

Y, cuando creía que nadie lo observaba...

Se quedaba completamente en silencio perdido en sus pensamientos respiré profundamente entonces recordé.

Esta noche.

La última antes de la pelea.

La noche del trato.

Había aceptado estar con el y está noche...

Tendría que cumplir mi palabra.

No sabía exactamente qué esperaba encontrar al cruzar la puerta de su habitación.

Solo sabía una cosa.

Mañana...

Ryoga subiría al ring.

-¡Mamá!.-la voz de Serkan resonó por toda la suite.

Lo miré desde el sofá mientras terminaba de revisar por última vez el vendaje y algunos medicamentos que llevaría al día siguiente.

-¿Sí?.-el pequeño apareció con una enorme sonrisa.

-¿Podemos ir por un helado?.-sonreí con ternura.

-No.-su expresión cambió al instante.

-¿Por qué?.-cerré el botiquín y me levanté.

-Porque mañana es un día importante. No sabemos si un helado puede caerte mal y no pienso arriesgarme.

Serkan infló las mejillas.

-Pero me siento bien.

-Lo sé.

-Y hace cuatro días que no me enfermo.

No pude evitar reír.-Eso no cambia mi respuesta.-el pequeño cruzó los brazos.

-Es injusto...

-Quizás después de la pelea.

Negó con fuerza.-¡Pero hoy quiero!.

Antes de que pudiera responder, alguien llamó suavemente a la puerta.

Abrí.

Ryoga estaba del otro lado llevaba una gorra negra y una sudadera con capucha, como si quisiera pasar desapercibido.

-¿Interrumpo?.

-No.-respondí.-Solo estamos negociando.

Él miró a Serkan.-¿Qué pasó?.

El pequeño señaló mi dirección con dramatismo.-¡No quiere comprarme un helado!.

Ryoga levantó una ceja y después me miró.

-¿Es cierto?.

Asentí.-Mañana peleas y él ha estado comiendo bien estos días. No quiero que algo le caiga mal.

Ryoga permaneció unos segundos en silencio.

Después habló con calma.

-Entonces sí iremos por un helado.-lo miré sorprendida.-¿Qué?.-el sonrió apenas.-Yo también necesito distraerme.

Fruncí el ceño.-Ryoga...

-Llevamos cuatro días encerrados entre entrevistas, entrenamientos, pesajes y periodistas.-miró a Serkan.-Creo que ambos nos merecemos salir un rato.

El pequeño levantó los dos brazos.

-¡Sí!

Volví a mirar a Ryoga.-No puedes comer cualquier cosa antes de una pelea.

-No pienso hacerlo.-respondió con tranquilidad.-Puedo pedir un café o una botella de agua.-hizo una pequeña pausa.-El helado es para él.

Guardé silencio.

Sabía que tenía razón en una cosa.

Los últimos días habían sido agotadores para todos.

Incluso para Serkan, que había pasado horas esperándonos mientras Ryoga cumplía con la prensa y los compromisos del campeonato.




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