Un Golpe De Confusión

Capitulo 21

Ryoga Brouders

Nunca debí hacer ese trato.

Lo confirmé en cuanto salimos de la heladería.

Serkan caminaba unos pasos delante de nosotros, sosteniendo mi mano con una naturalidad que llamaba la atención de cualquiera que pasara.

Y, para empeorar las cosas...

No dejaba de sonreír.

-¿De qué te ríes tanto?.-le pregunté.

El pequeño levantó la vista hacia mí.

-Estoy pensando en mi perrito.

Solté una risa por lo bajo.-Todavía no tienes ningún perro.

-Pero lo voy a tener.-respondió completamente convencido.

-Tú lo prometiste.

-Dije que lo intentaría.

-No.-negó moviendo un dedo.-Dijiste que un trato era un trato.

Maldita sea.

Sí lo había dicho.

Escuché la risa de Akane detrás de nosotros.

-Te lo advertí.

La miré de reojo.-No necesito que disfrutes mi desgracia.

Ella sonrió.-Yo no estoy disfrutando nada.-hizo una pausa.-Solo me parece curioso que alguien como tú termine siendo manipulado por un niño de siete años.

Serkan levantó un dedo.-Casi ocho.

-Perdón.-corrigió ella entre risas.-Un niño de casi ocho años.

Suspiré resignado.-Creo que Cameron tenía razón.

Akane arqueó una ceja.-¿Sobre qué?.

-Los niños son más peligrosos que un boxeador.

Ella soltó una carcajada.

Una de esas sinceras sin preocuparse por nada más la observé apenas unos segundos.

Últimamente reía mucho más.

Y no sabía si era por el viaje...

O por culpa de Serkan.

Probablemente por ambas cosas.

Seguimos caminando por las calles cercanas al hotel.

El sol comenzaba a bajar lentamente.

La ciudad estaba llena de personas paseando.

Turistas sacando fotografías.

Familias caminando sin prisa.

Era extraño.

Estar tan lejos de casa.

Y, aun así...

Sentirme tranquilo.

-¡Papá!.-la voz de Serkan me hizo reaccionar.

Varios peatones giraron automáticamente hacia nosotros.

Cerré los ojos un segundo.

Ya había empezado.

Me agaché hasta quedar a su altura.

-¿Qué pasa?.

Él sonrió con inocencia.-Solo quería probar.

Lo miré fijamente.-¿Probar qué?.

-Si cumplía el trato.

Negué lentamente.-No puedes llamarme así todo el tiempo.

-¿Por qué?.

-Porque...-busqué una respuesta.

No encontré ninguna que pudiera entender un niño de su edad.

Akane intervino antes que yo.

-Porque Ryoga tiene nombre.

Serkan la miró.-Pero en el trato...

-El trato era solo cuando hiciera falta.-lo interrumpí.

Él frunció el ceño.-¿Y cómo sé cuándo hace falta?.

Akane y yo nos miramos ninguno tenía una respuesta.

Al final terminé diciendo.-Yo te aviso.

El pequeño sonrió satisfecho.-Está bien.

Volvió a tomar mi mano como si acabáramos de cerrar un contrato importantísimo.

Seguimos caminando unos minutos más hasta llegar a un pequeño parque.

Había niños jugando.

Personas paseando a sus mascotas y bancos rodeados de árboles.

Serkan soltó mi mano apenas vio un cachorro de color dorado corriendo detrás de una pelota.

Sus ojos brillaron.-¡Mira!.

Corrió unos metros, pero se detuvo antes de acercarse demasiado.

Volteó a verme.-¿Puedo acariciarlo?.

Miré a la dueña del perro.

Ella sonrió y asintió.-Claro.

El cachorro llegó moviendo la cola con entusiasmo.

Serkan se agachó despacio.

Lo acarició con una delicadeza que no esperaba.

El perro respondió lamiéndole la mano.

El pequeño comenzó a reír.

Una risa limpia.

Despreocupada.

Lo observé en silencio.

-Ahora entiendo...-murmuré.

Akane volvió la cabeza hacia mí.-¿Qué cosa?.

No aparté la vista de Serkan.-Por qué quiere tanto un perro.

Ella sonrió con ternura.-Lleva pidiéndome uno desde que tenía cuatro años.

-¿Y nunca le compraste uno?.

Negó despacio.-Entre el trabajo, el colegio y el apartamento... Nunca era el momento adecuado.

Guardé silencio.

Vi a Serkan abrazar al cachorro con cuidado mientras el animal le lamía la mejilla.

-Parece que ya encontró a su mejor amigo.-comenté mientras observábamos a Serkan jugar con el cachorro.

Akane sonrió con ternura.-No sabes cuánto tiempo lleva soñando con tener uno.

La miré de reojo.-¿Nunca intentó llevarse alguno de la calle?.

Ella soltó una pequeña risa.-Dos veces.

Arqueé una ceja.-¿Dos?.

-La primera apareció con un cachorro escondido dentro de su mochila cuando tenía cinco años.-no pude evitar reír.

-¿Y la segunda?.

-Con un gato.

Negué entre risas.-Definitivamente es tu hermano.

Akane sonrió con nostalgia.-Sí...

Hubo unos segundos de silencio.

El ambiente era tranquilo.

Por primera vez en varios días ninguno de los dos pensaba en entrevistas, pesajes o la pelea del día siguiente.

Solo caminábamos.

Como dos personas normales.

-¿Siempre quisiste ser fisioterapeuta?.-pregunté de pronto.

Ella tardó unos segundos en responder.

-No.-la miré con curiosidad.-Cuando era niña quería ser veterinaria.

Sonreí.-Tiene sentido.

-Pero después de que murieron mis padres tuve que pensar en algo que me permitiera trabajar rápido y mantener a Serkan.-bajó la mirada.-Así terminé estudiando fisioterapia.

Asentí en silencio.

-¿Y tú?.-preguntó.-¿Siempre quisiste boxear?

Solté una risa sin humor.-No.

-¿Entonces?.-miré hacia el cielo unos segundos.

-Solo era bueno peleando.

Ella no insistió.

Agradecí ese silencio.

No necesitaba explicar todo lo que había detrás de esa respuesta seguimos caminando por el parque hablando de cosas simples.

De música.

De viajes.

De las ocurrencias de Cameron.

Incluso terminamos riéndonos al recordar el falso juicio que Serkan me había hecho en el gimnasio por no pagar la manutención.




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