Akane Harper's
La puerta de la casa se cerró después de que Ryoga, Cameron, Ethan y Stiles salieran.
Por unos segundos me quedé mirando hacia ella no podía evitar sentir un nudo en el estómago.
Serkan estaba allá afuera.
En algún lugar y ellos acababan de ir a buscarlo, Intenté respirar profundamente.
Una vez.
Dos veces.
Pero no funcionaba.
-Si sigues mirando esa puerta, probablemente terminarás atravesándola con la mirada.-la voz de Isaías me hizo girar.
Estaba de pie junto a la cocina lo miré sin saber qué responder.
-Lo siento...
-No tienes que disculparte.-se acercó tranquilamente.-Estás preocupada por Serkan.
Asentí.
Isaías me observó durante unos segundos después señaló una de las sillas.
-Siéntate.
-Estoy bien.
-No lo estás.
No tuve argumentos para responder y finalmente me senté, Isaías caminó hacia la cocina.
-¿Quieres té?.
-¿Té?.
-Sí.
-¿Ahora?.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
-Es lo único que puedo ofrecerte mientras esperamos.
Suspiré.
-Está bien.
Isaías preparó dos tazas y se sentó frente a mí el aroma caliente llenó el pequeño espacio tomé la taza entre mis manos el calor me ayudó un poco.
-Bebe despacio.-dijo.-Te ayudará a calmarte.
Miré el líquido.
-No sé si puedo calmarme.
-Lo sé.-Isaías dio un pequeño sorbo.-Pero tienes que intentarlo.
Durante unos segundos ninguno habló hasta que Isaías dejó la taza sobre la mesa.
-Akane.-levanté la mirada.-Hay algo que quiero decirte.-su tono había cambiado.
Ya no era el de alguien intentando tranquilizarme era ese tono serio.
-¿Qué pasa?.
-No te enamores de Ryoga.
Parpadeé.-¿Qué?.
-Escuchaste bien.-sentí que mi corazón daba un pequeño salto.
-Yo no...
-No necesitas justificarte.-me interrumpió tranquilamente.-Solo quiero advertirte.
-¿Por qué?.
Isaías permaneció en silencio unos segundos.
-Porque Ryoga no es quien aparenta ser.-mis dedos se apretaron alrededor de la taza.
-Sé que es boxeador.-dije.
-Eso es solamente una parte.-lo miré nuevamente.
-¿Qué quieres decir?.
Isaías suspiró.-Hay cosas de su pasado que probablemente no conoces.
Mi mente comenzó a recordar todas las veces que había visto a Ryoga,su manera de reaccionar, sus reflejos, la facilidad con la que podía detectar un peligro, la forma en que observaba constantemente las salidas de cualquier lugar y sus cicatrices.
Especialmente aquellas que no parecían propias de alguien que solamente hubiera practicado boxeo.
-Sus cicatrices...-Isaías levantó la mirada.
-¿Qué pasa con ellas?.
-¿No todas fueron por el boxeo cierto?.
Isaías permaneció callado después asintió lentamente.
-Tienes razón.
-¿Entonces?.
Isaías apoyó los brazos sobre la mesa.
-No fueron causadas por el boxeo.
Tragué saliva.
-¿Por qué entonces?.
-Por sus anteriores trabajos.-la respuesta me dejó completamente quieta.
-¿Qué trabajos?.-Isaías no respondió inmediatamente miró hacia la puerta por donde Ryoga había salido.
-Trabajos que comenzaron mucho antes de que se convirtiera en el campeón que conoces.
-¿Qué clase de trabajos?
Isaías negó lentamente.
-Esa es una historia que Ryoga debería contarte si algún día decide hacerlo.
-Pero tú acabas de decirme que no me enamore de él.
-Porque no quiero que descubras quién era después de que sea demasiado tarde.
Sus palabras me hicieron fruncir el ceño.
-¿Y quién era?.
Isaías respiró profundamente.-Alguien que aprendió demasiado pronto que sobrevivir no siempre significa hacer lo correcto.
Me quedé en silencio.
Pensé en Ryoga.
En el hombre que había protegido a Serkan en el aeropuerto.
En el hombre que había cocinado con nosotros.
En el hombre que había dejado que Serkan se subiera sobre su espalda durante el entrenamiento.
En el hombre que había estado conmigo aquella noche y también pensé en el hombre que podía golpear a alguien sin siquiera pensarlo cuando se sentía amenazado.
Quizá Isaías tenía razón.
Quizá había una parte de Ryoga que yo todavía no conocía.
-¿Era peligroso?.-pregunté.
Isaías me miró directamente.
-Lo sigue siendo.
-Pero nunca me ha hecho daño.
-No estoy diciendo que vaya a hacerlo.-Isaías tomó nuevamente su taza.-Estoy diciendo que no confundas la persona que es contigo con todo lo que ha sido.
Bajé la mirada.
Aquella frase se quedó dando vueltas en mi cabeza porque quizá ese era precisamente el problema.
Yo había comenzado a conocer al Ryoga que sonreía cuando Serkan decía alguna tontería.
Al Ryoga que se preocupaba por mi hermano, al Ryoga que me miraba de una manera que hacía que olvidara por unos segundos todos mis problemas.
Pero no conocía al hombre que había llevado esas cicatrices.
No conocía su pasado, no conocía sus antiguos trabajos y ahora tampoco sabía qué pensar sobre el.
Mi teléfono vibró sobre la mesa.
Lo tomé inmediatamente.
No era Ryoga.
Mi corazón volvió a acelerarse.
-¿Todavía no llaman?.-preguntó Isaías.
Negué.-No.
Miré la pantalla.
Nada.
-Quiero ir con ellos.
Isaías negó.-No.
-Pero es mi hermano.
-Precisamente por eso.
-¿Qué significa eso?.
-Que si Ryoga te dijo que te quedaras aquí, debes hacerlo.
Apreté los labios.-No quiero quedarme sentada mientras buscan a Serkan.
Isaías suavizó la expresión.
-Lo sé.-se levantó y caminó hasta quedar frente a mí.-Pero ahora mismo ellos están intentando traerlo de vuelta.-me miró fijamente.-Y tú tienes que estar aquí cuando regresen.
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
-¿Y si no regresan con él?.