AKANE HARPER'S
Había pasado una semana desde que Serkan desapareció.
Una semana.
Siete días desde aquella noche que había cambiado absolutamente todo desde entonces, no había vuelto a dejarlo jugar solo afuera.
No podía evitarlo.
Cada vez que lo perdía de vista durante unos segundos, mi corazón se aceleraba.
Sabía que debía tranquilizarme.
Sabía que Serkan estaba a salvo.
Pero el miedo no desaparecía simplemente porque el peligro hubiera terminado.
Aquella mañana habíamos ido al gimnasio aunque, técnicamente, Serkan no tenía clases.
Los trámites para cambiarlo de escuela todavía estaban en proceso.
Después de la publicación de Ryoga y de toda la atención que había recibido nuestra familia, Ethan había recomendado buscar una escuela privada donde pudieran manejar mejor la situación y mientras terminábamos los papeles...
Serkan estaba oficialmente de vacaciones algo que él parecía disfrutar demasiado.
Entramos al gimnasio y apenas cruzamos la puerta, Serkan salió corriendo.
-¡Buenos días!.
Algunos de los boxeadores levantaron la mano para saludarlo.
-¡Buenos días, campeón!.
Serkan sonrió orgulloso.
-Ni se te ocurra decir que vas a entrenar..
-Lo sé.-sonrie.
-Pero eso no significa que puedas hacer todo lo que quieras.
Serkan suspiró.
-Está bien.
Cinco segundos después...
Ya estaba corriendo hacia el ring negué con la cabeza.
-Definitivamente no me escuchó.
Ethan, que estaba revisando unos documentos cerca del escritorio, soltó una carcajada.
-Déjalo.
-Ethan...
-Lo estoy vigilando.
-Eso dijiste ayer.
-Y sobrevivimos.-lo miré con los brazos cruzados.
-No es gracioso.
-Un poco sí.
Serkan apareció detrás de él.
-Tio Ethan.
-¿Qué pasa?.
-Quiero una botella de agua.-Ethan señaló una pequeña nevera.
-Ahí hay.
Serkan abrió la nevera, tomó una botella y volvió a mirar alrededor.
-Este lugar es mío.-me quedé completamente quieta.
-¡Qué dijiste?.-Serkan señaló el gimnasio.
-Es mío.-Cameron, que estaba entrenando cerca del saco, comenzó a reírse.
-¿Desde cuándo?.
-Desde hoy.
-¿Y quién te lo regaló?.
-El.-Serkan señaló a ryoga cuál iba entrando.
-¡Nosotros no sabiamos nada!.-dicen Ethan y cameron al mismo tiempo cuando los miró.
Serkan caminó directamente hacia Ryoga.
-Te tengo una pregunta.-Ryoga arqueó una ceja.
-¿Cuál?.
-¿Yo puedo ser el dueño cuando tú no estés?.
Cameron soltó una carcajada y Ethan negó con la cabeza yo me llevé una mano al rostro e Ryoga, en cambio, simplemente lo observó.
-No.-Serkan hizo una mueca.
-¿Por qué?.
-Porque no tienes ocho años de experiencia administrando un gimnasio.
-Pero puedo aprender.
-Cuando seas mayor.-Serkan cruzó los brazos.
-Entonces seré el dueño después.
Ryoga sonrió ligeramente.
-Ya veremos.
Serkan pareció satisfecho con aquella respuesta se giró hacia Ethan.
-Entonces hoy mando yo.-Ethan lo miró incrédulo.
-¿Quién te dijo eso?.
-Ryoga dijo "ya veremos".
Cameron comenzó a reír nuevamente.
-Este niño negocia mejor que muchos adultos.
Yo suspiré.-Serkan, ven aquí.
-¿Qué?.
-Necesito hablar contigo.-se acercó me agaché frente a él.-No eres el dueño del gimnasio.
-Todavía no.
-Nunca sabes cuándo rendirte, ¿verdad?.
Serkan sonrió.-No.
Lo abracé y por un instante...
Me levanté y miré hacia Ryoga el estaba observándonos nuestros ojos se encontraron sonrió ligeramente.
Yo también quizá todavía había demasiadas cosas que no entendía de él.
Pero una cosa sí tenía clara.
Ryoga había estado más pendiente de nosotros que nunca y aunque no sabía qué significaba aquello para el futuro por ahora, agradecía que estuviera ahí.
Después de pasar un rato en el gimnasio, finalmente tuve que entrar a trabajar y aunque Serkan no tenía clases todavía, yo sí tenía responsabilidades.
El gimnasio estaba lleno de atletas que necesitaban atención y varios ya estaban esperando para sus sesiones de fisioterapia.
Miré hacia donde estaban los demás Ryoga estaba sentado cerca del ring, cameron hablaba con uno de los boxeadores, Ethan revisaba algunos documentos.
Y Serkan...
Serkan estaba en medio de los tres parecía completamente feliz suspiré.
-Está bien.
Los tres levantaron la mirada.
-¿Qué?.-preguntó Cameron.
-Tengo que entrar a la sala de fisioterapia.-señalé a Serkan.-Necesito que alguno de ustedes lo vigile.-Ethan levantó una mano.
-Yo me encargo.-Cameron inmediatamente se acercó.
-yo también.
Ryoga simplemente dijo.-Yo estaré aquí.
Los miré a los tres.
-No hagan ninguna tontería.
Cameron puso una mano sobre su pecho.-¿Nosotros?.
-Especialmente tú.
-Me ofende.
Ethan soltó una carcajada.-Ve a trabajar, Akane. Nosotros lo cuidamos.
Miré a Serkan.
-No molestes a los demás.
-No lo haré.
-Y no corras.
-No correré.
-Y no subas al ring.
-¿Puedo sentarme?.
-Sí.
-¿Y mirar?.
-Sí.
-¿Y hablar?.
-Mientras no interrumpas a los atletas.
-Está bien.
Lo señalé con el dedo.
-Te estoy vigilando.
Serkan sonrió.
-Sí, mamá.
Finalmente entré en la sala de fisioterapia cerré la puerta y durante los primeros minutos todo parecía ir bien.
Atendí a un atleta que tenía molestias en el hombro, después revisé a otro que había sufrido una sobrecarga muscular.
Intentaba concentrarme.
Pero no podía dejar de pensar en Serkan.
Era absurdo.
Estaba con tres adultos.
Tres hombres que conocían perfectamente la responsabilidad que implicaba cuidarlo.
Ryoga.