Un golpe de realidad

Capitulo 5- Una conversación

Una Conversación

La noche avanzaba lentamente.

Demasiado lentamente para el gusto de Micaela.

Después de la presentación con los Carter, había permanecido junto a sus padres durante casi una hora escuchando conversaciones que apenas comprendía. Hombres hablando de inversiones, exportaciones y alianzas.

Mentiras disfrazadas con palabras elegantes.

Porque ahora sabía lo que realmente significaban.

Negocios.

Rutas.

Mercancía.

Dinero.

Droga.

Todo tenía un significado oculto.

Y eso la hacía sentirse enferma.

—¿Te encuentras bien?

La voz de su madre la sacó de sus pensamientos.

—Perfectamente.

La mentira fue tan evidente que ninguna de las dos insistió.

Micaela observó el salón una vez más.

Necesitaba aire.

Necesitaba alejarse de toda aquella gente.

Sin pedir permiso, dejó la copa sobre una bandeja y caminó hacia una de las terrazas exteriores del hotel.

El aire fresco golpeó su rostro inmediatamente.

Por primera vez en toda la noche pudo respirar.

Se apoyó sobre la barandilla y observó las luces de la ciudad extendiéndose bajo ella.

Desde allí todo parecía normal.

Como si no existieran mafias.

Ni mentiras.

Ni secretos.

Ni padres que habían construido un imperio criminal.

—Pensé que te habías escapado.

Micaela cerró los ojos.

Reconocía aquella voz.

No necesitó girarse para saber quién era.

—Y yo pensé que los mafiosos no espiaban a las personas.

Escuchó una pequeña risa detrás de ella.

—Depende de la persona.

Finalmente se giró.

Jackson estaba allí.

Con las manos en los bolsillos de su pantalón.

Observándola.

Esta vez sin la multitud alrededor.

Sin sus padres.

Sin Richard.

Solo ellos dos.

Y aquello resultaba extrañamente más intimidante.

—¿Siempre eres tan directo? —preguntó ella.

—Solo cuando algo me interesa.

La respuesta fue tan sincera que Micaela no supo qué decir.

—¿Y yo te intereso?

Jackson la observó durante unos segundos.

—Todavía no lo sé.

Ella arqueó una ceja.

—Vaya respuesta.

—Es la verdad.

Micaela soltó una pequeña risa.

Quizás la primera sincera en muchos días.

Jackson se dio cuenta.

Y por alguna razón sintió que aquella sonrisa valía más que cualquier conversación que hubiera tenido durante toda la noche.

—No pareces feliz de estar aquí —comentó él.

—Porque no lo estoy.

—Lo imaginé.

Ella volvió a mirar la ciudad.

—¿Y tú?

—Tampoco.

—Podrías irte.

—No es tan sencillo.

Micaela lo observó.

—¿Por qué?

Jackson dudó.

No acostumbraba hablar de sí mismo.

Mucho menos con desconocidos.

Pero algo en ella le transmitía una sensación extraña.

Como si pudiera entenderlo.

—Digamos que algunas personas toman decisiones por mí.

—¿Tu padre?

Los ojos de Jackson se endurecieron apenas una fracción de segundo.

Lo suficiente para que Micaela lo notara.

—Algo así.

Ella guardó silencio.

Porque entendía perfectamente esa sensación.

—Los padres tienen una extraña habilidad para arruinar la vida de sus hijos.

Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.

Jackson la observó.

Y por primera vez la vio bajar la guardia.

No era la hija orgullosa de Gonzalo Stevens.

No era una heredera rodeada de lujos.

Era una chica herida.

Una chica que acababa de descubrir algo que había destrozado su mundo.

Y él conocía muy bien esa clase de dolor.

—Escuché que recientemente descubriste algunas cosas sobre tu familia.

Micaela tensó los hombros.

—¿También investigaste eso?

—Investigué todo.

—Eso es perturbador.

—Es práctico.

Ella negó con la cabeza.

—Entonces ya sabes que mi vida es un desastre.

—He visto peores.

—Difícil de creer.

—Créelo.

Por un instante ambos permanecieron en silencio.

La música llegaba amortiguada desde el interior del salón.

Lejana.

Como si perteneciera a otro mundo.

—¿Te arrepientes? —preguntó Jackson.

—¿De qué?

—De haber descubierto la verdad.

La pregunta la tomó por sorpresa.

Micaela tardó varios segundos en responder.

—No.

Aunque desearía no haberla encontrado de esa forma.

Jackson asintió.

Comprendía perfectamente aquella respuesta.

A veces la verdad era necesaria.

Incluso cuando destruía todo a su paso.

Dentro del salón.

Richard Carter observaba la terraza a través de los ventanales.

Y no le gustaba lo que veía.

—¿Qué ocurre?

Gonzalo apareció a su lado.

Richard señaló discretamente hacia el exterior.

—Tu hija.

Gonzalo siguió la dirección de su mirada.

Y encontró a Micaela hablando con Jackson.

Su expresión cambió inmediatamente.

—No me gusta.

—A mí tampoco.

Los dos hombres permanecieron observándolos.

En silencio.

Como si estuvieran contemplando algo potencialmente peligroso.

Porque lo era.

Mucho más de lo que aquellos dos jóvenes podían imaginar.

—Mantén a tu hijo lejos de mi hija.

Richard soltó una risa seca.

—Si alguien debería preocuparse aquí, soy yo.

Gonzalo no respondió.

Porque en el fondo ambos sabían una verdad incómoda.

Ni Jackson ni Micaela eran personas fáciles de controlar.

Y cuando dos personas así se encontraban...

Los problemas solían comenzar.

Esa misma noche.




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