Un golpe de realidad

CAPITULO 15- La primera amenaza

La Primera Amenaza

La noche había caído sobre la mansión Carter.

Todo parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Micaela permanecía sentada en la biblioteca con un libro entre las manos, aunque llevaba más de veinte minutos en la misma página.

No podía concentrarse.

Algo dentro de ella estaba inquieto.

Quizás era la sensación de estar lejos de casa.

Quizás era el hecho de saber que alguien la estaba buscando.

O quizás era algo más.

Desde que había llegado a Italia, una parte de ella había empezado a sentirse diferente.

Porque, aunque odiaba admitirlo, la presencia de Jackson hacía que aquel lugar pareciera menos extraño.

Y eso era precisamente lo que más le preocupaba.

—Deberías dormir.

La voz la hizo levantar la mirada.

Jackson estaba apoyado contra la puerta.

Como si llevara varios segundos observándola.

—¿Siempre apareces sin avisar?

preguntó ella.

—Solo cuando es necesario.

Micaela cerró el libro.

—¿Y ahora es necesario?

Jackson entró lentamente.

Su expresión era más seria de lo habitual.

Demasiado seria.

—Tenemos que hablar.

La forma en que lo dijo hizo que una pequeña preocupación apareciera en el rostro de Micaela.

—¿Qué ocurrió?

Jackson guardó silencio unos segundos.

Como si estuviera buscando las palabras correctas.

—Alguien descubrió que estás aquí.

El silencio cayó entre ambos.

Micaela sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido.

Aunque una parte de ella ya lo esperaba, escucharlo en voz alta era diferente.

—¿Quién?

—Todavía no lo sabemos.

—Entonces, ¿cómo sabes que me encontraron?

Jackson se acercó a la mesa y dejó un teléfono sobre ella.

—Porque alguien estuvo observando la propiedad.

Micaela miró el dispositivo.

—¿Me estaban vigilando?

Jackson asintió.

Su mandíbula estaba tensa.

—Sí.

Por primera vez desde que llegó a Italia, Micaela vio algo diferente en él.

No era frialdad.

No era enojo.

Era preocupación.

Y eso la desconcertó.

—¿Estás preocupado?

preguntó sin pensar.

Jackson levantó la mirada.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

—Es mi responsabilidad protegerte.

La respuesta era correcta.

Demasiado correcta.

Y ambos lo sabían.

Micaela apartó la mirada.

—Siempre dices eso.

—Porque es verdad.

—¿Y si no fuera tu responsabilidad?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Jackson no respondió inmediatamente.

Porque esa era precisamente la pregunta que estaba intentando evitar.

Antes de que pudiera decir algo, la puerta se abrió.

Richard apareció en el umbral.

—Tenemos movimiento.

La expresión de Jackson cambió al instante.

Volvió a ser el hombre calculador que todos conocían.

—¿Dónde?

—Al norte de la propiedad.

Tres vehículos sin identificación.

Micaela sintió un escalofrío.

La realidad volvió a golpearla.

No estaba de vacaciones.

No estaba simplemente viviendo en Italia.

Estaba escondiéndose.

—Quiero que la lleves al área segura.

Ordenó Richard.

Jackson asintió.

Pero Micaela dio un paso atrás.

—No.

Ambos hombres la miraron.

—Micaela...

—No voy a quedarme encerrada cada vez que alguien aparezca.

Richard endureció la expresión.

—Esto no es una discusión.

—Siempre dicen eso.

Ella respiró profundamente.

—Toda mi vida alguien ha decidido por mí.

Mis padres.

Ahora ustedes.

Pero nadie me pregunta qué quiero.

Jackson la observó en silencio.

Porque entendía perfectamente sus palabras.

Él también había vivido toda su vida bajo órdenes.

Richard la miró durante varios segundos.

Finalmente habló.

—Quieres tener control sobre tu vida.

Micaela no respondió.

—Entonces aprende algo.

En este mundo, a veces sobrevivir significa aceptar que no puedes hacerlo todo sola.

Aquellas palabras la dejaron callada.

Porque, aunque le molestara admitirlo, tenía razón.

Jackson se acercó.

—Vamos.

Esta vez Micaela no discutió.

Mientras caminaban por los pasillos de la mansión, las luces de seguridad comenzaron a encenderse una tras otra.

El ambiente había cambiado.

Los empleados desaparecieron.

Los hombres tomaron posiciones.

La casa dejó de parecer un hogar.

Y volvió a parecer una fortaleza.

Cuando llegaron al área segura, Micaela se detuvo.

—Jackson.

Él se giró.

—¿Sí?

Ella dudó.

Por primera vez parecía no saber qué decir.

—Ten cuidado.

La frase lo sorprendió.

Porque esperaba miedo.

Esperaba una queja.

No preocupación por él.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Lo tendré.

Y entonces se marchó.

Micaela observó cómo desaparecía por el pasillo.

Sin saber que, en ese momento, Jackson estaba tomando una decisión.

Una decisión que podía cambiarlo todo.

Porque hasta ese día había protegido a Micaela porque era una orden.

Porque era un deber.

Porque era una responsabilidad.

Pero ahora era diferente.

Ahora quería protegerla.

Y esa diferencia podía convertirse en su mayor debilidad.

A las afueras de la propiedad Carter.

Un hombre observaba la mansión desde la oscuridad.

El teléfono sonó.

—¿La encontraron?

Una voz respondió al otro lado.

—Sí.

—¿Y ella?

El hombre miró las luces encendidas de la residencia.

—Está ahí.

Hubo unos segundos de silencio.

—Entonces es momento de actuar.

La llamada terminó.

Y por primera vez en muchos días...

La amenaza dejó de observar.

Ahora iba a moverse.




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