Estaba sacando de la valija el pijama cuando escuché unos pasos en el pasillo.
Tomás apareció en la puerta.
—¿Te instalaste?
—Más o menos.
Miró la habitación. Después me miró a mí.
—La habitación principal es más linda.
Fruncí el ceño.
—¿Eh?
—La de al lado. Tiene baño propio. Te vas a sentir más cómoda.
—Solo puse las valijas donde encontré una cama. No es que elegí una habitación sin consultarte.
—Podés elegir la que quieras.
—¿Y vos?
—Yo me quedo acá.
Miré hacia el pasillo.
—¿Y por qué vos no elegís la principal?
Se encogió de hombros.
—Estoy acostumbrado a esta.
Algo en la respuesta me llamó la atención.
—¿Ya conocías la casa?
Tomás me sostuvo la mirada durante un segundo.
—La recorrí cuando llegamos.
No parecía querer agregar nada más. Y yo tampoco tenía demasiadas ganas de preguntar.
—Bueno. Voy a cambiarme.
—Bien.
Se fue. Me quedé mirando la puerta unos segundos, después miré el pijama que tenía entre las manos. La verdad era que no necesitaba demasiadas razones para aceptar la propuesta.Estaba agotada y un baño propio sonaba como el mejor lujo que podía ofrecerme aquella casa, así que agarré el resto de mis cosas y crucé el pasillo.
El baño era mucho más grande de lo que imaginaba. Abrí la canilla de la ducha y esperé, cuando el agua finalmente salió caliente, entré.
No sabía cuánto necesitaba una ducha hasta ese momento. La lluvia de la noche anterior todavía parecía pegada a mi piel. Había pasado horas manejando bajo el agua, después había llegado al puesto, había conocido a Tomás, había seguido una camioneta por un camino que no conocía, había atravesado una tranquera y había conseguido trabajo en una estancia.
Todo en menos de un día.Sin embargo, debajo del agua caliente, por unos minutos, no tuve que pensar en nada de eso. Solo en el calor, en el sonido constante del agua, en mi cuerpo finalmente relajándose.
Respiré hondo.Por primera vez desde que había salido de casa, no sentí que estuviera escapando, solo estaba ahí.
Cuando salí, el espejo estaba completamente empañado.Me puse el pijama de raso de manga larga que había sacado de la valija y me cepillé el pelo.
Bajé siguiendo el olor a comida.
Esperaba encontrar a Tomás pero encontré a Tomás y a Ernesto.
Ernesto sentado en la silla mientras Tomás cocinaba algo en una olla. Frené en seco.
—Perdón. No sabía que teníamos visitas.
Ernesto sonrió.
—Tranquila. Vine cinco minutos.
Tomás me alcanzó una silla con un gesto de cabeza.
Me senté.
—¿Cómo estaba la ducha? —preguntó Ernesto.
—Increíble. Necesitaba mucho una ducha.
Tomás levantó la mirada hacia mí durante un instante, después volvió a concentrarse en la olla.
Ernesto empujó un manojo de llaves hacia nosotros.
—Bueno. Oficialmente, la casa es de ustedes.
Miré las llaves. Pesaban más de lo que parecían.
—Mañana a las seis empieza el día.
Asentí.
—Primero les voy a presentar a la gente. Después les muestro un par de cosas más del campo antes de irme.
Hizo una pausa.
—Y una cosa más.
Esperó hasta que los dos lo miráramos.
—Acá todos creen que ustedes son marido y mujer.
Tomás dejó de revolver la olla.
—Háganme el favor de que siga siendo así.
—Lo vamos a manejar —dijo Tomás.
Ernesto asintió.
—No hace falta que actúen todo el tiempo. Acá nadie anda metiéndose en las casas ajenas. Pero en un pueblo las historias caminan más rápido que las personas.
Hizo una pausa
—Alguno puede comentar algo. El problema es que los comentarios terminan llegando a los Villa Urquiza.
—¿Y si alguien pregunta?
Ernesto sonrió.
—Ya dijeron que se conocieron en el supermercado.
Tomás carraspeó.
—Fue una decisión apresurada.
Ernesto se levantó.
—Descansen. Mañana los va a despertar el campo antes que el despertador.
Agarró su campera y salió.
La puerta se cerró y la casa quedó en silencio otra vez.
Miré las llaves sobre la mesa.Seguían ahí, como si estuvieran esperando que alguno de los dos terminara de creer que esa casa ahora era nuestra.
A las cinco y media de la mañana ya estaba despierta.No porque hubiera dormido mal, todo lo contrario, había dormido profundamente, como no recordaba haberlo hecho en mucho tiempo.
Me vestí en silencio.El problema de mi vestuario seguía sin resolverse, así que opté por uno de mis jeans, una camisa y un blazer.
Miré mis zapatos.Los zapatos no, demasiado taco.Me los saqué pero cuando volví a mirar la valija me di cuenta que no tenía zapatillas.
Perfecto.Decidí bajar igual.
En la cocina encontré café y una nota de Tomás.
“Salí con Ernesto. Vuelvo en un rato.”
La leí dos veces.No me había avisado.
Miré el reloj, 6:08.
Tomé el café y fui hasta la oficina.
Claudia me había enviado un mail con la información del personal.
Había fichas de todos los empleados.Nombres completos, puestos, teléfonos, documentación laboral, contactos de emergencia.
Muchísima información.
Perfecto, podía trabajar con eso.
Encendí la computadora y empecé a imprimir.
No sabía exactamente qué necesitaba hacer primero, así que hice lo que siempre hacía cuando tenía demasiadas cosas delante, ordenarlas.
Hice anotaciones, marqué los teléfonos de emergencia, anoté que tenía que revisar el botiquín, la ART, Los horarios, quién almorzaba en la estancia, si había algún diabético, celiaco, alérgico.
También anoté que tenía que hablar con Marta sobre la comida. En las facturas figuraba que ella era quien preparaba y llevaba los almuerzos a Los Álamos, así que necesitaba saber qué menú manejaba, cuántas personas comían allí y si había alguna necesidad particular que tuviera que tener en cuenta.
Después anoté quién tenía franco y qué tareas hacía cada uno.