Un Horizonte de promesas

Inicios

Edrys — Hace quince años, la humanidad estaba al borde de una guerra mundial entre los cinco continentes cuando una nave apareció en el cielo. Detrás de ella llegaron cientos más, sin advertencia alguna. El cielo se volvió fuego. Ciudad tras ciudad cayó bajo el ataque enemigo sin cesar... hasta que los invasores se toparon con una muralla inesperada: la voluntad humana.

Las naciones dejaron de lado sus diferencias. Personas que antes se veían como enemigas comenzaron a ayudarse unas a otras. Los conflictos se olvidaron, la unidad renació y, juntos, recuperaron terreno. La humanidad logró detener el primer ataque... pero sabían que pronto llegarían más.

Ese día nació la Federación Anti‑Amenazas de Extinción, un gobierno mundial dedicado a un solo propósito: asegurar la supervivencia de la especie humana.

En ese entonces tenía cinco años cuando perdí a toda mi familia.

Sobreviví por pura casualidad... o quizá por algo más.

Solo hay una verdad que me sostiene: mi propósito en este universo es erradicar a los Conquistadores.

Ahora soy capitán de la nave Conquest, una nave de reconocimiento y ataque. Con el tiempo fui ascendiendo hasta ganarme el favor de la Mayor Wilson.

La vida ya no se parece en nada a lo que era; cada día es una batalla más. Aunque últimamente no ha habido muchos ataques, tengo un mal presentimiento.

Mi tripulación está compuesta por Luke, encargado de comunicaciones; Keys, nuestro artillero; y Aneirya, mi piloto. Con ellos he librado cientos de batallas y siempre hemos logrado regresar en una sola pieza.

Luke es el más social del grupo... aunque su problema es que es demasiado mujeriego.

Keys es todo lo contrario: tiene un aspecto rudo, pero en realidad es tímido y le da vergüenza hablar con mujeres.

Aneirya es alegre y siempre encuentra el lado bueno incluso en lo peor.

Los cuatro crecimos juntos en el orfanato. Somos más que una tripulación: somos hermanos.

Luke por el intercomunicador: —Edrys... la Mayor está en el intercomunicador.

Edrys salió corriendo por los pasillos hasta llegar a la entrada del puente de mando, donde lo esperaba Aneirya.

Aneirya se acercó a Edrys y le susurró con una sonrisa traviesa: —Luke está intentando enamorar a la Mayor Wilson.

Keys, desde atrás, murmuró algo que no alcancé a entender, pero su expresión lo decía todo.

Ya no tenía caso; la Mayor lo iba a terminar castigando.

Aneirya le dio un golpecito en la cabeza a Luke.

Keys se inclinó hacia Edrys y susurró: —Ya es tarde.

Edrys se aclaró la garganta y habló por el intercomunicador: —Perdóneme, Mayor Wilson. Usted sabe cómo es Luke... no piensa bien cuando se trata de una mujer.

La Mayor soltó un suspiro divertido. —Tranquilos, chicos. Cuando regresen a la base ya tengo preparado un castigo para él.

Luke tragó saliva. —¿Castigo...? Mayor, yo solo—

—Silencio, Casanova —lo interrumpió ella, riendo—. Dejando eso atrás: hemos estado recibiendo un mensaje de auxilio no identificado cerca de Marte. No sabemos si es aliado o enemigo.

Aneirya se puso seria al instante. —¿Qué tipo de señal es?

—La señal es fuerte —respondió la Mayor—. Les encomiendo una misión de reconocimiento. Si encuentran naves enemigas, no peleen. Esperen refuerzos.

Luke levantó la mano como si estuviera en clase. —Mayor, pero... ¿sí va a dar su número?

Edrys, Aneirya y Keys: —¡LUKE!

La Mayor soltó una carcajada. —Buena suerte, Conquest. Espero buenas noticias.

La transmisión se cortó.

—Edrys —Bueno, ya escucharon a la Mayor. Prepárense para el salto.

Los tres respondieron al unísono, con disciplina y emoción: —¡Afirmativo!

Luke ajustaba los controles de navegación, silbando como si nada. Keys revisaba los cañones, serio como siempre. Aneirya preparaba los motores, concentrada pero con su sonrisa habitual.

—Bueno... en marcha —ordenó Edrys.

La nave empezó a vibrar y sacudirse al aumentar la velocidad. Luego de unos minutos llegaron a las coordenadas.

Al llegar al punto del mensaje de auxilio, avistaron una nave tipo crucero. No era humana... pero tampoco pertenecía a los Conquistadores.

Luke se giró hacia Edrys. —Estamos recibiendo una llamada de la nave.

—Contesta, Luke.

La pantalla se iluminó, revelando a una figura imponente: manos parecidas a las humanas, piel cubierta de escamas oscuras como las de un dragón y una altura cercana a los tres metros.

La criatura habló con voz temblorosa: —¿Son ustedes... los humanos?

—Sí —respondió Edrys—. Soy el capitán de la Conquest. ¿Se puede saber el motivo de la pregunta?

El ser pareció relajarse.

—Mi nombre es Atriox. Vengo en paz. Mi gente ha sido perseguida por todo el universo por la raza que nosotros llamamos Valquor. Cuando abandonamos nuestro planeta, ya estaba siendo reducido a cenizas. Solo unas pocas naves lograron escapar… y todas tomaron rumbos distintos, con la esperanza de que al menos una sobreviviera.

Atriox respiró hondo antes de continuar:

—Nuestra nave está en malas condiciones. A bordo viajamos cuarenta mil Gurus. Veinte mil son civiles que tuvimos que colocar en criogénesis para ahorrar espacio y recursos. Los otros veinte mil somos los tripulantes que logramos escapar.

—Hemos estado saltando por el desvi-espacio sin descanso desde que huimos. Cada vez que salimos para enfriar los motores, arriesgamos que nos detecten. Durante uno de esos ciclos… encontramos la sonda Voyager 1. Fue como una luz en medio de la oscuridad.

—No sabíamos si confiar en ustedes… pero ya no teníamos otra opción. Queremos refugiarnos con ustedes. A cambio, ayudaremos a combatir a los Conquistadores.

Había dos naves interceptoras persiguiéndonos, pero creímos haberlas perdido.




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