La cafetería estaba bañada por la luz azulada del planeta que flotaba al otro lado del ventanal. Los novatos seguían embelesados, algunos con la boca entreabierta, otros con lágrimas contenidas. Era la primera vez que veían la Tierra desde arriba... y la primera vez que entendían que ya no había vuelta atrás.
La luz azulada de la Tierra iluminaba sus rostros como un recordatorio silencioso de lo que estaban jurando proteger
Entonces, detrás de ellos, resonó un "urhhrhr" grave y gutural.
Los novatos se sobresaltaron y se sentaron de inmediato, casi por reflejo. Keys soltó una risa ahogada. Luke negó con la cabeza. Aneirya sonrió con ese orgullo silencioso que solo ella tenía. Atriox cruzó los brazos, satisfecho.
Edrys avanzó hasta quedar frente a todos, la luz del planeta recortando su silueta como si fuera parte del mismo cielo.
Con voz firme, habló:
Edrys —Ya sé quiénes son... pero quiero que se presenten ustedes. Hizo una pausa, dejando que el silencio se asentara.
Edrys —Seguro ya escucharon cosas sobre mí, pero igual me presento. Soy Edrys. Entré al servicio a los quince años... y desde entonces he atravesado el infierno en vida.
Aneirya — Vamos, anímense. De aquí en adelante lucharemos codo a codo, como una sola unidad.
El primer novato se levantó con firmeza y avanzó hasta el frente. A pesar de los nervios que todos compartían, su postura era impecable.
—Mi nombre es Kalyx. Soy el líder del Escuadrón Shadow. Será un gusto estar bajo su mando, capitán.
Durante las pruebas, Kalyx había demostrado ser frío, calculador y, sobre todo, protector. Tenía esa presencia silenciosa que recuerda al alfa de una manada de lobos: observaba, analizaba y actuaba solo cuando era necesario, pero cuando lo hacía, todos lo seguían sin dudar.
Sus padres murieron en batalla cuando él tenía apenas 7 años. En sus últimos momentos, le encomendaron una misión que marcaría su vida para siempre: proteger a su hermana menor.
Desde entonces, Kalyx dejó de ser un niño. Se convirtió en un guardián. En un estratega por necesidad. En alguien que aprendió a pensar tres pasos por delante para mantener con vida a la única familia que le quedaba.
El servicio militar comenzaba oficialmente a los 15 años, pero Kalyx no se presentó cuando le correspondía. En lugar de eso, hizo una petición poco común: solicitó dos años adicionales antes de enlistarse, para poder entrar al servicio junto a su hermana menor.
No era por comodidad ni por miedo. Era por lealtad. Por la promesa que le hizo a sus padres moribundos.
Durante esos dos años, Kalyx entrenó por su cuenta: disciplina física, estrategia, supervivencia, análisis de combate. No buscaba destacar; buscaba ser lo suficientemente fuerte como para protegerla a toda costa.
Cuando finalmente ambos ingresaron al servicio, Kalyx ya no era un niño. Era un joven de 17 años con la mirada endurecida por la responsabilidad y un instinto protector casi feroz. Un lobo que había aprendido a caminar solo... pero que jamás abandonaría a su manada.
—Mi nombre es David Ramírez. Soy líder del Escuadrón Omega, y será un gusto estar a su mando.
Ramírez había demostrado durante las pruebas algo que pocos poseen: una determinación brutal para seguir luchando incluso cuando todo estaba en su contra.
No era el más fuerte. No era el más rápido. Pero era el que nunca retrocedía.
Por eso, entre instructores y reclutas, comenzó a circular un sobrenombre que terminó marcándolo para siempre: Death Standing. El que permanece en pie incluso frente a la muerte.
David nunca conoció lo que era tener una familia. Creció solo en el orfanato, sin padres, sin hermanos, sin nadie que lo reclamara. Y aun así, cada vez que veía a alguien más débil ser acosado, intervenía... aunque los rivales fueran mayores, más grandes o más violentos que él.
Perdía. Sangraba. Caía. Pero siempre se levantaba.
Esa terquedad casi suicida, esa voluntad de acero, lo convirtió en alguien que los demás aprendieron a seguir. Porque si Ramírez avanzaba, no importaba el infierno que tuvieran enfrente, sabían que había una posibilidad de salir vivos.
La siguiente en levantarse fue una joven de sonrisa cálida, una que parecía iluminar incluso la sala más tensa. Dio un paso al frente con una mezcla perfecta de disciplina y alegría.
—Mi nombre es Osiris. Líder del Escuadrón Alfa Romeo. Estaré a su disposición, capitán.
A diferencia de Ramírez y Kalyx, Osiris no cargaba con la sombra de la soledad. Sus padres estaban vivos. Había personas esperando su regreso.
Quizá por eso, durante las pruebas, su energía era distinta. Mientras otros luchaban para sobrevivir, ella luchaba para volver a casa.
Siempre se le veía alegre, incluso en los momentos más duros. Cuando su equipo flaqueaba, ella era la que los levantaba. Cuando todo parecía ir mal, Osiris encontraba una razón para seguir adelante. Y cuando era derrotada, jamás culpaba a nadie. Solo inclinaba la cabeza y decía:
—Lo siento... no fui lo suficientemente buena esta vez.
Pero todos sabían que lo decía para proteger a su equipo, no por falta de talento.
Osiris tenía un hermano mayor. Él había entrado al servicio antes que ella... y murió poco después.
Sus padres, destrozados, intentaron impedir que Osiris siguiera el mismo camino. Pero ella se negó. Quería honrar a su hermano, continuar lo que él había empezado. Y antes de enlistarse, les hizo una promesa que aún ardía en su corazón:
"Volveré con vida."
El siguiente en levantarse fue un joven de mirada feroz, como si cada músculo de su cuerpo estuviera listo para lanzarse al combate en cualquier momento. Caminó hasta el frente con pasos pesados, seguros, casi desafiantes.
Vicktor —Mi nombre es Vicktor. Líder del Escuadrón Spearhead. Será un gusto luchar a su lado, capitán.
No dijo "servir". No dijo "estar bajo su mando". Dijo luchar. Y todos lo sintieron.
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Editado: 23.04.2026