El día pasó rápido. Los novatos, pese a ser nuevos, aprendían como si llevaran años allí. Eran prodigios.
Cuando cayó la noche, el silencio se adueñó de los pasillos. Todos dormían... excepto Edrys.
Con pasos suaves, abrió la puerta del cuarto de Aneirya. La luz tenue del pasillo dibujó su silueta.
Edrys — ¿Estás despierta?
Aneirya, recostada pero alerta, levantó la mirada.
Aneirya — Sí... ¿pasó algo?
Edrys — No. Solo quiero hablar contigo. Quiero mostrarte algo. Ponte el traje.
Ella frunció el ceño, confundida.
Aneirya — ¿Para qué?
Edrys — Es una sorpresa. Solo sígueme.
Aneirya suspiró, pero una sonrisa curiosa se le escapó. Se puso el traje rápidamente mientras Edrys esperaba afuera, apoyado en la pared.
Cuando salió, él se acercó y le susurró:
Edrys — Guarda silencio. Que nadie se entere.
Caminaron por los pasillos con cautela, esquivando cámaras, sensores y cualquier ruido que pudiera delatarlos. Subieron hasta el tercer piso de la nave, donde Edrys había descubierto una escotilla oculta.
La abrió con cuidado. Un leve viento frío descendió desde arriba.
Edrys — Por aquí.
Aneirya lo siguió, trepando detrás de él.
Cuando ambos emergieron al exterior, el techo de la nave se extendió ante ellos como una plataforma silenciosa... y sobre sus cabezas, el cielo se desplegaba en un océano de estrellas.
Aneirya contempló las estrellas un rato, dejando que el silencio del espacio la envolviera. Luego giró la cabeza hacia él.
Aneirya — Dime... ¿de qué querías hablar?
Edrys respiró hondo.
Edrys — ¿Estás bien? No te noté muy contenta cuando mencionaron lo de los dormitorios.
Ella bajó la mirada, con un gesto pequeño pero sincero.
Aneirya — Estoy bien... es solo que me puso triste la idea de dormir separados. Después de todo... nunca me he dormido lejos de ti.
Edrys sonrió con ternura, entendiendo por fin lo que la inquietaba.
Edrys — Así que era eso. —Se acercó un poco más.— Eso no importa. Aunque no estemos en el mismo dormitorio, siempre voy a estar a tu lado en las buenas y en las malas. Y me aseguraré de protegerte a toda costa.
Aneirya sintió cómo el pecho se le calentaba. Se sonrojó, incapaz de ocultar la alegría que le provocaban esas palabras.
Los dos se sentaron sobre la nave, hombro con hombro, apoyando sus cabezas una contra la otra. El tiempo parecía detenerse. Solo existían ellos y el universo extendiéndose infinito frente a sus ojos.
Edrys habló de nuevo, esta vez con una voz más profunda.
Edrys — No importa lo que cueste... pero prometo estar a tu lado y protegerte.
Aneirya tragó saliva, nerviosa pero decidida. Con una voz suave, casi temblorosa, respondió:
Aneirya — Te amo. Prometo estar a salvo y asegurarme de que no estés solo... así que prométeme que vivirás junto a mí, y algún día exploraremos el vasto espacio.
Las palabras quedaron flotando entre ellos, cargadas de emoción.
Edrys se levantó lentamente. Se colocó frente a ella y, sin apartar la mirada, se arrodilló. Acercó su casco al de Aneirya hasta que las viseras se tocaron, como si unieran sus almas a través del cristal.
Edrys — Yo también te amo. —Su voz tembló, pero no de miedo, sino de intensidad.— Y te prometo que viviré junto a ti. Exploraremos el vasto espacio... enfrentando todo lo que se ponga en el camino.
Aneirya cerró los ojos, dejando que la promesa la envolviera. El universo parecía inclinarse ante ellos, testigo silencioso de un pacto que iba más allá de las palabras.
El frío comenzaba a filtrarse incluso a través del traje, una señal clara de que era hora de regresar.
Edrys se incorporó un poco, mirándola con suavidad.
Edrys — Deberíamos entrar. Hay que descansar... no falta mucho para el simulacro.
Aneirya asintió, aunque con cierta nostalgia.
Aneirya — Sí... hay que descansar, aunque sea un poco. Pero... volvamos otro día. Quiero que este lugar sea nuestro. Nuestro sitio para estar solos.
Edrys sonrió, esa sonrisa tranquila que solo ella conocía.
Edrys — Me parece bien.
Ambos descendieron por la escotilla. Cuando esta se cerró detrás de ellos, el espacio recuperó su silencio absoluto.
Edrys y Anirya Regresaron a sus dormitorios con extrema precausion.
Pasaron las horas. La nave dormía... hasta que la alarma de los oficiales estalló por los pasillos.
Los oficiales, adormitados, se dirigieron al puente de mando mientras el sistema activaba el simulacro.
La alarma general resonó con fuerza, acompañada de un mensaje automático:
— Código Rojo. Naves enemigas detectadas. Todos a sus puestos.
Mientras tanto, Edrys ya estaba en el hangar, con un cronómetro en la mano.
Los capitanes comenzaron a despertar a los demás.
Capitanes — ¡Arriba! ¡No es hora de dormir! ¡Muévanse!
Los novatos, despeinados y medio dormidos, corrieron hacia el hangar. Cuando el último llegó, Edrys detuvo el conteo.
Edrys — Bien hecho.
Novatos — ¿Qué pasó con el ataque? ¿No deberías estar en el puente de mando?
Edrys — Es solo un simulacro... pero lo hicieron bien.
Novatos — Aaaahhh...
Edrys — Lo lamento, pero nunca se sabe cuándo los enemigos van a atacar. Tienen que estar preparados para cualquier situación. Nunca se confíen.
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Editado: 23.04.2026