Un Horizonte de promesas

Nueva Mision

Después de que Edrys fuera trasladado a la Skybounder, Aneirya no se apartó de su lado. Por más que Luccy insistiera en que ella podía hacerse cargo, Aneirya se negó una y otra vez. Había tomado una decisión firme: se quedaría junto a Edrys hasta que despertara.

Por otro lado, Kalyx, Ramírez y Vicktor ya se habían levantado. Cuando les informaron que Edrys había quedado en coma, los tres quedaron en silencio, con la culpa pesándoles en el pecho.

Luccy, intentando explicar lo ocurrido, dijo:

—Después de que colapsaron frente a los Conquistadores y la munición de los demás se acabó, todos quedaron vulnerables. El capitán desactivó el limitador… los sacó del frente en un abrir y cerrar de ojos, y luego limpió el camino de salida él solo. Se quedó eliminando Conquistadores a diestra y siniestra hasta caer inconsciente. Luego se levantó desorientado… y se batió en duelo contra otro usuario de exoesqueleto. Casi termina matando a tres miembros del equipo de la nave insignia.

El ambiente se tensó de inmediato.

Vicktor se levantó y señaló a Ramírez con rabia.

—¡Esto fue tu culpa, Ramírez! Si no fueras tan débil, nada de esto habría pasado.

Ramírez lo miró con reproche.

—¿Ah, sí? ¿Y no eras tú el que quiso lucirse entrando en combate cuerpo a cuerpo como si esto fuera un maldito ring de boxeo?

Luccy, asustada, pensó que iban a pelear frente a ella. Intentó llamarlos, pero su voz era demasiado suave.

—Chicos… chicos… chicos…

Kalyx dio un paso al frente, serio.

—Ya basta. ¿No ven que están asustando a Luccy? No importa de quién fue la culpa… ni quién besó el suelo primero. La realidad es que no estuvimos a la altura.

Vicktor frunció el ceño.

—Luccy… ¿dijiste que casi mató a un espadachín estando en ese estado?

—Sí —respondió ella—. No reaccionaba, no escuchaba… pero su instinto de supervivencia se activó y logró desactivar el limitador por segunda vez.

Ramírez abrió los ojos, sorprendido.

—¿Por segunda vez?

Vicktor negó con incredulidad.

—¿Cómo fue humanamente posible? Nosotros apenas duramos treinta segundos y sentimos que nos rompemos en mil pedazos. No puedo imaginar dos minutos sin el limitador.

Ramírez bufó.

—Habla por ti mismo. Yo aguanté más.

Vicktor soltó una carcajada amarga.

—Hah. Yo escuché que tú caíste primero.

Kalyx los interrumpió, firme.

—No importa quién cayó primero. ¿No ven que estamos en un escalón diferente?

Luccy terminó de contarles todo, y los tres pensaron lo mismo. Kalyx fue el primero en hablar:

—¿Dónde está la primera oficial? Siento que le debo una disculpa… y creo que estos dos también piensan lo mismo.

—No sé si deberían levantarse aún —respondió Luccy.

Aun así, los tres se pusieron de pie. Estaban adoloridos; apenas podían caminar. Cada paso era como pisar clavos, y cada movimiento les provocaba un dolor agudo.

—Llévanos —pidió Kalyx.

Luccy los guió por los pasillos. Kalyx, Ramírez y Vicktor apenas podían seguirle el ritmo mientras avanzaban hacia el cuarto de Edrys.

Al llegar, vieron a Aneirya sentada junto a la camilla, sosteniendo la mano de Edrys con ambas manos.

Los tres hablaron al unísono, con arrepentimiento en la voz:

—Primera oficial… perdónanos. No pudimos estar a la altura y provocamos que el capitán esté en coma.

Aneirya levantó la mirada, con los ojos cansados pero firmes.

—No sean tan formales. Llámenme Aneirya solamente. Y no se sientan culpables… él lo habría hecho de todas maneras. No los habría dejado morir.

Kalyx tragó saliva.

—El capitán se va a levantar algún día, ¿cierto…? O…

Aneirya lo interrumpió con una convicción que parecía sostenerla en pie:

—Un día de estos. Yo sé que se va a levantar. Y cuando lo haga, quiero ser la primera persona a la que mire. Ustedes también deberían descansar… colapsaron.

Ellos regresaron a la enfermería. Luccy volvió con Aneirya y le dijo que debería descansar, que ella podía relevarla y vigilar a Edrys, que de todos modos no había mucho que hacer.

Aneirya negó con la cabeza.

Llegó la hora del almuerzo. Un rugido se escuchó: el estómago de Aneirya. Aun así, se negaba a moverse.

Luke y Keys llegaron, no para convencerla de que fuera a comer, sino para traerle la comida. Ellos la conocían mejor que nadie; habían crecido con ella. Sabían que cuando se ponía terca, no había fuerza en el universo que la moviera.

Luke suspiró.

—No te diremos que dejes de cuidarlo, pero tienes que comer, niña. También tienes que cuidarte. No querrás que, cuando Edrys despierte, te encuentre en cama por no querer comer. ¿O sí?

Aneirya, con pena, recibió la comida sin quejarse.

—Gracias, Luke… Keys.

Se quedó todo el día junto a Edrys. Cuando llegó la noche, durmió en un sillón y una silla, lo que fuera necesario para no separarse de él.

Mientras tanto, el día anterior…

Una reunión entre los altos mandos se llevaba a cabo en una habitación detrás de la sala de comunicaciones.

Alto Mando 1 golpeó la mesa con fuerza.

—Quiero saber por qué esa nave está flotando. ¿Debería haber explotado en el momento de activar ese cañón?

Alto Mando 2, serio y tranquilo, respondió:

—Ese chico siempre se sale con las suyas. Lo hemos mandado a misiones con cero probabilidades de volver vivo y siempre las completa. Aunque, cabe aclarar, no me molesta que las cumpla. Lo que me molesta es su insubordinación. No importa el castigo que se le imponga: simplemente no le importa. Es una clara señal.

Alto Mando 3 intervino:

—Desde que sobrevivió a esa operación y levantó su arma en contra de mí, su vida quedó condenada.

Alto Mando 1 añadió:

—Sabes que, si el mundo se entera de lo que les hemos hecho a estos niños, ¿crees que seguirán creyendo en nosotros?

Alto Mando 4, que había estado callado todo este tiempo, habló al fin:




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